San Borja, 30 de Abril del 2017 Lima - Perú

Editorial Marzo 2015: Día Internacional de la Mujer

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«¿De dónde vino tu Cristo? ¡De Dios y de una mujer! ¡El hombre no tuvo nada que ver! Si la primera mujer que Dios hizo fue lo bastante fuerte para poner por sí sola el mundo patas arriba, todas esas mujeres juntas deberían darle la vuelta, ¡y enderezarlo de nuevo! Y ahora se les pide que lo hagan. Más les vale a los hombres dejarlas hacerlo» (1).

Sojourner Truth

En 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. «Cuando las mujeres de todos los continentes, a menudo separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar su día, pueden contemplar una tradición de no menos de noventa años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo» (2).

Este año, el Día Internacional de la Mujer, pondrá especial énfasis en la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, que es una hoja de ruta trascendental e histórica firmada hace 20 años por 189 gobiernos, estableciendo la agenda a seguir para la materialización de los derechos de las mujeres (3).

En el citado documento se mencionan y analizan puntualmente doce esferas de preocupación, de las cuales –como quien piensa en voz alta– quisiera referirme solo a dos de ellas, simplemente por razón de la brevedad de este espacio.

En el acápite sobre La Mujer y la Pobreza, se lee lo siguiente:

«Durante el último decenio, el número de mujeres que viven en condiciones de pobreza ha aumentado en forma desproporcionada al número de hombres, particularmente en los países en desarrollo. La feminización de la pobreza ha empezado también recientemente a ser un serio problema en los países con economías en transición como consecuencia a corto plazo del proceso de transformación política, económica y social» (4).

Llama poderosamente la atención esta "feminización de la pobreza", toda vez que las féminas van ganando cada vez un mayor espacio dentro del contexto económico, político y laboral. Y en tal sentido cabe preguntarnos –aun cuando la respuesta exija un análisis mucho más profundo del que aquí se le pueda brindar– si acaso no sean las mismas mujeres quienes estén jugando un rol protagónico en el desarrollo de este escenario.

Años atrás, la australiana Germaine Greer, exponente de la segunda ola feminista, incitaba a sus congéneres a la revolución diciendo que ellas eran «el verdadero proletariado, la verdadera mayoría oprimida», y que por consiguiente «deberían rebelarse y quitar su colaboración en el trabajo» (5). Pero este cuadro ya no es el mismo de antes, por lo menos no en nuestros emergentes contextos urbanos latinoamericanos, donde los espacios económicos y sociales ganados por las mujeres son muy notorios, sin pecar de optimistas. De ahí la necesidad de la reflexión.

El mundo de nuestros días es marcadamente consumista y hedonista en extremo, y en su feraz voracidad no hace distingo de género, como el propio Lipovetsky señalara. «Tanto a nivel teórico como militante, el neofeminismo contribuye al reciclaje del ser-femenino por la valoración que hace de él en todos los aspectos, psicológico, sexual, político, lingüístico. Se trata ante todo de responsabilizar y psicologizar a la mujer liquidando una última “parte maldita”, dicho de otro modo, promover a la mujer al rango de individualidad completa, adaptada a los sistemas democráticos hedonistas, incompatibles con unos seres atados a códigos de socialización arcaica hechos de silencio, sumisión solapada, histerias misteriosas» (6).

Y así, por consiguiente, parafraseando al sociólogo francés, con la muerte de Don Juan «una nueva figura, mucho más inquietante se yergue, Narciso –y Narcisa–, subyugados por sí mismos en sus cápsulas de cristal» (7). Y es en este frívolo y cotidiano escenario donde las miles de militantes de a pie se pueden olvidar, inadvertida y fácilmente, de sus correligionarias –mientras van de vitrina en vitrina–, pues, como dijera Benedetti, «la solidaridad es una palabra tan larga e incómoda que ni siquiera cabe en los poemas posmodernos» (8).

La otra esfera de preocupación es la de La Violencia Contra la Mujer. «La violencia contra la mujer impide el logro de los objetivos de igualdad, desarrollo y paz. La violencia contra la mujer viola y menoscaba o impide su disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales» (9).

«Se estima que en todo el mundo, entre el 25 y el 50 por ciento de las mujeres adultas han sido víctimas de violencia doméstica. Se calcula que en Pakistán, entre el 70 y el 90 por ciento de las mujeres han sufrido o sufren abusos de sus esposos, La mitad de las mujeres asesinadas en Bangladesh hallaron la muerte en sus casas. En EEUU, aproximadamente el 30 por ciento de las mujeres fallecidas son asesinadas por sus novios, esposos o ex esposos. La violencia doméstica es el primer riesgo de salud para las mujeres estadounidenses en edades comprendidas entre los quince y los cuarenta y cinco. En Brasil, el 80 por ciento de las mujeres asesinadas y el 70 por ciento de las violaciones son perpetradas por esposos, parientes o amigos. Una encuesta a un centenar de mujeres en un suburbio de El Cairo reveló que el 30 por ciento eran golpeadas todos los días, en tanto que el 34 por ciento lo eran una vez por semana» (10).

En el Perú, a pesar de que en el año 2011 se modificó el Código Penal a fin de tipificar y penalizar el feminicidio de manera específica, desde entonces a la fecha este crimen y su tentativa se han incrementado en un 77 por ciento, según las estadísticas del último año (11), y de acuerdo con un reciente informe de la CEPAL, ocupamos el segundo lugar en la región en esta penosa realidad.

Aunque no cabe duda que estas cifras son alarmantes, no hablamos solamente de violencia doméstica, pues está también el problema de la prostitución, el tráfico sexual, la pornografía, el turismo sexual, la esterilización forzada, la mutilación femenina, el aborto, el infanticidio y feticidio femenino, los crímenes de honor, la trata de novias y tantas otras formas inhumanas de menosprecio a la dignidad y valor de la mujer. Pero, debemos también tener bien claro que hay otro tipo de violencia, bastante serio y grave también.

La Escrituras refieren que cuando Dios creó al varón y a la mujer los hizo a su imagen y semejanza. Desde esta perspectiva nadie en su sano juicio se atrevería a cuestionar que a los ojos del Creador ambos tiene el mismo valor –ni tampoco que fueron creados distintos y complementarios–, asignándoseles un trascendental objetivo común. «Fue así como Dios creó al ser humano tal y como es Dios. Lo creó a su semejanza. Creó al hombre y a la mujer, y les dio esta bendición: “Quiero que se reproduzcan, quiero que se multipliquen, quiero que llenen la tierra y la pongan bajo su dominio”» (12).

Son ambos, varón y mujer, responsables por igual y capaces por igual de hacer del mundo aquello que Dios siempre quiso que fuera, un lugar donde habitase una familia extendida, capaz de administrar su capacidad de administrar, y multiplicar la especie en plenitud.

Sin embargo, algunas de «las feministas posmodernas rechazan cualquier noción de verdad absoluta y niegan cualquier distinción entre el hombre y la mujer. A partir de la base metafísica del monismo, asumen que no hay diferencias trascendentales. En este movimiento, desaparece tanto lo masculino como lo femenino. Lo cual conduce a una fusión de la sexualidad masculina y femenina en la que son intercambiables roles de género» (13), y con ello se perpetra una violencia brutal que atenta contra la esencia misma de la dignidad de la mujer: su naturaleza.

Conviene en este sentido subrayar lo que la reconocida sicóloga y conferencista chilena, Pilar Sordo, señala en la introducción a su libro ¡Viva la Diferencia!
«La investigación me permitió identificar como una tendencia importante el que hoy día se piense y transmita a las generaciones jóvenes que las mujeres sufren más, que las mujeres son más humilladas, que las mujeres son más maltratadas. Esto en muchas situaciones y realidades sociales es verdad, sin embargo ello no justifica que se esté traspasando en la actualidad a nuestros hijos y futuras generaciones, la idea de que para sobrevivir o vivir más felices debemos ser lo menos mujeres posibles. Esto provoca muchos daños en nuestros adolescentes»
(14), dice ella.

No hay que subestimar nunca el daño que uno se infringe a sí mismo. Esto, sabemos, es propio de una mente errática y de un problema serio de valoración de la propia identidad.

Mahatma Ghandi decía con acierto: «La mujer es la compañera del hombre, dotada con la misma capacidad mental... Si por fuerza se entiende poder moral, entonces la mujer es infinitamente superior al hombre... Si la no violencia es la ley de nuestro ser, el futuro está con las mujeres».

Quiera Dios que este poder moral sea la fuerza que finalmente doblege la sinrazón de la violencia estructural existente, que nos haga vislumbrar un futuro verdaeramente digno para todos los seres humanos, no ignorando que todos provenimos de un vientre fecundo que nos dio la vida, y que fueron unos brazos de mujer los que nos sostuvieron mientras sus pechos nos nutrían, llenando nuestra frente de caricias y besos que nos enseñaban con hechos la realidad de la existencia de la pureza de un amor que es la expresión misma de la esencia divina, pues Dios es amor.

Fue Él, y no otro ni accidente alguno, quien hizo de la mujer la expresión cúspide de la magnificente creación. Fue después que ella fuera creada, que «Dios contempló todo lo que había hecho y vio que era excelente desde todo punto de vista» (15).

¡Feliz Día, Mujer! ¡Bendita seas!


 

Rev. Julio César Lugo


(1)
Tomado de ¿Acaso no soy Mujer? por Sojourner Truth. Discurso entregado en 1851, en la Convención de la Mujer en Akron, Ohio
(2) http://www.un.org/es/events/womensday/history.shtml
(3) http://www.unwomen.org/es/news/in-focus/international-womens-day#sthash.WIgQyYoe.dpuf
(4) ONU Mujeres: Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, p. 39
(5) Germaine Greer: The Female Eunuch, p. 22
(6) Giles Lipovetsky: La Era del Vacío, p.32
(7) Ibid, p.33
(8) Mario Benedetti: Eclipse de la Solidaridad. Diario El País, 09 de octubre de 1990.
(9) ONU Mujeres: Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, p. 86
(10) Darrow Miller: Opresión de la mujer, Pobreza y Desarrollo, p. 33
(11) Ministerio de la Mujer: Estadísticas sobre Feminicidio.
http://www.mimp.gob.pe/index.php?option=com_content&view=
article&id=1407&Itemid=431
(12) La Biblia. Génesis 1:27-28. Traducción en Lenguaje Actual.
(13) Darrow Miller: op. cit. , p. 93
(14) Pilar Sordo, ¡Viva la Diferencia!, p.9
(15) La Biblia. Génesis 1:31. La Biblia al Día

 

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