MISIONES


A.B. Simpson

A.B. Simpson
(1843-1919)

Hijo de padre carpintero, nació en Bayview, Canadá, un 15 de diciembre de 1843 como el cuarto hijo de una piadosa familia.
A la edad de 14 años, rogó a su padre que no le dejase en el campo, sino que le permitiese estudiar y que él mismo se haría cargo de sus estudios.

Su padre, conmovido, aceptó. Ya fuera del hogar tempranamente tuvo que enfrentar severas luchas, y una enfermedad que le dejó postrado por mucho tiempo. Aún no había tenido un encuentro personal con el Señor Jesucristo, así que retornó al hogar con un fracaso escolar y con una gran necesidad espiritual.

La excesiva formalidad de la iglesia en que se había criado en esa época le había negado la posibilidad de entregar su corazón al Señor. Pero esa necesidad fue suplida mediante un libro que le condujo a los pies de Cristo. En ese mismo instante vino a su corazón la seguridad de su salvación. Una vez recuperada la salud, y con su nueva y preciosa realidad en Cristo, volvió a los estudios. En el colegio, todos daban buen testimonio de él, pues poseía un carácter bondadoso y una clara inteligencia. A los 18 años de edad, llevado por su amor al Señor, suscribió un pacto con Dios, el cual llenaba varias páginas. En parte decía así: “Yo creo en Jesucristo como mi Salvador personal. Acepto la salvación plena ofrecida por él, que es mi Profeta, Sacerdote y Rey. Reconozco que Cristo ha sido hecho mi redención y mi completa salvación, mi sabiduría, mi justicia y mi santificación. Él ha sojuzgado mi corazón rebelde por Su gran amor. Por lo tanto, yo tomo el amor de Cristo para usarlo para Su gloria únicamente. Si alguna vez se opusiera un solo pensamiento mío de rebelión contra ti, véncelo y tráelo a sujeción. Cualquier cosa que pudiera oponerse a tu divina voluntad en mí, oh Dios, quítala en el nombre de Jesús. Yo me entrego a ti como “vivo de entre los muertos” para volver a vivir solamente para ti. Tómame y úsame enteramente para tu gloria, en el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús, te lo pido”. “Ratifica ahora mismo en el cielo, oh Padre mío, este pacto que acabo de hacer contigo. Escribe en los cielos, en tu libro de memoria, que yo he llegado a ser tuyo, solamente tuyo, por toda la eternidad. Acuérdate de mí en la hora de la tentación, y que nunca me aparte de este pacto sagrado. Soy de ahora en adelante un soldado de la cruz de Jesucristo y un seguidor del Cordero de Dios, y mi lema será desde ahora en adelante: “¡Tengo un solo Rey: mi Jesús!”. (Sábado 19 de enero de 1861)
Dos becas ganadas por su perseverancia, le permitieron continuar sus estudios en la Universidad, y ordenarse como ministro presbiteriano en septiembre de 1865, a los 21 años de edad. Al día siguiente de su ordenación, se casó con Margarita Henry. Su primer pastorado lo ejerció por 8 años en la iglesia presbiteriana Knox de Hamilton, Ontario, donde 750 almas fueron añadidas como fruto de su ministerio. Durante ese tiempo viajó y dictó conferencias, de modo que a los 30 años de edad, Simpson ya era reconocido en todo Canadá y Estados Unidos. En 1879, aceptó un llamado para ser pastor de una de las iglesias presbiterianas más importantes de Norteamérica, la Chestnut Street Presbyterian Church de Louisville (Kentucky). Durante su ministerio tuvo lugar un avivamiento y la construcción de un nuevo edificio.
Tres años después aceptó el pastorado de la Iglesia Presbiteriana de la calle Trece de Nueva York. Allí tendría lugar un giro radical en su ministerio. La pasión evangelizadora de Simpson no pudo ser disipada por las muchas satisfacciones que experimentaba como pastor de aquella connotada congregación presbiteriana de Nueva York. Una noche mientras oraba, la visión de los perdidos sin Cristo le hizo postrarse en oración bajo el poder del Espíritu Santo. Cogiendo el globo terráqueo y apretándolo contra su pecho, exclamó llorando: “¡Oh Dios, úsame para la salvación de los hombres y mujeres del mundo entero, que mueren en las tinieblas espirituales sin ningún rayo de luz”. Sus labores como pastor y conferencista no le bastaban para aplacar su fervor evangelístico. Llevado por este celo, comenzó a salir a las calles para predicar el evangelio. Y allí comenzaron a recibir a Jesucristo hombres y mujeres de la más variada condición. Luego, los invitaba al templo, para recibir el amor de la familia cristiana. Muy pronto los nuevos convertidos iban llegando por decenas y aun por cientos; muchos de los cuales eran de humilde condición. Y, muy pronto también, los acomodados hermanos de la iglesia comenzaron a incomodarse con su presencia. "...Por lo tanto, después de tres años de gran compañerismo y perfecto entendimiento con estas queridas personas, y sin que mediasen desacuerdos de ninguna clase, les dije francamente que Dios me llamaba para un trabajo diferente, y pedí al Presbiterio de Nueva York que me dejase en libertad con el propósito de llevar el evangelio a las masas"
Esto ocurrió en noviembre de 1881, cuando Simpson tenía 38 años, y una familia con seis hijos.


Estos fueron los inicios de lo que algunos años después sería
la Alianza Cristiana y Misionera.

 

 

NUEVOS PARADIGMAS EN EL CUMPLIMIENTO DE LA GRAN COMISIÓN Y EN EL DESARROLLO DE LAS MISIONES

Muchos creyentes hemos estado confundidos respecto al
rol del creyente en la expansión del evangelio y en su participación en algún ministerio dentro de la iglesia. Separamos nuestra vida secular de la espiritual o religiosa, en la idea que únicamente nuestra labor de servicio en la iglesia es la correcta y que nuestras actividades profesionales o personales no contribuyen al desarrollo del evangelio y a la gloria de Dios. Obviamente, este es un paradigma que como cristianos tenemos que vencer ya que nuestro servicio tanto en la iglesia como en nuestras actividades particulares no se pueden separar.

Este paradigma lo identifica John Stott: “Muchos creen que sólo aquello que se conecta directamente con la iglesia es espiritual y agradable al Señor. Las cosas espirituales son el ministerio pastoral, el estudio de la Biblia, la evangelización, el cantar en el coro. Pero si una persona trabaja como abogado o tiene una panadería, su trabajo no es una ocupación al servicio de Dios. Con frecuencia damos la impresión de que si un joven cristiano es realmente consagrado a Cristo, de seguro que llegará a ser un misionero. Si no es tan consagrado, se quedará en su país y será pastor; si carece de consagración para ser pastor, sin duda que será doctor o maestro, pero los que terminan en alguna labor o en los medios de comunicación o (lo que es peor) en la política, están muy cerca de la apostasía” (1)

Nuestra labor profesional o personal responde al
mandato de Dios ya que Él en su plan hizo posible nuestro desarrollo y situación actual, ubicándonos en aquellas actividades que aparentemente no aportan a la fe. Lo que nos queda para cumplir cabalmente con ese mandato es orientar nuestras actividades de tal forma que éstas glorifiquen a Dios y se encuentren dentro de la voluntad de Dios a fin de contribuir en nuestra sociedad, en nuestra iglesia y particularmente en nuestros centros de trabajo.

Aquellos que hemos visto o participado en el trabajo de un misionero, guardamos profunda admiración por la consagración, denuedo y sacrificios de los hombres de fe que llegaron a nuestro país, con el único objetivo de cumplir con la Gran Comisión y expandir el evangelio en comunidades remotas y hasta lo último de la tierra, dejando toda una vida (de él o ella y de su familia) en lugares aislados de su entorno social y personal.

Hoy, las cosas han cambiado ya que las misiones extranjeras han empezado a retirarse una vez que han sido testigos del crecimiento de la obra en el país y la madurez alcanzada en nuestras congregaciones. El ciclo se ha invertido, habiéndose enviado misioneros aún a aquellos países originarios de nuestra fe. Si bien esta situación es conveniente, la pregunta que surge es cómo podemos apoyar y tomar responsabilidades en este trabajo si no somos misioneros o pastores con formación en seminarios.

La Gran Comisión (Mateo 28:16-20) y el mandato de ser testigos hasta los confinesde la tierra (Hechos 1:8) fueron dados para todos los creyentes no limitándose a nadie. La obligación que se deduce es imperativa y nos corresponde a todos un papel activo en hacer posible el reino de Dios. Todos no alcanzaremos una formación teológica en seminarios, pero todos deberemos estar preparados para la expansión de nuestra fe en el lugar que Dios nos señale.

Si nos proyectamos para las próximas décadas, debemos asimilar la situación actual y prepararnos a enfrentarlas con una estrategia renovada. Esta situación, trae consigo por lo menos dos nuevas líneas de desarrollo contemporáneas:

(1) John Stott, “La fe cristiana frente a los desafíos contemporáneos”, p. 13

1.- Formación Teológica:

 
1.- Formación teológica: Le corresponde a las iglesias locales dotar a sus miembros de una formación aplicada ya que por las estadísticas, no serán muchos los que lleguen a los seminarios. Las bases doctrinales y el conocimiento de las Escrituras serán fundamentales en el futuro, retornando a los inicios de la era apostólica donde los líderes salieron de las propias iglesias.

Un ejemplo de estos programas es ETBIL (Educación Teológica Basada en la Iglesia Local) que recoge mediante un programa muy bien desarrollado, el “ciclo paulino” de Hechos de los Apóstoles que consiste en establecer iglesias locales, encargarlas a hombres fieles (idóneos y con formación en la sana doctrina) y evangelizar en lugares estratégicos. ETBIL (2) identifica que los principios requeridos para estos fines son cinco:

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    • “Debe estar basada en la vida de la iglesia local y en el movimiento de iglesias.
    • Debe ser vista fundamentalmente como el proceso de encomendarla sana doctrina a hombres fieles.
    • Debe tomar lugar en el contexto del establecimiento de iglesias.
    • Debe ser vista como una necesidad para todos los hombres y mujeres, independientemente de la etapa de la vida en que se encuentren.
    • Debe comenzar con el aprendizaje y la comprensión de los Primeros Principios de la Fe”

Esta formación no convencional amparada en el modelo de los primeros apóstoles corresponde luego complementarlo con un programa más profundo que motive a los creyentes al aprendizaje de los principios bíblicos y la doctrina necesaria para apoyar las misiones y aún ser misioneros laicos tanto en su país como fuera de él.

(2) Fuente: Conferencia “La Educación Teológica Basada en la Iglesia Global” de Jeff Reed (BILD International) en la IACyM de Miraflores 26/08/2006 (www.bild.org / www.etbil.org)

 

2.- Reproducción Celular

 
2.- Reproducción celular:

Aprendí esta lección de una reciente publicación no cristiana “¿Cómo será el mañana?”(3), que cita a un libro sobre los desafíos institucionales futuros denominado “La estrella de mar y la araña: El poder imparable de las organizaciones sin líderes” de Ori Brafman y Rod A. Beckstrom que estima la forma de las organizaciones futuras desde el punto de vista gerencial:

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    • “Al igual que las arañas, las organizaciones centralizadas sucumben si se les corta la cabeza. En otras palabras, los diversos departamentos (las patas de la araña) de una organización centralizada requieren de una estructura que los coordine.
    • Este no es el caso con las estrellas de mar, u organizaciones descentralizadas, cuyas partes no dependen de una cabeza (las estrellas de mar no tienen cabeza) y son completamente autónomas.
    • Estamos entrando en la era de las organizaciones descentralizadas, y uno de sus ejemplos más claros son las redes de intercambio de archivos musicales en línea, que han puesto en jaque a toda la industria musical”.

Nos enseña que las organizaciones tipo “estrella de mar” pueden seguir el ejemplo de esta, ya que serán capaces de sobrevivir y reproducirse aún cuando carezcan de cabeza o de una parte de su cuerpo. Sus órganos vitales están replicados en cada uno de sus brazos, lo que les permite regenerarse y reproducirse por sus redes de células que los componen de una manera descentralizada.Este proceso en las estrellas de mar se denomina “gemación”. (4)

(3) Fuente: Artículo publicado por Felipe Ortiz de Zevallos en “Imaginando el Futuro F30”del Grupo Apoyo-Perú que incluye diversos artículos proyectando diversos escenarios para los siguientes 30 años.

(4) Resumen del libro “La estrella de mar y la araña: El poder imparable de las organizaciones sin líderes” de Ori Brafman y Rod A. Beckstrom obtenido de “http://www.resumido.com/es/libro.php/419”