San Borja, 30 de Abril del 2017 Lima - Perú

¿Paternidad o paternidad? - Reflexion agosto 2012

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Para toda persona la familia es un entorno fundamental, sea cual fuere su concepto o su experiencia de ella. Sea agradable e inspiradora, o traumática y limitante, ella existe y es determinante en cada individuo desde sus primeros años de vida. Naturalmente, la estructura de la familia ha respondido a las características de la sociedad de la que es parte, y ya que estamos viviendo un periodo de cambios radicales, es obvio que se vea afectada y cuestionada. En el mundo posmoderno caracterizado por el pluralismo, la democracia, la libertad religiosa, el consumismo, la movilidad y el creciente acceso a la información y el entretenimiento, «la autoridad tradicional queda en tela de juicio y surgen ya, no normas o patrones específicos de crianza, sino múltiples posibilidades frente a las cuales elegir»(1).

Este panorama, con una estimulante proliferación de modos de ver el mundo, aparenta ser muy positivo, especialmente en contraste con los autoritarismos patriarcales de generaciones anteriores, muchos de ellos probados generadores de daños e infelicidad en los hijos. Sin embargo, según la psiquiatra argentina Silvia di Segni Obiols, «en la segunda mitad del siglo XX ocurre la decadencia de la cultura adulta predominante, caracterizada por la represión, combinada con la emergencia de la cultura adolescente, que es la cultura de la desrepresión... El choque entre lo decadente y lo emergente no produjo el equilibrio democrático esperado en la crianza, sino, por el contrario, una babelización de las prácticas de crianza»... con «padres tradicionales» de características autoritarias, «padres adolescentes» fundamentalmente permisivos, y «padres inseguros», que se mantienen pendularmente entre la permisividad y el autoritarismo(2). Algunos datos estadísticos recogidos en nuestro país ilustran esta realidad: 30% de padres maltrata a sus hijos con golpes, 66% nunca los castigan para educarlos(3).

La crisis de la sociedad postmoderna se traduce en disminución en el tiempo y la calidad del acompañamiento a niños y adolescentes en la crianza, manifestada especialmente en el ejercicio de la autoridad(4). «Hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten. En el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora son los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los padres más débiles e inseguros que ha dado la historia. Si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al verlos tan débiles y perdidos como ellos»(5).

Para el psicólogo Fernando Osorio, «la crisis de la organización familiar y escolar tiene en el centro de la polémica a la decadencia de la autoridad ejercida por los adultos», por eso recuerda que «la autoridad es lo que le permite a un niño crecer sano» y que los padres no deben tener temor a ejercerla; «… el autoritarismo… nos hizo perder de vista que la autoridad es lo que le permite a un niño crecer sano»(6).

¿Por qué es que nos equivocamos tanto? ¿Por qué la historia de la humanidad está llena de este tipo de «correctivos» que muchas veces terminan generando más problemas? En una ocasión, Jesucristo estuvo en una situación similar, discutiendo con sus contemporáneos sobre asuntos importantes para aquellas gentes, y en medio de sus respuestas señaló: «El error de ustedes es que no conocen las Escrituras ni el poder de Dios»(7).
Jesús puso el marco de referencia, definió el norte. Ese marco de referencia nos dice que el hombre ha sido creado para ocupar un lugar como hijo de Dios, y como tal reconocer su autoridad. Hacerlo no significa una vida limitada por el autoritarismo, sino poder ser beneficiario de aquello que Jesús en una ocasión calificó como una vida abundante, plena, satisfactoria, y que además ofreció, puso a nuestra disposición(8).

«Cuando éramos niños, nuestros padres aquí en la tierra nos corregían, y los respetábamos. ¿Por qué no hemos de someternos, con mayor razón, a nuestro Padre celestial, para obtener la vida?»(9). Cuando nos decidamos y hagamos lo necesario para ocupar verdaderamente el lugar de hijos ante Dios, podremos salir de nuestro propio caos. Y al ser enseñados por el Padre, ejerceremos la autoridad adecuada y productivamente sobre nuestros hijos. De la misma forma, podemos encontrar en el marco de referencia que nos puso Jesucristo, respuestas a cada circunstancia de nuestra existencia, de modo que esta se convierta en la vida plena que Él, por amor, es el primer interesado en que experimentemos (10)

 

Dr. Fernado Gazco

(1) Gergen, K (1991). El Yo Saturado. Buenos Aires; Paidós (2) Di Segni, S (2002) Adultos en Crisis. Jóvenes a la Deriva. Buenos Aires: Novedades Educativas (3) Fuente: Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú. (4) Posada Díaz, Álvaro (2005). Autoridad y autonomía en la crianza. Sociedad Colombiana de Pediatría. Curso continuo de actualización en pediatría. Año 4 módulo 2. (5) Fuente: angelamarulanda.com/?p=103. (6) Osorio, Fernando. Los padres posmodernos tienen miedo a ser autoritarios con sus hijos. Entrevista en el diario La Capital, Mar del Plata 2009-04-26. (7) Mateo 22:29, Traducción Reina Valera Contemporánea. (8) Juan 6:35, Traducción La Biblia de Las Américas. (9) Hebreos 12:9, Traducción Dios Habla Hoy. (10) Juan 8:12, Nueva Traducción Viviente.

 

 

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