Editorial


A Propósito del Día del Niño
  Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.

que este colegio de ahora
me está empezando a asustar.
Me dicen que lo moderno,
es ser experimental,
que lo único importante
siempre es la diversidad,
con libertad creativa
y autonomía moral
(y si el maestro lo dice,
tendrá que ser la verdad).

De los niños de mi clase
no hay dos que sean igual,
porque aquí los profes quieren
mucha originalidad:
A Juan le gustan las niñas
igual que a ti mi mamá,
a Curro, niñas y niños,
para mayor variedad;
a Pedro sólo los niños
que al fútbol saben jugar;
Vicente no se decide,
prefiere experimentar;
Mari tiene dos espíritus
en lucha trascendental;
Estela quiere operarse
y ser por fin como Juan;
Santi dice, muy contento,
que él siempre está más allá
de los roles que ha creado
la sociedad patriarcal;
y yo tengo un lío grande
de tanto hablar y pensar,
no sé si soy L, G
T, B, Y, Z o K.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal
.
Yago, además de su padre,
tiene también dos mamás
y Javi, cada semana,
estrena un nuevo papá;
a Yennifer la ha criado
una comuna ilegal
y no conoce a su padre
ni a su madre, ¡qué más da!
El padre de Alba se llama “Inseminación Artificial”,
porque su madre pensaba
que así se iba a realizar.
 

Hay familias numerosas
como la de Maripaz,
porque suman cuatro “hermanos” (ella, dos gatos y un can).
Y, según dicen sus padres,
quieren a todos igual.
Joaquín es niño probeta
y cuando se va a acostar
le da siempre un par de besos
a su tubo de cristal,
porque sus padres trabajan
día y noche sin parar.

Yo los quiero mucho a todos,
como amigos de verdad,
pero me siento muy raro
por tener mamá y papá.

Los otros niños se ríen
hasta que me hacen llorar
y dicen que somos pobres
y no podemos pagar
un divorcio en condiciones
como hacen los demás.
Otros piensan que es un virus
que se puede contagiar
y que los médicos llaman
“Familia tradicional”.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.

Es que, en éste, no me dejan
estar ni vivir en paz.
Y en cuanto abro la boca
siempre termino fatal,
pues si le respondo al profe
que algo está bien o está mal,
o defiendo el matrimonio
(salvo el homosexual),
hablo de amor para siempre,
respeto y fidelidad,
o pienso que mis hermanos
valen más que un animal,
me castiga por listillo
y por ser un radical

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal,

que aquí lo raro es la norma
y no existe la verdad.

Bruno M.

Hace un par de años atrás, circularon estos versos por la Internet, y no hacen sino reflejar la realidad: un escenario en el que los niños no solo tendrán que aprender a convivir y subsistir, en búsqueda de su identidad, no solamente sexual, como plantea la llamada Ideología de Género, sino su identidad como persona y su innegable sentido de trascendencia, inherente a todo ser humano.

Y es que el mundo entero está construyendo –o quizá intuyendo– aceleradamente una nueva forma de sociedad, en la que no existan más referentes que los relativos. El espíritu de la posmodernidad, como señalan diversos autores, es esta prevalente y creciente perspectiva cultural, filosófica e ideológica totalmente carente de absolutos, que se complace en la convivencia del pluralismo y la divergencia, aunque se vista de incongruente. Incongruente, sí, e inmoral, aunque nos cueste aceptarlo, porque nunca como ahora –y solo por citar un par de ejemplos– se es más tecnológico-consumista y ecologista a la vez; o espiritualmente solidario y agresivamente individualista.

«Se vive hoy en un “vagabundeo incierto” de tendencias y costumbres. No se tienen las ideas claras acerca del rumbo a seguir. El viaje parece demasiado largo y hace tiempo ya que la brújula se perdió por el camino. La sociedad se ha quedado huérfana viviendo, como decía Walter Benjamin, en una especie de mesianismo sin Mesías»(1), señala Antonio Cruz, describiendo nuestros tiempos.

Este es el mundo que estamos legando a las generaciones venideras, a los niños que decimos proteger. Un mundo donde la satisfacción del aquí y el ahora es lo determinante, aun a costa de ellos mismos, en pro de las renovadas y reclamadas legislaciones progresistas. En el reciente Código Civil que entrara en vigencia en la Argentina –por ejemplo– cambia radicalmente la manera de divorciarse: desaparecen los plazos y las causas. No habrá que demostrar ante un juez quién tuvo la culpa. La fidelidad no es más un deber. Bastará con que uno de los dos decida romper el vínculo (en el contexto amplio del matrimonio entendido y aprobado allí). Deberá sí elaborarse un plan para presentarlo ante un juez, proponiendo cómo de allí en adelante se organizará la vida familiar, los gastos, la vivienda, los hijos, las deudas, etc; en buena cuenta: Divorcio Express.

Pocos meses atrás, el renombrado sociólogo Zygmunt Bauman creó un neologismo de raíz griega: “adiáfora”, aludiendo al hecho concurrente de “situar ciertos actos o categorías de los seres humanos fuera del universo de evaluaciones y obligaciones morales”. Con este término, advertía muy seriamente de la creciente “Ceguera Moral”, que es precisamente como se titula su más reciente obra.

La potente voz de alerta de Bauman recoge una denuncia semejante que hace algunos años hiciera también Gilles Lipovetsky, en “El Crepúsculo del Deber”, donde nos hace notar cómo “el deber” sostenido por criterios razonados y generador de virtud, a partir de la posmodernidad ha quedado relevado por el placer que busca la felicidad individual y subjetiva a cualquier precio.

Hemos pasado así del “pienso, luego existo”, al “siento, luego soy”, le duela a quien le duela. «El escritor checo Milán Kundera, que ha sido señalado como representante de la post-modernidad, escribe: “Pienso, luego existo es el comentario de un intelectual que subestima el dolor de muelas. Siento, luego existo es la verdad que posee una validez mucho más general y se refiere a todo lo vivo”. Esta afirmación trata de la exaltación del sentimiento que supera al pensamiento. Kundera resalta lo que denomina el nacimiento del Homo sentimentalis y afirma que “el Homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente […], sino como un hombre que ha hecho un valor del sentimiento”. Esto es precisamente lo que ocurre hoy. El sentimiento se ha revalorizado y la razón devaluado»(2) Y cuando la razón queda de lado, qué duda cabe, la sinrazón prevalece.

Bien decía Fromm(3), «la libertad —como libertad de— conduce hacia nuevas cadenas», a diferencia de la libertad para, la libertad positiva que consiste esencialmente en «la actividad espontánea de la personalidad total integrada» ­y cuyo componente primordial es el amor, no el epitelial, sino el auténtico y trascendente, que es en cada ser humano una marca indeleble de su real procedencia.

Que nadie se sorprenda, entonces, cuando veamos hacerse realidad la advertencia hecha en su tiempo por el llamado profeta llorón, a quien por más que alzó su voz con fuerza, nadie le hizo caso:

«Deténganse en los caminos y miren;
pregunten por los senderos antiguos.
Pregunten por el buen camino,
y no se aparten de él.
Así hallarán el descanso anhelado.
Pero ellos dijeron: “No lo seguiremos”.
Yo aposté centinelas para ustedes, y dije:
“Presten atención al toque de trompeta”.
Pero ellos dijeron: "No prestaremos atención".
Por eso, ¡escuchen, naciones! ¡Sepa la congregación lo que le espera! Escucha, tierra: Traigo sobre este pueblo una desgracia, fruto de sus maquinaciones,
porque no prestaron atención a mis palabras, sino que rechazaron mi enseñanza»

                                               Jeremías 6:16-19

El resto de la historia, la historia misma de la humanidad lo cuenta y lo contará.

   Julio C. Lugo, Mg.


(1)
Antonio Cruz, “Posmodernidad”, pp. 48-49
(2) Ibid, p. 58
(3) Eric Fromm, “El Miedo a la Libertad”, pp. 246-247

Editorial Agosto 2015: A Propósito del Día del Niño


A Propósito del Día del Niño

 

  Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.

que este colegio de ahora
me está empezando a asustar.
Me dicen que lo moderno,
es ser experimental,
que lo único importante
siempre es la diversidad,
con libertad creativa
y autonomía moral
(y si el maestro lo dice,
tendrá que ser la verdad).

De los niños de mi clase
no hay dos que sean igual,
porque aquí los profes quieren
mucha originalidad:
A Juan le gustan las niñas
igual que a ti mi mamá,
a Curro, niñas y niños,
para mayor variedad;
a Pedro sólo los niños
que al fútbol saben jugar;
Vicente no se decide,
prefiere experimentar;
Mari tiene dos espíritus
en lucha trascendental;
Estela quiere operarse
y ser por fin como Juan;
Santi dice, muy contento,
que él siempre está más allá
de los roles que ha creado
la sociedad patriarcal;
y yo tengo un lío grande
de tanto hablar y pensar,
no sé si soy L, G
T, B, Y, Z o K.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal
.
Yago, además de su padre,
tiene también dos mamás
y Javi, cada semana,
estrena un nuevo papá;
a Yennifer la ha criado
una comuna ilegal
y no conoce a su padre
ni a su madre, ¡qué más da!
El padre de Alba se llama “Inseminación Artificial”,
porque su madre pensaba
que así se iba a realizar.
 

Hay familias numerosas
como la de Maripaz,
porque suman cuatro “hermanos” (ella, dos gatos y un can).
Y, según dicen sus padres,
quieren a todos igual.
Joaquín es niño probeta
y cuando se va a acostar
le da siempre un par de besos
a su tubo de cristal,
porque sus padres trabajan
día y noche sin parar.

Yo los quiero mucho a todos,
como amigos de verdad,
pero me siento muy raro
por tener mamá y papá.

Los otros niños se ríen
hasta que me hacen llorar
y dicen que somos pobres
y no podemos pagar
un divorcio en condiciones
como hacen los demás.
Otros piensan que es un virus
que se puede contagiar
y que los médicos llaman
“Familia tradicional”.

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal.

Es que, en éste, no me dejan
estar ni vivir en paz.
Y en cuanto abro la boca
siempre termino fatal,
pues si le respondo al profe
que algo está bien o está mal,
o defiendo el matrimonio
(salvo el homosexual),
hablo de amor para siempre,
respeto y fidelidad,
o pienso que mis hermanos
valen más que un animal,
me castiga por listillo
y por ser un radical

Papá, por favor, escucha:
Llévame a un cole normal,

que aquí lo raro es la norma
y no existe la verdad.

                     Bruno Moreno

Hace un par de años circularon estos versos por la Internet, los que no hacen más que reflejar la realidad: un escenario en el que los niños y las niñas tendrán que aprender a convivir y subsistir en búsqueda de su identidad, no solamente sexual, como plantea la llamada Ideología de Género, sino su identidad como persona y su innegable sentido de trascendencia, inherente a todo ser humano.

Y es que el mundo entero está construyendo –o intuyendo– aceleradamente una nueva forma de sociedad, en la que no existan más referentes que los relativos. El espíritu de la posmodernidad es esta prevalente y creciente perspectiva cultural, filosófica e ideológica, totalmente carente de absolutos, que se complace en la convivencia del pluralismo y la divergencia, aunque se vista de incongruente. Incongruente, sí, e inmoral, aunque nos cueste aceptarlo, porque nunca como ahora –y solo por citar un par de ejemplos– se es más tecnológico-consumista y ecologista a la vez; o espiritualmente solidario y agresivamente individualista.

«Se vive hoy en un “vagabundeo incierto” de tendencias y costumbres. No se tienen las ideas claras acerca del rumbo a seguir. El viaje parece demasiado largo y hace tiempo ya que la brújula se perdió por el camino. La sociedad se ha quedado huérfana viviendo, como decía Walter Benjamin, en una especie de mesianismo sin Mesías»(1), señala Antonio Cruz, describiendo nuestros tiempos.

Este es el mundo que estamos legando a las generaciones venideras, a los niños que decimos proteger. Un mundo donde la satisfacción del aquí y el ahora es lo determinante, aun a costa de ellos mismos, en pro de las renovadas y reclamadas legislaciones progresistas. En el reciente Código Civil que entrará en vigencia en la Argentina a partir de este mes, por ejemplo, se cambia radicalmente la manera de divorciarse: desaparecen los plazos y las causas. No habrá que demostrar ante un juez quién tuvo la culpa. La fidelidad no es más un deber. Bastará con que uno de los dos decida romper el vínculo (en el contexto amplio del matrimonio entendido y aprobado allí). Deberá, sí, elaborarse un plan para presentarlo ante un juez, proponiendo cómo de allí en adelante se organizará la vida familiar, los gastos, la vivienda, los hijos, las deudas, etc.; en buena cuenta: Divorcio Express.

Pocos meses atrás, el renombrado sociólogo Zygmunt Bauman creó un neologismo de raíz griega: “adiáfora”, aludiendo al hecho concurrente de “situar ciertos actos o categorías de los seres humanos fuera del universo de evaluaciones y obligaciones morales”. Con este término, advertía muy seriamente de la creciente “Ceguera Moral”, que es precisamente como se titula su más reciente obra.

La potente voz de alerta de Bauman recoge una denuncia semejante que hace algunos años hiciera también Gilles Lipovetsky, en “El Crepúsculo del Deber”, donde nos hace notar cómo “el deber” sostenido por criterios razonados y generador de virtud, a partir de la posmodernidad ha quedado relevado por el placer que busca la felicidad individual y subjetiva a cualquier precio.

Hemos pasado así del “pienso, luego existo”, al “siento, luego soy”, le duela a quien le duela. «El escritor checo Milán Kundera, que ha sido señalado como representante de la post-modernidad, escribe: “Pienso, luego existo es el comentario de un intelectual que subestima el dolor de muelas. Siento, luego existo es la verdad que posee una validez mucho más general y se refiere a todo lo vivo”. Esta afirmación trata de la exaltación del sentimiento que supera al pensamiento. Kundera resalta lo que denomina el nacimiento del Homo sentimentalis y afirma que “el Homo sentimentalis no puede ser definido como un hombre que siente […], sino como un hombre que ha hecho un valor del sentimiento”. Esto es precisamente lo que ocurre hoy. El sentimiento se ha revalorizado y la razón devaluado»(2) Y cuando la razón queda de lado, qué duda cabe, la sinrazón prevalece.

Bien decía Fromm(3), «la libertad —como libertad de— conduce hacia nuevas cadenas», a diferencia de la libertad para, la libertad positiva que consiste esencialmente en «la actividad espontánea de la personalidad total integrada» ­y cuyo componente primordial es el amor, no el epitelial, sino el auténtico y trascendente, que es en cada ser humano una marca indeleble de su real procedencia. 

Que nadie se sorprenda, entonces, cuando veamos hacerse realidad la advertencia hecha en su tiempo por el llamado profeta llorón, a quien, por más que alzó su voz con fuerza, nadie le hizo caso:

«Deténganse en los caminos y miren;
pregunten por los senderos antiguos.
Pregunten por el buen camino,
y no se aparten de él.
Así hallarán el descanso anhelado.
Pero ellos dijeron: “No lo seguiremos”.
Yo aposté centinelas para ustedes, y dije:
“Presten atención al toque de trompeta”.
Pero ellos dijeron: "No prestaremos atención".
Por eso, ¡escuchen, naciones! ¡Sepa la congregación lo que le espera! Escucha, tierra: Traigo sobre este pueblo una desgracia, fruto de sus maquinaciones,
porque no prestaron atención a mis palabras, sino que rechazaron mi enseñanza»

                                                 Jeremías 6:16-19

El resto de la historia, la historia misma de la humanidad lo cuenta y, sin duda, lo contará.

  Rev. Julio C. Lugo


(1)
Antonio Cruz, “Posmodernidad”, pp. 48-49
(2) Ibid, p. 58
(3) Eric Fromm, “El Miedo a la Libertad”, pp. 246-247

Editorial Abril 2015: Una Perspectiva de la Cruz


«Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo:
-Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz y sígame». (Marcos 8:34 RV95)

 

En un momento crucial y muy particular de su ministerio, el Maestro les hizo referencia de la Cruz y su significado por vez primera a sus discípulos, develando la realidad y necesidad de ella en el camino de la fe. Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas refieren paralelamente el relato de lo sucedido(1), dándonos una imagen completa de aquel trascendental episodio.

Pero, poco antes de hacer tan comprometedora revelación, Jesús les hizo también una sencilla y contundente pregunta. «¿Quién dice la gente que soy yo?»(2), les inquirió. Por lo que es necesario considerar previamente esta interrogante, antes de intentar comprender el significado de llevar el madero, cada día.

El lugar escogido por el Maestro para tal interpelación fue muy apropiado para sus fines, pues en esta apartada región, conocida como Cesarea de Filipo, se entretejían los hilos del poder y las filosofías religiosas imperantes de entonces.

Cesarea de Filipo era así llamada por el gran Templo de mármol blanco que Herodes el Grande construyó y que Herodes Felipe, el tetrarca, se encargó de hermosear para que allí sea venerado el César, el “dios emperador”. La historia cuenta que Herodes Agripa habría de llamar al lugar Neroneas, en honor del emperador Nerón. De tal forma que, cuando se miraba a Cesarea, incluso desde una considerable distancia, era inevitable no ver aquella impresionante mole de mármol reluciente, sin pensar en el poder y en la grandiosidad de Roma.

«Toda la zona –además– estaba jalonada con templos del dios sirio Baal. Thomson, en La Tierra y el Libro, enumera no menos de catorce tales templos que había en los alrededores. Aquella era una zona cuya atmósfera era el aliento de la antigua religión, que estaba toda ella a la sombra de los dioses antiguos.

Pero no eran los dioses de Siria los únicos que se adoraban allí. En las proximidades de Cesarea de Filipo se erguía una gran colina en la que había una profunda caverna que se decía que había sido el lugar de nacimiento del gran dios Pan, el dios de la naturaleza. Hasta tal punto estaba identificada Cesarea de Filipo con ese dios que su nombre original había sido Paneas, y hasta hoy en día se la conoce como Bâniyâs. Las leyendas de los dioses de Grecia se concentraban en torno a Cesarea de Filipo.

Además, esa cueva se decía que era donde nacía el río Jordán. Josefo escribió: “Hay una cueva muy hermosa en la montaña bajo la cual hay una gran cavidad en la tierra; y la caverna es abrupta, y prodigiosamente honda, y llena de agua en calma. Sobre ella se eleva una gran montaña, y por debajo de la caverna surge el río Jordán”. La sola idea de que ese era el nacimiento del río Jordán haría que rezumara todas las memorias de la historia de Israel. La antigua fe del judaísmo estaría en el aire para cualquier judío devoto y piadoso»(3).

Sin duda alguna, éste era un escenario apropiado para aquella confrontadora pregunta, que, a su vez, estaba ligada al significado simbólico del llevar la Cruz que los discípulos, tanto de ayer como de hoy, deberían tener bien en claro. Sin esta claridad, la Cruz carece de relevancia en el día a día.

Ante la interpelación de Cristo, las referencias de las creencias populares fueron variadas, puesto que algunos entre el pueblo pensaban que Jesús era la ‘reencarnación’ de Juan el bautista; otros decían creer que era Elías, el gran profeta que fuera llevado por Dios al cielo sin ver la muerte(4); y otros creían seriamente que él era el profeta Jeremías(5), de quien se decía que había ocultado en el monte Nebo el Arca del Pacto y el Altar del Holocausto, antes de que el pueblo fuera llevado al exilio babilonio, y que habría de recuperarlos poco antes de que viniera el Mesías(6).

Es decir que, en la opinión de muchos del pueblo, Jesús era un reencarnado, un mensajero divino apocalíptico, o simple y llanamente un iluminado. Opiniones místico religiosas interesantes y variopintas, que nos hacen ver la semejanza existente con las ideas contemporáneas ajenas a la verdad y muy comunes en la caleidoscópica espiritualidad posmoderna, ésa que no es la expresión del renacimiento de la fe trascendente, propia del cristianismo genuino, «sino un retorno al pensamiento mágico, a la búsqueda de poderes superiores que sirvan para manipular la realidad y solucionar los problemas contingentes», capaz incluso de convivir con las expresiones más puras del cristianismo»(7).

La pregunta del Maestro pretendía, entonces como ahora, confrontar el sincretismo espiritualista, que distorsiona la verdad y su eficacia. Por ello, resulta importante notar que, al parecer, el Señor no consideró a sus discípulos aptos para comprender la verdad de la Cruz y del llevarla hasta no cerciorarse de que hubieran reconocido su verdadera identidad y se identificaran plenamente con él, pues fue éste el momento y el lugar a partir de los cuales el Señor «comenzó a enseñarles... que le era necesario padecer mucho, y ser desechado…, y ser muerto, y resucitar»(8). Sólo a partir de entonces, como refiere la Escritura, Jesús les empezó a hablar «claramente»(9) de la Cruz y su realidad e implicancias. «La expresión ‘claramente’ traduce la palabra parresia, que significa ‘con libertad de expresión’, sin secretos»(10).


La respuesta personal de los apóstoles en la voz del discípulo más prominente, y en este contexto, fue completamente satisfactoria para el Maestro, pues cuando Jesús les preguntó, «y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?», Pedro respondió con acierto: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente»(11).

El reconocimiento personal de que Cristo es el “Ungido” (en griego, Christos) —el Hijo del Dios vivo, que vino para llevar a cabo la necesaria tarea de nuestra redención— propició el terreno para que Jesús les hablara de la Cruz y su significado, tanto simbólico como real. Algo que si bien no llegaron a entender a cabalidad en aquel momento, lo comprendieron después de que vieran a su Maestro colgando del madero.


Frente a este hecho la dimensión simbólica de la Cruz de Cristo comenzó a hacerse clara para aquellos que lo habían seguido, pues cuando Jesús les dijo que todo aquel que quisiera seguirlo debería tomar su cruz no se refería al sufrir los problemas o circunstancias difíciles propias de esta vida, comunes a todos los mortales al fin y al cabo (concepción ésta ampliamente difundida y completamente ajena a la verdad del mensaje bíblico).

Para Cristo, la Cruz en su vida no se trató de un problema o situación difícil que sobrellevar. La Cruz era la consumación del plan de Dios para su transitoria existencia terrenal, a favor de la humanidad. Y cuando comenzamos a entender así el significado de la Cruz en nuestro día a día, aceptando la voluntad y el plan divino para nuestras vidas personales, entonces nos convertimos en fieles seguidores y discípulos auténticos del Maestro, y el poder extraordinario que ella encierra para los efectos se vuelve una poderosa realidad. Como experimentara Pablo, quien dijera: «con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí»(12).

Pero ello exige de nosotros una premisa básica: negación de uno mismo y disposición a asumir su voluntad, para el bien de la humanidad. Una cuestión muy difícil de encontrar, en un mundo donde priman el egoísmo, el descompromiso y el hedonismo a ultranza.

Ya desde antaño se hacía evidente esta distorsión, la cual se pone de manifiesto en las palabras del anónimo poeta, quien escribiera aquellos versos que con acierto dicen:

“En los tiempos de las bárbaras naciones
de lo alto de las cruces colgaban los ladrones;
pero hoy, en el siglo de las luces,
del pecho de los ladrones cuelgan las cruces.”


¡Que Dios nos libre de tal aberración!

¿Quién es Cristo para ti? ¿Es su cruz, en tu vida, la que tú llevas?

 

Rev. Julio César Lugo


(1)
Mateo 16:13-16; Marcos 8:27-33; Lucas 9:18-20
(2) Marcos 8:28
(3) William Barclay, “Comentario al Nuevo Testamento”, Vol. II, p. 159
(4) 2 Reyes 1:11
(5) Mateo 16:14
(6) 2 Macabeos 2:1-12
(7) Salvador Dellutri, “El Desafío Posmoderno”, p.53
(8) Marcos 8:31
(9) Marcos 8:32
(10) John Phillips, “La Visión de la Cruz”, p. 34.
(11) Mateo 16:16
(12) Gálatas 2:20

 

Editorial Marzo 2015: Día Internacional de la Mujer


«¿De dónde vino tu Cristo? ¡De Dios y de una mujer! ¡El hombre no tuvo nada que ver! Si la primera mujer que Dios hizo fue lo bastante fuerte para poner por sí sola el mundo patas arriba, todas esas mujeres juntas deberían darle la vuelta, ¡y enderezarlo de nuevo! Y ahora se les pide que lo hagan. Más les vale a los hombres dejarlas hacerlo» (1).

Sojourner Truth

En 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. «Cuando las mujeres de todos los continentes, a menudo separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas, se unen para celebrar su día, pueden contemplar una tradición de no menos de noventa años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo» (2).

Este año, el Día Internacional de la Mujer, pondrá especial énfasis en la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, que es una hoja de ruta trascendental e histórica firmada hace 20 años por 189 gobiernos, estableciendo la agenda a seguir para la materialización de los derechos de las mujeres (3).

En el citado documento se mencionan y analizan puntualmente doce esferas de preocupación, de las cuales –como quien piensa en voz alta– quisiera referirme solo a dos de ellas, simplemente por razón de la brevedad de este espacio.

En el acápite sobre La Mujer y la Pobreza, se lee lo siguiente:

«Durante el último decenio, el número de mujeres que viven en condiciones de pobreza ha aumentado en forma desproporcionada al número de hombres, particularmente en los países en desarrollo. La feminización de la pobreza ha empezado también recientemente a ser un serio problema en los países con economías en transición como consecuencia a corto plazo del proceso de transformación política, económica y social» (4).

Llama poderosamente la atención esta "feminización de la pobreza", toda vez que las féminas van ganando cada vez un mayor espacio dentro del contexto económico, político y laboral. Y en tal sentido cabe preguntarnos –aun cuando la respuesta exija un análisis mucho más profundo del que aquí se le pueda brindar– si acaso no sean las mismas mujeres quienes estén jugando un rol protagónico en el desarrollo de este escenario.

Años atrás, la australiana Germaine Greer, exponente de la segunda ola feminista, incitaba a sus congéneres a la revolución diciendo que ellas eran «el verdadero proletariado, la verdadera mayoría oprimida», y que por consiguiente «deberían rebelarse y quitar su colaboración en el trabajo» (5). Pero este cuadro ya no es el mismo de antes, por lo menos no en nuestros emergentes contextos urbanos latinoamericanos, donde los espacios económicos y sociales ganados por las mujeres son muy notorios, sin pecar de optimistas. De ahí la necesidad de la reflexión.

El mundo de nuestros días es marcadamente consumista y hedonista en extremo, y en su feraz voracidad no hace distingo de género, como el propio Lipovetsky señalara. «Tanto a nivel teórico como militante, el neofeminismo contribuye al reciclaje del ser-femenino por la valoración que hace de él en todos los aspectos, psicológico, sexual, político, lingüístico. Se trata ante todo de responsabilizar y psicologizar a la mujer liquidando una última “parte maldita”, dicho de otro modo, promover a la mujer al rango de individualidad completa, adaptada a los sistemas democráticos hedonistas, incompatibles con unos seres atados a códigos de socialización arcaica hechos de silencio, sumisión solapada, histerias misteriosas» (6).

Y así, por consiguiente, parafraseando al sociólogo francés, con la muerte de Don Juan «una nueva figura, mucho más inquietante se yergue, Narciso –y Narcisa–, subyugados por sí mismos en sus cápsulas de cristal» (7). Y es en este frívolo y cotidiano escenario donde las miles de militantes de a pie se pueden olvidar, inadvertida y fácilmente, de sus correligionarias –mientras van de vitrina en vitrina–, pues, como dijera Benedetti, «la solidaridad es una palabra tan larga e incómoda que ni siquiera cabe en los poemas posmodernos» (8).

La otra esfera de preocupación es la de La Violencia Contra la Mujer. «La violencia contra la mujer impide el logro de los objetivos de igualdad, desarrollo y paz. La violencia contra la mujer viola y menoscaba o impide su disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales» (9).

«Se estima que en todo el mundo, entre el 25 y el 50 por ciento de las mujeres adultas han sido víctimas de violencia doméstica. Se calcula que en Pakistán, entre el 70 y el 90 por ciento de las mujeres han sufrido o sufren abusos de sus esposos, La mitad de las mujeres asesinadas en Bangladesh hallaron la muerte en sus casas. En EEUU, aproximadamente el 30 por ciento de las mujeres fallecidas son asesinadas por sus novios, esposos o ex esposos. La violencia doméstica es el primer riesgo de salud para las mujeres estadounidenses en edades comprendidas entre los quince y los cuarenta y cinco. En Brasil, el 80 por ciento de las mujeres asesinadas y el 70 por ciento de las violaciones son perpetradas por esposos, parientes o amigos. Una encuesta a un centenar de mujeres en un suburbio de El Cairo reveló que el 30 por ciento eran golpeadas todos los días, en tanto que el 34 por ciento lo eran una vez por semana» (10).

En el Perú, a pesar de que en el año 2011 se modificó el Código Penal a fin de tipificar y penalizar el feminicidio de manera específica, desde entonces a la fecha este crimen y su tentativa se han incrementado en un 77 por ciento, según las estadísticas del último año (11), y de acuerdo con un reciente informe de la CEPAL, ocupamos el segundo lugar en la región en esta penosa realidad.

Aunque no cabe duda que estas cifras son alarmantes, no hablamos solamente de violencia doméstica, pues está también el problema de la prostitución, el tráfico sexual, la pornografía, el turismo sexual, la esterilización forzada, la mutilación femenina, el aborto, el infanticidio y feticidio femenino, los crímenes de honor, la trata de novias y tantas otras formas inhumanas de menosprecio a la dignidad y valor de la mujer. Pero, debemos también tener bien claro que hay otro tipo de violencia, bastante serio y grave también.

La Escrituras refieren que cuando Dios creó al varón y a la mujer los hizo a su imagen y semejanza. Desde esta perspectiva nadie en su sano juicio se atrevería a cuestionar que a los ojos del Creador ambos tiene el mismo valor –ni tampoco que fueron creados distintos y complementarios–, asignándoseles un trascendental objetivo común. «Fue así como Dios creó al ser humano tal y como es Dios. Lo creó a su semejanza. Creó al hombre y a la mujer, y les dio esta bendición: “Quiero que se reproduzcan, quiero que se multipliquen, quiero que llenen la tierra y la pongan bajo su dominio”» (12).

Son ambos, varón y mujer, responsables por igual y capaces por igual de hacer del mundo aquello que Dios siempre quiso que fuera, un lugar donde habitase una familia extendida, capaz de administrar su capacidad de administrar, y multiplicar la especie en plenitud.

Sin embargo, algunas de «las feministas posmodernas rechazan cualquier noción de verdad absoluta y niegan cualquier distinción entre el hombre y la mujer. A partir de la base metafísica del monismo, asumen que no hay diferencias trascendentales. En este movimiento, desaparece tanto lo masculino como lo femenino. Lo cual conduce a una fusión de la sexualidad masculina y femenina en la que son intercambiables roles de género» (13), y con ello se perpetra una violencia brutal que atenta contra la esencia misma de la dignidad de la mujer: su naturaleza.

Conviene en este sentido subrayar lo que la reconocida sicóloga y conferencista chilena, Pilar Sordo, señala en la introducción a su libro ¡Viva la Diferencia!
«La investigación me permitió identificar como una tendencia importante el que hoy día se piense y transmita a las generaciones jóvenes que las mujeres sufren más, que las mujeres son más humilladas, que las mujeres son más maltratadas. Esto en muchas situaciones y realidades sociales es verdad, sin embargo ello no justifica que se esté traspasando en la actualidad a nuestros hijos y futuras generaciones, la idea de que para sobrevivir o vivir más felices debemos ser lo menos mujeres posibles. Esto provoca muchos daños en nuestros adolescentes»
(14), dice ella.

No hay que subestimar nunca el daño que uno se infringe a sí mismo. Esto, sabemos, es propio de una mente errática y de un problema serio de valoración de la propia identidad.

Mahatma Ghandi decía con acierto: «La mujer es la compañera del hombre, dotada con la misma capacidad mental... Si por fuerza se entiende poder moral, entonces la mujer es infinitamente superior al hombre... Si la no violencia es la ley de nuestro ser, el futuro está con las mujeres».

Quiera Dios que este poder moral sea la fuerza que finalmente doblege la sinrazón de la violencia estructural existente, que nos haga vislumbrar un futuro verdaeramente digno para todos los seres humanos, no ignorando que todos provenimos de un vientre fecundo que nos dio la vida, y que fueron unos brazos de mujer los que nos sostuvieron mientras sus pechos nos nutrían, llenando nuestra frente de caricias y besos que nos enseñaban con hechos la realidad de la existencia de la pureza de un amor que es la expresión misma de la esencia divina, pues Dios es amor.

Fue Él, y no otro ni accidente alguno, quien hizo de la mujer la expresión cúspide de la magnificente creación. Fue después que ella fuera creada, que «Dios contempló todo lo que había hecho y vio que era excelente desde todo punto de vista» (15).

¡Feliz Día, Mujer! ¡Bendita seas!


 

Rev. Julio César Lugo


(1)
Tomado de ¿Acaso no soy Mujer? por Sojourner Truth. Discurso entregado en 1851, en la Convención de la Mujer en Akron, Ohio
(2) http://www.un.org/es/events/womensday/history.shtml
(3) http://www.unwomen.org/es/news/in-focus/international-womens-day#sthash.WIgQyYoe.dpuf
(4) ONU Mujeres: Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, p. 39
(5) Germaine Greer: The Female Eunuch, p. 22
(6) Giles Lipovetsky: La Era del Vacío, p.32
(7) Ibid, p.33
(8) Mario Benedetti: Eclipse de la Solidaridad. Diario El País, 09 de octubre de 1990.
(9) ONU Mujeres: Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, p. 86
(10) Darrow Miller: Opresión de la mujer, Pobreza y Desarrollo, p. 33
(11) Ministerio de la Mujer: Estadísticas sobre Feminicidio.
http://www.mimp.gob.pe/index.php?option=com_content&view=
article&id=1407&Itemid=431
(12) La Biblia. Génesis 1:27-28. Traducción en Lenguaje Actual.
(13) Darrow Miller: op. cit. , p. 93
(14) Pilar Sordo, ¡Viva la Diferencia!, p.9
(15) La Biblia. Génesis 1:31. La Biblia al Día

Editorial Enero 2015: El Día de Año Nuevo

 

El Día de Año Nuevo
Una Conmemoración al Son de Trompetas
y una Santa Convocación


«El primer día del mes séptimo será para ustedes un día de reposo, una conmemoración con toques de trompeta, una fiesta solemne en honor al Señor. Ese día no harán ningún trabajo, sino que presentarán al Señor ofrendas por fuego».

(Levítico 23:23-25 – NVI)



Rosh Hashaná es el nombre de la festividad que marca el comienzo del año civil en el calendario judío. No alude a ningún suceso histórico, como es el caso de otras festividades hebreas, sino al momento en que fue creado el mundo, y, particularmente, el ser humano.

Es un tiempo marcado por un profundo examen de conciencia, recordando tanto lo que se hizo como lo que se dejó de hacer, y aun cuando su celebración no coincide en las fechas que en estos días festejamos, hay mucho que aprender de ella, pues no en vano Dios estableció que fueran consideradas como estatuto perpetuo para sus generaciones. 

El comienzo de cada mes estaba signado por la determinación exacta de la aparición de la luna nueva, hecho que tenía que ser atestiguado por lo menos por dos testigos. La certificación de esta verdad por parte del Sanedrín era luego comunicada a toda la población agitando antorchas desde el Monte de los Olivos, las cuales eran reproducidas de monte en monte, hasta llegar incluso a transmitir la noticia más allá de los linderos de la nación. Nadie quedaba ajeno al anuncio.

Alfred Edersheim, judío convertido al cristianismo y escritor erudito, señala: «Difícilmente ninguna otra fiesta hubiera podido dejar una impronta tan permanente sobre la vida religiosa de Israel como la de la “luna nueva”. Recurriendo al inicio de cada mes, y marcándolo, la solemne proclamación del día, con las palabras “es santificado”, tenía la intención de dar un carácter santo a cada mes, mientras que los toques de las trompetas de los sacerdotes y los sacrificios especiales que se ofrecían convocaban a las huestes del Señor a ofrecer su tributo a su exaltado Rey, llevando así el “recuerdo” de ellos delante de Él». (1)

«Muy diferente de las otras lunas nuevas y más sagradas que ellas era la del mes séptimo …, y en parte, quizá, porque marcaba el comienzo del año civil … En las Escrituras esta fiesta se la designa como "una conmemoración al son de trompetas" (Lev. 23:24) … porque en aquel día se tocaban las trompetas, o más bien, como veremos, los cuernos, durante todo el día en Jerusalén». (2)

Por esta razón, inspirado por el Espíritu Santo, el salmista escribió: «Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; al Dios de Jacob aclamad con júbilo. Entonad canción, y tañed el pandero, el arpa deliciosa y el salterio. Tocad la trompeta en la nueva luna, en el día señalado, en el día de nuestra fiesta solemne». (3)

A pesar de que cada mes del año comenzaba con el toque de trompetas, anunciando la llegada de la luna nueva, el día del comienzo del nuevo año llegó a ser reconocido como “el día del sonar de las trompetas” (véase Núm. 29:1), y particularmente este día se hizo conocido también como el “día de la final trompeta”, porque luego de una larga serie de trompetazos se escuchaba un último y prolongado toque del cuerno de carnero, el Teki'ah Gedolah, que significa: “El gran toque”.

«Un maestro sobre costumbres judías ofrece una excelente presentación sobre este aspecto de Rosh HaShanáh. Explica que a esta celebración se le llama "la final trompeta" por su conexión con el shofar - la trompeta de cuerno de carnero y el carnero que reemplazó a Isaac como sacrificio. Dice que los judíos creían que el carnero que quedó trabado en el zarzal y que Abraham usó como sacrificio en lugar de su hijo, representaba al Mesías. Enseñan también que el séptimo cuerno de este carnero se convirtió en la trompeta shofar que fue tocada en el monte Sinaí a la entrega de la Ley y que el toque de esta trompeta de cuerno de carnero llegó a ser conocido como "la primera trompeta"». (4)

Se trataba entonces de una celebración cargada de profunda significación la que marcaba el inicio del nuevo año civil. Sobre todo si tenemos en cuenta que durante las celebraciones de aquel día el shofar era tocado cien veces en total, como para hacer imposible el andar si percatarse de lo que ellos mismos llaman hasta hoy “el sonido del cielo”. 

Te preguntarás qué importancia tiene todo esto para nosotros hoy. Pues hay un detalle interesante que como cristianos no debemos pasar por alto, y es que dentro del calendario cívico-religioso que Dios estableció para Israel —su pueblo— el Rosh Hashaná (“el comienzo del nuevo año”) es la fiesta que continúa después de Pentecostés (heb. Shavuot), la festividad profética que diera inicio a la vida de la Iglesia. 

No debemos, pues, perder de vista que la cronología divina que estableció el calendario bíblico-profético para su pueblo es, una vez más, un llamado a recordar lo que está próximo a suceder: La Venida del Mesías, la cual como bien sabemos será precedida por un toque de trompeta celestial. 

«Les voy a contar algo que Dios tenía en secreto: No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un abrir y cerrar de ojos, cuando Cristo vuelva, se oirá el último toque de la trompeta, y los muertos volverán a vivir y no morirán jamás. Nosotros, los que creemos en Cristo y todavía estemos vivos, seremos transformados. Dios cambiará estos cuerpos nuestros, que mueren y se destruyen, por cuerpos que vivirán para siempre y nunca serán destruidos». (5)

Con estas palabras el apóstol Pablo exhortaba a la iglesia de Corinto a permanecer alerta, «firmes y constantes, …siempre creciendo en la obra del Señor, seguros de que el trabajo …en el Señor no carece de sentido».

Un año nuevo se avecina, es cierto, y con él la expectativa de todo lo que vendrá. Pero, así como acabamos de recordar la primera venida de Cristo, no debemos nunca perder de vista que Él vendrá por segunda vez. 

Y con esta profunda expectativa de fe, la revelación que se nos dejó escrita concluye, diciendo:
«El que da testimonio de estas cosas dice: "Ciertamente vengo en breve". 
Amén; sí, ven, Señor Jesús».
(6)

 

Rev. Julio César Lugo

(1) Alfred Edersheim, El Templo, p.190
(2) Ibid, p.193
(3) La Biblia, Salmo 81:1-3 RVR
(4) Fuente: www.radioiglesia.com
(5) La Biblia, 1 Corintios 15:51-53, BLS
(6) La Biblia, Apocalipsis 19:20, RVR

 

Julio 2014 - La Ética Pública en Cuestión

La Ética Pública en Cuestión

Uno de cada cinco presidentes regionales está procesado por delitos de corrupción, y algunos de ellos tras las rejas; a un ministro cuyo rol es velar por nuestra seguridad y combatir la delincuencia se le sigue un proceso por el asesinato de un periodista, un crimen calificado por el juez como de lesa humanidad; sobre otros ex ministros, y varios congresistas de la República, se formulan denuncias por uso indebido de los recursos públicos y tráfico de influencias.

Este retrato de la actualidad revela el modo como se profundiza la crisis ética de nuestro liderazgo político, a tal punto que trastorna los cimientos de nuestra institucionalidad, acrecienta la desconfianza en las autoridades, y alienta y alimenta la cultura del relajamiento ético entre los propios ciudadanos y ciudadanas. Es triste ver que valores como, la verdad, la honestidad y la dignidad, no tienen ya un lugar importante en los proyectos sociales y económicos de este tiempo, sobre todo en aquellos que se sostienen en la cultura de la eficacia y el pragmatismo político.

Esta realidad nos vuelve a la pregunta, ¿cómo podemos combatir la violencia, el abuso, la corrupción, el atropello en la sociedad, si los entes tutelares de la lucha contra estos flagelos han perdido la poca autoridad moral que les quedaba? Al mismo tiempo, ¿cuál es la responsabilidad que tenemos los ciudadanos y ciudadanas con esta lógica de administración de los bienes públicos de nuestra sociedad?

Entre otras razones, la crisis de nuestro liderazgo político ocurre precisamente porque la nuestra es aún una sociedad que se indigna débil y fugazmente ante los hechos que socavan los cimientos éticos y morales que deberíamos afirmar cotidianamente para construir un país integralmente desarrollado.

¿Qué podemos hacer nosotros?


Primero, empecemos por casa: Trabajemos cada día para tomar conciencia entre nosotros que la “pequeña” coima, mentira, deshonestidad o infracción tendrá repercusiones en nivel público más amplio. Segundo, evitemos la complicidad, develando los pecados que lesionan nuestra moral pública, aquellas “obras infructuosas de las tinieblas”, como diría el Apóstol Pablo. Tercero, necesitamos afirmar nuestros cimientos éticos que, desde la perspectiva cristiana, implica –como diría Pablo – una renovación espiritual de nuestra mente y nuestros actos que nos haga verdaderamente honestos, como corresponde a personas creadas a semejanza de Dios (Efesios 4:23).

Sólo una sociedad que no conviva indiferente con el pecado propio será capaz de vigilar por la paz de su ciudad y tendrá la autoridad para exigir a sus líderes políticos que gobiernen justa y honestamente.

 

Mg. Rolando Pérez


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Junio 2014 - Quiero ser Grande

 

"Señor, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y Tú el alfarero. Todos somos obra de tus manos." Isaías 64:8b


Los niños suelen darnos respuestas ingeniosas cuando menos lo esperamos. Una de ellas era la que recibía de uno mis hijos cada vez que le preguntaba ¿qué quieres ser cuando seas grande? "¡Quiero ser adulto!", me decía sonriendo. Yo por dentro me preguntaba: ¿entenderá lo que significa?, ¿seré yo un modelo de lo que él quiere?, ¿es ésa la clase de adulto que quiere ser?, ¿soy yo la clase de adulto que quiero que sea?

Una pregunta sencilla, una respuesta ingenua y una vida en formación. Un hijo que observa y un padre que quizá ni se da cuenta de cuánto puede ser admirado o descartado como modelo. Lo cierto es que ser padre es ser responsable por ambas cosas. Una responsabilidad desafiante que exige de nosotros recordar las palabras del profeta Isaías, reconociendo que somos barro que el Alfarero necesita moldear, conformándonos a Su imagen.

Un viejo proverbio dice que "todos los hombres estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde", y esta verdad incuestionable resulta determinante cuando observamos el producto acabado que cada vida representa.

El Padre Celestial es quien conoce cómo tratar y moldear el barro que se reconoce como tal, y todo hombre sensato que desee ser un buen padre tendrá que comenzar por reconocer esta gran verdad.

Esta es una buena forma de ser adulto.

   

Actividades

Mayo 2014: ¿Violencia o Amor?


A plena luz del día, una persona que circulaba por el distrito de Surquillo en un lujoso auto es asesinada por dos sujetos encapuchados que le dispararon más de veinte balazos.

Un joven de 21 años involucrado en un asesinato y varios asaltos a mano armada, disparó a quemarropa contra dos adolescentes de 11 y 12 años en el Centro de Lima.

Cada día somos testigos de la irresponsabilidad de los choferes de las empresas de transporte público que transitan trasgrediendo todas las normas, matando en el camino a inocentes ciudadanos.

El crimen organizado – narcotráfico, sicariato, extorsión– ha rebrotado, con la displicencia de las autoridades políticas y judiciales.

Tan grave es la situación que el Jurado Nacional de Elecciones y la Oficina de Procesos Electorales han advertido que las próximas elecciones municipales y regionales pueden llegar a ser sangrientas y están en riesgo.

Esta realidad revela una vez más el lado menos civilizado de nuestra sociedad, en el que la violencia y el desprecio por el prójimo parecen afirmarse como los pilares sobre los cuales se construye nuestra cultura ciudadana.

Sin embargo, estos hechos que nos sorprenden y nos espantan no son sino el reflejo de aquellos valores  que están  entretejidos en nuestra propia vida cotidiana: el frecuente desacato de la ley, la cultura de la impunidad, la desatención de las normas elementales de comportamiento que deberían regir nuestra vida en común y la insensibilidad frente a la muerte y al dolor ajeno.

Todo esto hace que, a pesar que nos indignamos ante las noticias sobre crímenes y violencias, pareciera  que nos vamos acostumbrando a convivir en medio de la anomia, el atropello, la transgresión de la ley y la impunidad.

Pero, esta triste situación –que se traduce en una creciente y acelerada pérdida de valores –revela la profundización de nuestra crisis espiritual, porque nos distanciamos cada vez  más del proyecto creador de Dios, cuyo pilar principal es precisamente el valor de la vida y la dignidad humana.

Cuánto le duele a Dios ver su creación camino a la descomposición ética y moral, donde el amor al prójimo va perdiendo cada vez más su valor. Cuánta tristeza le causa a Dios ver cómo la violencia, la agresión y hasta la eliminación de la vida, se convierten en la manera más común de resolver nuestros problemas. “Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos", decía Martin Luther King.

En este contexto, resulta pertinente recordar el mensaje de Jesús, cuyo evangelio se afirma en otra ética, no aquella del desprecio por la vida y la exacerbación del odio y la venganza, sino aquella  que busca construir nuevos sentidos de comunidad afirmados en el amor genuino al prójimo como consecuencia de amar a Dios sobre todas las cosas (Mateo 22:37).
 
¿Qué estamos haciendo en nuestro entorno más cercano para sembrar semillas de amor y no de venganza, de solidaridad y no de odio? ¿Qué lugar ocupa el proyecto de Dios en nuestra construcción de comunidad?



 

Rolando Pérez

 

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Febrero 2014 - Misión Sumisión



Días atrás, me propuse revisar el concepto bíblico de sujeción en la relación de pareja al que Pablo se refiere en Efesios 5:22. Tomé mi Biblia, me hice de alguna literatura apropiada y me aboqué al objetivo.

Con esto en mente, coloqué en mi Facebook unas frases del controvertido comediante norteamericano George Carlin, esperando ver qué reacciones suscitaba. El 'post' en cuestión decía lo siguiente:
«He aquí todo lo que tienen que saber acerca de los hombres y las mujeres: Las mujeres están locas. Los hombres son estúpidos. Y la principal razón por la que las mujeres están locas se debe a que los hombres son estúpidos».

Aun cuando era mi interés conocer las opiniones que suscitaban tan provocadoras palabras, nadie se pronunció. Quienes lo leyeron, o lo pasaron por alto, o tan solo se limitaron a manifestar su complacencia con el consabido «me gusta», propio de la red social. Interesante reacción, pues todas fueron mujeres.

En el pasado, durante los tiempos de la antigua Roma, la situación de la mujer «era de tal impotencia legal que su estatus se describía como imbecilitas, de donde deriva nuestra palabra actual» (1). Pero en nuestros días, con tantos esfuerzos que se han hecho en pro de la dignificación del género femenino, ellas son libres para decir lo que sienten respecto de su contraparte, en las formas que mejor les parezca. Beneficios de la modernidad tecnológica y la democrática libertad de expresión.

Sin embargo, es curioso ver cuando estas libertades son ferozmente reprimidas o cuestionadas entre ellas mismas. Digo esto por la polémica suscitada en España, a raíz de la publicación de un provocador libro que había escogido como parte de mi objetivo: «Cásate y sé sumisa», que no solo ha originado una reacción sin precedentes, sino que incluso ha llevado a la Fiscalía de Granada, juntamente con el Consejo Municipal de la Mujer, a iniciar acciones tendientes a ver si la obra y su autora, la periodista italiana Constanza Miriano, merecen ser sancionadas penalmente.

«La irritación de las feministas es comprensible porque en el lenguaje del mundo la sumisión es algo negativo; pero en el lenguaje cristiano, la antropología es totalmente otra», señala Miriano (2). Y es que, para ella, el feminismo «fue, a su modo, una primavera (...) la explosión de una exigencia de sentirse amadas y valoradas. Sólo que tomó el camino equivocado, la afirmación de uno mismo». De esa forma, como ella acota, acabaron «entrando en la lógica de poder», en vez de «haber echado abajo esa lógica que rechazábamos» (3).

Imbecilidad masculina, sumisión femenina, libertad de expresión… lo cierto es que el tema de fondo tiene que ver con la vieja lucha de género que parece no acabar nunca y se perpetúa en nuestros contextos latinos, donde el machismo es un mal endémico y el malentendido ocasionado por la falta de una adecuada comprensión de los principios escriturales es lamentable y pernicioso.

¿Qué quiso decir realmente Pablo cuando indicó que la mujer debía «someterse» al esposo? ¿Es que acaso la insania de la superioridad masculina se había apoderado de su mente?

Se requiere una cuidadosa observación del texto y su contexto, para entender apropiadamente tanto su intencionalidad como su significado.

El versículo 22 de Efesios 5 no es una frase suelta, separada o independiente de lo que le precede, sino una declaración que es continuación de una afirmación bastante más larga.

«Esta oración gramatical está construida en torno a dos verbos en modo imperativo (es decir, dos mandatos) y cinco cláusulas subordinadas.

He aquí una clara traducción de la frase de Pablo que refleja con precisión el original en griego. Hemos empleado formas verbales correctas, con énfasis añadidos para subrayar la estructura de cada frase:

No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien:
Sed llenos del Espíritu,

Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales,
Cantando y
Alabando al Señor en vuestros corazones,
Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Sometiéndose unos a otros en el temor de Dios, las casadas, [ ] a sus propios maridos como al Señor, porque el marido es la
cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la
cual es su cuerpo y Él es su Salvador»
(4)


Si bien es cierto, según el texto, que las mujeres debían someterse a sus maridos, también es verdad que estos debían someterse a sus esposas, lo cual de por sí podría plantearnos el dilema de «¿quién manda a quién?». Pero, al mismo tiempo, esta observación también puede llevarnos a comprender mejor el sentido de la demanda.

El pensamiento de Pablo al escribir está sección de la epístola gira en torno al mandato de ser llenos del Espíritu Santo, que es el imperativo por excelencia en esta larga frase.
De hecho, es importante notar que el verbo «sujetar» ni siquiera aparece en el versículo 22 del texto original. El texto literalmente dice: «…esposas [ ] a vuestros maridos…».

Lo que el apóstol hace aquí es explicar de manera práctica las implicancias de la vida llena del Espíritu, confrontando el código familiar de su tiempo. «Él tomó frases del código familiar que ellos conocían y expresó algo radicalmente nuevo, nacido del corazón de Dios, revelado en el jardín del Edén, y hecho posible por medio de la cruz».

«En las siguientes 328 palabras del texto griego, Pablo deletreó las responsabilidades del miembro tradicionalmente “superior” (marido/padre/amo) del código familiar para con el “inferior” (esposa/hijo/esclavo). Esto era nuevo, chocante. No había código familiar de cultura alguna que hiciera al “superior” responsable del “inferior” en ningún aspecto». (5)

«En la descripción que Pablo hace de la vida llena del Espíritu Santo en Efesios 5:22-6:9…

- Dedicó 40 palabras, en griego, a las esposas, para explicarles la plenitud del Espíritu para que respondieran correctamente a sus maridos. Luego, dedicó 150 palabras para explicar las responsabilidades del marido para con su mujer.
¡Sin precedente!». (6)

La plenitud del Espíritu en nuestras vidas habrá de guiarnos de manera natural a una vivencia auténtica de la fe, que contrasta sobremanera con el espíritu de la época, caracterizado por el hedonismo. La sumisión mutua es la expresión propia de la vida llena del Espíritu. Una expresión del amor de Dios que mora en nuestros corazones y se manifiesta en el aprecio y respeto profundos, por la conciencia de saber que el otro, la otra, es creado a imagen y semejanza de Dios, tan igual como yo lo soy.

En este contexto, la relación de pareja se torna en una real bendición, pues, como bien escribe Miriano, «es acompañarse el uno al otro hacia el misterio, porque al final nuestra esencia más íntima, profunda y última, tampoco está en ser varón o hembra, sino en una impronta de eternidad, en un anhelo de felicidad, de absoluto, que está en ambos». (7)

¡Vivamos en la plenitud del Espíritu!


 

Rev. Julio C. Lugo


(1) John Stott, El Mensaje de Efesios, p. 210.
(2) Constanza Miriano, entrevista concedida a ACI Prensa, el 13 de noviembre 2013.
(3) Constanza Miriano, Cásate y Sé Sumisa, ed. electrónica, pos. 898.
(4) Loreen Cunningham y David J. Hamilton, ¿Por qué no la mujer?, p. 137.
(5) ibid, 138.
(6) ibid, 139.
(7) Miriano, op. cit. pos. 703.

 

Editoriales Año 2013

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Enero 2013 - He Aprendido

 

He aprendido que se aprende viviendo
Que reír es aprender disfrutando
Y que llorar es aprender sufriendo

He aprendido como tantos aprendieron
Disfrutando intensamente lo que vivieron
Riendo y llorando aunque no entendieron

Y es que la vida es un constante aprender
Aprender que no todo hay que entender
Sabiendo que eso no te impide aprender

He aprendido que es cálido el frío del invierno
Cuando se abriga el alma con un beso tierno
Que trasciende el tiempo y llega de lo eterno

He aprendido que la primavera es bella cuando se entiende
Que el brillo del sol es solo Dios quien lo enciende
Y en cada amanecer siempre te sorprende

He aprendido que no se debe olvidar lo aprendido
Porque entonces lo vivido es solo un sinsentido
Y se descubre que tan solo se ha existido

He aprendido que la vida nunca te deja de enseñar
Por más que cueste y no se quiera continuar
Asimilando lo que ella te hace experimentar

He aprendido que no hay que temer aprender
Porque entonces tendrías que dejar de crecer
Y al hacerlo te resignarías a perecer

¡He aprendido!
    Rev. Julio César Lugo

Febrero 2013 - Camino a la Deriva


La discriminación racial en nuestra sociedad ha vuelto a constituirse materia de debate a raíz de la aparición de alusiones discriminatorias en la contienda política en torno al pedido de revocatoria a la actual gestión municipal limeña.
Estos incidentes, al igual que una reciente alusión discriminatoria a un ex presidente del país por un influyente diario local, evidencian que el racismo no ha desaparecido en nuestra sociedad, más bien – como sostiene el psicólogo Jorge Bruce – «se ha solapeado y cuando el estrés aumenta, la gente abre su baúl y saca sus armas, una de ellas, por supuesto, es el racismo, que daña los lazos sociales»(1).

«Os quejáis mucho de los chilenos, pero entre vosotros los peruanos os tratáis tan mal, que parecéis enemigos unos de otros» (2), comentó una ciudadana española luego de vivir un año en Lima. Y no le falta razón, porque con frecuencia los actos de violencia que vemos cotidianamente son el reflejo de nuestra incapacidad de amarnos y percibirnos como prójimos, de destruir nuestros prejuicios para mirar al otro como un ser humano.

La familia constituye, muchas veces, el primer entorno en el que nuestra mentalidad discriminatoria es alimentada, sobre todo cuando nuestras relaciones están marcadas por lógicas autoritarias y abusos de poder, que hacen sentirnos superiores o inferiores frente a los demás.

Un entorno familiar en el que el amor y el respeto se van distorsionando, agotando o extinguiendo hace que nos familiaricemos con cierta cultura del maltrato, a tal punto que incluso la violencia verbal es justificada detrás de una mal entendida estrategia de estimulación para ayudar a otros a conseguir logros en distintos campos de la vida. La palabra que humilla, el grito que silencia, la voz que anula al otro no puede ser justificada de ninguna manera.

Cuánta falta nos hace volver a humanizar nuestra sociedad. Cuánto nos cuesta aún ser comunidad, vivir en una comunidad en la que nos sintamos valorados, amados y bien tratados, en la que podamos - como Jesús nos enseñó

«Amar al prójimo como a uno mismo» (3)


Como mucha razón, Martin Luther King sostuvo que «hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos» .

Aquellos que queremos vivir en un mundo sin discriminación, tenemos el reto de asumir una actitud menos pasiva y más proactiva frente a todo tipo de discriminación y maltrato, tanto en el seno de nuestras familias como en la sociedad. Dios está del lado nuestro en esta cruzada, porque el valor de la dignidad humana es un aspecto medular de su creación y su amor no hace acepción de personas (4).

Por el contrario, Él anhela un mundo en el que Su amor liberador y sanador nos ayude a salir de nuestras propias esclavitudes, que nos hacen prisioneros o perpetradores de la discriminación.

 

Mg. Rolando Pérez

(1) Programa televisivo «Abre los ojos», 14/01/13.
2) Ardito, Wilfredo (2004) «Basta ya de racismo en el Perú». Págs .Nº189, p82.
3) Mateo 22:39
4) Efesios 6: 9


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Abril 2013. La Pieza Original


Hace unos días los medios de comunicación difundieron un ranking denominado «Índice de Felicidad Mundial», que colocaba al Perú en los primeros lugares del mundo al respecto (1). Fue interesante ver en las entrevistas de los medios televisivos la reacción de las personas ante esta noticia, manifestando lo que cada quien entendía como felicidad: un espectro amplio que iba desde aquellos para quienes esta información era falsa – quienes afirmaban que evaluaban «el grado de felicidad» por las cosas materiales, siendo nosotros un país con tantas carencias al respecto – hasta aquellos que aceptaban la premisa, sostenida en un concepto de felicidad como la frecuente repetición de vivencias satisfactorias, aun cuando fuesen cortas y efímeras, es decir, nuestro «carácter festivo».

Lo controversial de este tipo de estudios está en que la felicidad es un concepto evidentemente difícil de definir de una forma que sea común a la mayoría. Suena paradójico que todos los hombres tengamos el anhelo de algo que es tan relativo, tan dependiente de la interpretación personal de cada uno. Por ello, aparentemente toma sentido y actualidad su búsqueda por muchos caminos, es decir, cada uno con su verdad, y con su forma de conseguirla.

Para muchos, Dios es una de esas opciones de felicidad, a la cual se le llama «religión», y se asume como fe. Para muchos otros, también, esta fue una opción impuesta forzadamente en tiempos pasados, pero hoy, con una supuesta apertura de criterio, es sólo una opción más, válida como tantas otras.

San Agustín de Hipona fue, además de ministro de una iglesia, un gran filósofo que contribuyó mucho a la formación del pensamiento occidental. Por ejemplo, algunos ven en sus escritos geniales intuiciones acerca de conceptos tan avanzados como la teoría de la relatividad (2). Aún siendo joven, llegó a obtener renombre por sus capacidades intelectuales, y junto con ello decidió entregarse al disfrute de una vida apasionada y hedonista (3). Aparentemente, tenía todo para ser feliz. Sin embargo, en medio de ello, se puso a reflexionar sobre Dios, de hecho a buscarle, y lo encontró. Como producto de esto, llegaría a hacer en su libro «Confesiones» una famosa exclamación: «[Señor Dios], nos creaste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti” (4).

Podríamos decir que, para Agustín, Dios fue la opción que le dio sentido a su vida, y que así se constituye en un ejemplo de cómo deberíamos cada uno de nosotros buscar la nuestra, sin importar cuál sea. Pero hay un detalle que hace la diferencia: Agustín entiende que Dios no es un accesorio para potenciar su vida, como pueden haber muchos, sino la pieza que le falta para ser completo, vivir en paz, independientemente de la circunstancia a su alrededor, y ello está en plena consonancia con lo que Dios declara en la Biblia, su Palabra, cuando dice: «Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera; porque en Ti ha confiado»(5), y «Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma».(6)

Nuestra existencia es un proyecto que se inicia gracias a Dios, en Dios, y que un día debería terminar en Él. Entender esto significa dar un sentido profundo a nuestro ser y actuar. Sin Dios, somos como seres perdidos en el universo, que desconocen su inicio, ignoran su camino y carecen de meta. Sin Dios, el ser humano no es nada, y anda errante por la vida, sin rumbo ni destino, privado de auténtica felicidad.

Dios no es religión: es una persona. La fe no es una muleta, no es un accesorio: es la pieza fundamental que nos falta para funcionar plenamente. Por desgracia, muchas veces nos fabricamos otras piezas que pensamos que pueden suplir esta carencia, incluso por momentos nos parece que resulta, pero si somos honestos tendremos que reconocer que las copias no pueden reemplazar a la pieza original.

Dios lo sabe, e insiste en animarnos a buscarle. Él nos promete que, «…si desde allí buscas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás»(7). Jesucristo en persona reafirmó esta promesa diciendo: «Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta.  Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre»(8). David también nos comparte lo mismo con el respaldo de su propia experiencia personal: «En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan»(9).

Busquemos a Dios de esta manera: no por obligación de conciencia, no para lograr una vida de egocéntrica satisfacción y comodidad. Busquemos a Dios entendiendo que lo necesitamos para ser completos, para vivir en paz. Busquemos a Dios a través del medio que nos dejó para conocerlo: su Palabra. Si lo hacemos así, Él se nos revelará, y entenderemos, no por formalidad o teóricamente, sino por vivencia personal, por experiencia propia, que Él no es una opción, sino la opción, la única capaz de darle sentido a nuestra existencia.




 

Fernando Gazco


(1) Ranking revela qué tan felices somos los peruanos. Disponible en:
http://noticias.terra.com.pe/nacional/ranking-revela-que-tan-felices-somos-los-peruanos,f7bb052ea888d310VgnVCM4000009bcceb0aRCRD.html
(2) Agustín de Hipona. Agustín y la ciencia. Disponible en:
http://es.wikipedia.org/wiki/San_Agust%C3%ADn_de_Hipona
(3) Agustín de Hipona. Biografía. Disponible en:
http://es.wikipedia.org/wiki/San_Agust%C3%ADn_de_Hipona
(4) «Confesiones». I, 1, 1.
(5) Isaías 26:3. Biblia Sagrada – Reina Valera Revisada, 1960.
(6) Mateo 11:29. Biblia Sagrada – Nueva Traducción Viviente.
(7) Deuteronomio 4:29. Biblia Sagrada – Nueva Versión Internacional.
(8) Lucas 11:9-10. Biblia Sagrada – Nueva Versión Internacional.
(9) Salmos 9:10. Biblia Sagrada – Nueva Versión Internacional.

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Agosto 2013 - Más ética y menos corrupción

La Defensoría del Pueblo publicó recientemente una «Guía práctica para la denuncia ciudadana contra actos de corrupción y otras faltas contra la ética pública». Esta herramienta –que busca contribuir a los esfuerzos ciudadanos para eliminar este flagelo tan arraigado y enquistado en nuestra sociedad– responde al triste diagnóstico de una sociedad que aún se resiste a renunciar a la convivencia con aquellas prácticas de corrupción, que no solo acrecientan la violación de la legalidad y el resquebrajamiento del bien común, sino que destruyen nuestros lazos de confianza.

La última encuesta nacional sobre percepciones de la corrupción, difundida por Proética, revela que la gran mayoría de los ciudadanos percibe al Perú como un país corrupto, y que la probabilidad de poder sobornar a un policía, a un juez o a un funcionario municipal o regional es superior al 60%.

La corrupción ya no nos resulta ajena y, de a pocos, nos escandaliza menos. Cada día somos testigos de los escándalos de corrupción a nivel político, las coimas en el sistema policial y judicial, el uso indebido del dinero público, entre muchos otros casos. La autoridad corrupta sabe que tiene al frente a ciudadanos con poca conciencia de vigilancia. En un significativo sector social aún pervive la popular frase: «no importa que robe, con tal que haga obras».

Es decir, pareciera que nos estamos acostumbrando a actuar al margen de la ley o hacer de su infracción una manera pragmática de construir nuestra convivencia y sostener nuestro sistema social. De este modo, la corrupción –como sostiene el filósofo Salomón Lerner Febres– es soslayada, tolerada y, a veces, aceptada como una suerte de moral de la eficacia que consagra el «pragmatismo» y la «viveza».

Esta realidad revela la precariedad de nuestros cimientos morales y espirituales, porque la ética de la integridad no solo va perdiendo su valor, sino que se banaliza cada vez más, cediendo paso a una sociedad en la que cada uno construye su regla y cada quien afirma una escala de valores a su medida.

Por ello, la erradicación de la corrupción no depende únicamente de las sanciones legales, sino también de un compromiso ético de la ciudadanía con una cultura ciudadana que se sostenga en aquellos valores, como la honestidad, la verdad y la justicia.

Necesitamos, pues, nutrir de sustancia ética nuestra práctica ciudadana. Y de este modo, tenderemos el valor y la convicción de resistir a cualquier acto de corrupción, grande o pequeño, doméstico o político. Esta es precisamente la convicción que encontramos en el Apóstol Pablo cuando instó a los cristianos de su tiempo a no compartir ni avalar las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien a denunciarlas (Efesios 5:11), porque como fiel seguidor de Jesús, entendió que Dios estaba de su lado en este propósito. Este es el Dios que demandó a los líderes del pueblo de Israel a «no torcer el derecho ni convivir con el soborno, porque cierra los ojos de los sabios y corrompe las palabras de los justos» (Dt 16:19).

 

Rolando Pérez

 

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Setiembre 2013 - Un llamado a la Integridad


La última Encuesta Nacional sobre Percepciones de la Corrupción realizada por Ipsos Perú, por encargo de la organización Proética, revela que un 78% de la población tolera la corrupción, frente a solo el 21% que la rechaza. Incluso, el 7% admite una “tolerancia alta”. Además, el 91% de los encuestados considera que los peruanos no respetamos las leyes.

Preocupante cuadro que da cuenta de las fragilidades de los cimientos éticos sobre los cuales se construye nuestra sociedad. Al mismo tiempo, estos datos revelan que la corrupción nos escandaliza o nos indigna cada vez menos. Cada día somos testigos de los escándalos de corrupción a nivel político, las coimas  en el sistema policial y judicial, el uso indebido del dinero público, etc.  La autoridad corrupta sabe que tiene al frente a ciudadanos con poca conciencia de vigilancia y con una baja capacidad de indignación frente a los actos de corrupción.

Es decir,  pareciera que nos estamos acostumbrando a actuar al margen de la ley o hacer de su infracción una manera pragmática de construir nuestra convivencia y  sostener nuestro sistema social. De este modo,  la corrupción –como sostiene el filósofo Salomón Lerner Febres – es soslayada, tolerada y, a veces, aceptada como una suerte de moral de la eficacia  que consagra el “pragmatismo” y la llamada “viveza criolla”.

Esta realidad,  en el fondo lo que esta realidad  revela es la precariedad de nuestros cimientos morales y espirituales, porque la ética de la integridad  no solo va perdiendo su valor sino que se banaliza cada vez más, cediendo paso a una sociedad  en el que cada uno construye su regla y cada quien afirma una escala de valores a su medida.

La Biblia nos revela la indignación permanente de Dios frente a la corrupción. En el pasado los profetas y mensajeros de Dios  no dudaron en  advertir y condenar el pecado de la corrupción a nivel de la administración pública:   "No darán sentencias injustas, ni cometerán injusticias en pesos y medidas. Tengan balanza, pesas y medidas exactas" (Lev 19, 35); “No serás parcial ni aceptaras sobornos, que el soborno ciega los ojos de los sabios y falsea la causa del inocente” (Deut. 16, 19); “Sólo el que procede con justicia y habla con rectitud, el que rechaza la ganancia de la extorsión y se sacude las manos para no aceptar soborno… morará en las alturas y tendrá como refugio una fortaleza de rocas…” (Isaías 33:15-16).
Con ese mismo espíritu, el Apóstol  Pablo instó a los cristianos de su tiempo a no compartir ni avalar las obras infructuosas de la oscuridad, sino más bien a denunciarlas (Efesios 5:11), porque entendió que Dios estaba de su lado en este propósito.

Este mensaje es aún pertinente para nuestro tiempo, porque  el pecado de la corrupción sigue creciendo. Por ello, necesitamos nutrir de una sustancia ética  nueva nuestra práctica ciudadana, como aquella que Dios sembró en la vida de los primeros cristianos, que se tradujo en una vida  marcada por  la integridad, la honestidad  y la justicia.



 

Rolando Pérez

 

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Diciembre 2013 - Reflexion por Navidad 2013


"Quisiera en esta Navidad poder armar un árbol dentro de mi corazón. Y colgar en él, en lugar de esferas, regalos y adornos, los nombres de mis más queridos amigos, familia, y gente a quien amo.
Los que viven lejos y los que viven cerca, los antiguos y los más recientes, los que veo todos los días y los que raras veces encuentro.
Los que siempre recuerdo y los que a veces olvido.
Los de las hora más difíciles, y los de las horas intensamente felices, los que sin querer me hirieron, y los que sin querer herí.
Aquellos que conozco profundamente y aquellos que conozco poco.
Mis amigos humildes y mis amigos importantes.
Los que me enseñaron valiosas enseñanzas y los que tal vez un poquito aprendieron de mí.

¡Quiero que éste árbol tenga raíces profundas y fuertes! Para que los nombres de mis amigos, familia y seres queridos nunca jamás sean arrancados de mi corazón.
¡Y que sus ramas se extiendan gigantes! Para colgar nuevos nombres, que venidos de todas partes se junten con los existentes.
Un árbol de sombra agradable, para que nuestra amistad, amor, confianza y cariño sea un momento de reposo en la lucha diaria de la vida.

¡Quiero que el espíritu de la Navidad haga de cada deseo la más hermosa flor! ¡De cada lágrima una sonrisa! ¡De cada dolor la más brillante estrella!
Y de cada corazón, una dulce y tierna morada para recibir a Jesús".

(Autor desconocido)

 

 

Editoriales Año 2012

Relación de Editoriales del año 2012

Enero 2012 - Compromiso con Dios


El inicio de un nuevo año con frecuencia genera un clima en el que se renuevan  las esperanzas y  deseos de un mejor bienestar para nuestra familia y nuestra sociedad.  Estas  expectativas no  deberían desligarse de la renovación de nuestros compromisos y responsabilidades, a fin de ser partícipes de los cambios que anhelamos.  Para los cristianos, esta responsabilidad ética está muy ligada a la manera cómo Dios quiere intervenir con su poder transformador y restaurador en el mundo. 

Precisamente, el Evangelio de Jesús cobra hoy mayor pertinencia porque el rostro de nuestro país da cuenta, aún, de las cicatrices y fracturas morales propias de una sociedad  alejada de Dios; que se traduce en el incremento de las violencias, la exacerbación de la cultura hedonista, el ensanchamiento de las brechas sociales, el culto al consumismo desenfrenado y la desvalorización de la dignidad humana. 

Mario Vargas Llosa ha señalado recientemente que "nunca hemos vivido como ahora en una época tan rica en conocimientos científicos y hallazgos tecnológicos ni mejor equipada para derrotar la enfermedad, la ignorancia y la pobreza y, sin embargo, acaso nunca hayamos estado tan desconcertados y extraviados respecto a ciertas cuestiones básicas como qué hacemos aquí en este astro sin luz propia que nos tocó, si la mera supervivencia es el único norte que justifica la vida, si palabras como espíritu, ideales, placer, amor, solidaridad, arte, creación, alma, trascendencia, significan algo todavía, y, si la respuesta es positiva, qué es exactamente lo que hay en ellas y qué no" (1)

Este es ciertamente el contexto –el de  un mundo de extraviados y desconcertados, cuyo único norte es la supervivencia– en el que Dios nos convoca a contribuir en la afirmación de los valores cristianos, que nos permitan fundar los cimientos para hacer de nuestra sociedad y nuestras familias, espacios en el que el amor genuino sea afirmado, la solidaridad sea alimentada y  la dignidad humana sea valorada.

Todo ello nos exige, por un lado,  “… que rompamos con el cascarón de nuestra piedad intimista para abrirnos al mundo que ha sido creado por el Padre, redimido por el Hijo y sostenido por el Espíritu Santo. Sólo así los demás recibirán nuestro testimonio de [amor], servicio y compromiso” (2).

Por otro lado, nos invita a reconocer que la transformación de nuestro mundo debe empezar por y en nosotros. No podemos ser trasformadores si nosotros mismos no hemos sido trasformados; no podemos ser sanadores si nosotros mismos no hemos sido sanados. Como bien lo señala la Escritura, "Si Dios no edifica la casa, en vano se esfuerzan los constructores. Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes” (Salmo 127:1).

 Los cambios que anhelamos serán infructuosos si nos acompaña una fe debilitada; si nuestra convicción en el poder de Dios es frágil e  inconsistente; si nuestro testimonio no corresponde al amor restaurador y sanador de Dios; si nuestro compromiso ético no interpela ni incomoda, más bien es complaciente con el pecado.

 

Rolando Pérez

(1) Mario Vargas Llosa. “La Civilización del Espectáculo”, Diario El País, Madrid. 22/01/2011.
(2) Harold Segura, “Hacia una Espiritualidad Evangélica Comprometida”, p. 62.

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Marzo 2012 - Amor Genuino


Asesinatos, violaciones, homicidios inundan nuestros hogares cada vez que sintonizamos los programas o noticieros de la radio y la televisión, recordándonos  que vivimos aún en una sociedad marcada  por el odio, el desprecio al prójimo, la venganza, es decir, por una cultura que no corresponde a la del amor genuino. 
Vivimos, para decirlo en palabras de Ernesto Sábato, como si tuviésemos una capa de protección que nos desvía de los demás... Los otros nos molestan, nos hacen perder el tiempo. Lo que deja al hombre espantosamente solo, como si en medio de tantas personas, o por ello mismo, cundiera el autismo” (1).
El apóstol Juan, a través de sus cartas pastorales,  nos recuerda que la razón principal por la que nuestra sociedad carece de un amor genuino es que ella se ha alejado de Dios, y por lo tanto se mueve desde otro espíritu, el del odio. Juan señala que el odio no corresponde a la luz sino a la oscuridad.      
El que ama a su hermano vive en la luz… Pero el que odia a su hermano vive y anda en la oscuridad, y no sabe a dónde va, porque la oscuridad lo ha dejado ciego (I Juan 2: 10-11).
Aquel amor que contrarresta al odio es aquella que proviene de Dios. Ese amor “no es sentimental. No es ni siquiera fundamentalmente emotivo. Su esencia es el sacrificio. Se manifiesta en el deseo de servir, ayudar y enriquecer a los demás. El amor, en ese sentido, contrarresta la fuerza del pecado, puesto que el pecado divide donde el amor une, y separa donde el amor reconcilia (2).
El amor de Dios –nos lo recuerda el apóstol – no corresponde a aquellos actos  que provienen “de  labios para afuera, sino aquella que se hace genuinamente y de verdad” (I Juan 3:18), como consecuencia del sometimiento de nuestra voluntad a la voluntad de Dios, porque el amor verdadero proviene de él.
Precisamente, aquella ética del amor, que se inspira en el Jesús que se encarnó en nuestro mundo y murió por amor a nosotros, nos impulsa a reconocer que no podemos vivir un cristianismo individualista, insensible y sin compasión sino vivir en la afirmación de la comunión y de la solidaridad con nuestro prójimo, es decir, en el amor genuino.
Con mucha razón, C.S. Lewis, el autor de Las Crónicas de Narnia, sostiene que el deseo de Dios es que seamos capaces de amar y de ser amados…precisamente porque Dios nos ama nos concedió el don de sufrir; o por decirlo de otro modo: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre; los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos”.
Dejemos que Dios, el escultor por excelencia, nos capacite para que nos entreguemos al amor genuino, aquella que se entrega al sacrificio.


Rolando Pérez

(1)          Ernesto Sábato. “La Resistencia”, p. 3
(2)          John Stott. “Cristianismo Básico”, p. 116

 

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Abril 2012 - ¿Individualismo Cristiano?


Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta (Ro 12:1-2)

Seguir al Señor implica conocerle a través de su palabra, escudriñándola y estudiándola. Seguir al Señor también implica hacer concreta en nuestra vida su enseñanza, poner todo el empeño para que nuestras acciones le sean gratas. Teoría y práctica, podrían decir algunos. Pero ello, siendo primordial puede ser insuficiente. En este pasaje Pablo nos anima a dar un paso más, nos insta a no vivir un cristianismo teórico o de rituales individualistas, sino a observar al mundo que nos rodea, reconociendo que, queramos o no, influye en nosotros, en la manera cómo pensamos. Por tanto no se trata solo de conocer lo que cree un cristiano, o de aprender a vivir al “estilo cristiano”, sino de confrontar nuestra realidad cotidiana con estas cosas, y vivir la experiencia de comprobar que lo que aprendemos del Señor y su palabra, y no lo que viene del mundo, es lo agradable y lo perfecto.

Somos parte de una sociedad en la que el individualismo y la competitividad se marcan cada vez más como principios supremos. Este énfasis desmedido hace que lo positivo que hay en ellos se pierda y desdibuje al hombre, minimizando el componente social propio de su naturaleza. El creyente y la iglesia no son ajenos a esta situación que estorba, y nos dificulta entender la importancia que la comunidad tiene en el mensaje bíblico. Justo González hace una reflexión al respecto:
“… se da la extraña paradoja de que, al tiempo que se reúnen multitudes, cada cual adora solo, por su propia cuenta. Lo que se canta y dice esta casi todo en primera persona singular: “yo”. Se trata de mi relación con Dios, de mi salvación, y hasta de mi Dios. De igual modo que algunas de las más grandes soledades se sufren en medio de las grandes urbes modernas, algunos de los aislamientos más profundos se viven en medio de algunas de las gigantescas iglesias modernas, donde cada individuo se acerca a Dios por su cuenta, pero no se acerca al vecino”. (*)
El individualismo puede hacer que, aunque parezca inverosímil, estas cosas sucedan no solo en grandes multitudes, sino también en grupos pequeños.

Cuando se trata acerca de lo que distingue a un cristiano no se enfatiza lo que uno sabe o las prácticas religiosas que realiza, por el contrario, el Señor fue duramente crítico de la vida farisaica, obsesivamente cumplidora de estos criterios. Recordemos que el distintivo del cristiano lo definió Jesús: El amor que se evidencia en la relación de uno mismo con los demás.   “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”. Jn 13:35. Recordemos que el encargo a sus discípulos es alcanzar a otros, y para ello es necesario ir, muchas veces no a lugares alejados, sino simplemente extenderse al que está al lado, salir de uno mismo. Recordemos que somos llamados a imitar al que dejó su trono para identificarse con nosotros.
La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos (Fil 2:5-7).



 

Fernando Gazco

(*) Gonzáles, Justo L. El individualismo moderno y nuestra vida en comunidad. Revista Enfoque, año 17, N° 43, p. 10

 

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Mayo 2012 - La Fe, esperanza viva

El renombrado filósofo inglés Zygmunt Bauman describe así a la sociedad de nuestro tiempo:

“Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza… Toda esta precariedad se expresa en problemas de identidad, como quién soy yo, qué pasará con mi futuro… Hoy nuestra única certeza es la incertidumbre”. (1)

En el mismo sentido, el teólogo Salvador Dellutri sostiene que la gran amenaza del mundo no es el desequilibrio económico ni los estallidos terroristas, sino la desesperanza, que no solo acrecienta la angustia, sino que hace que la vida se torne en una suerte de vía crucis terminal.

En la búsqueda de seguridad, vastos sectores de la sociedad intentan sostenerse en la prosperidad y la seguridad económica, el acceso a los bienes de las nuevas tecnologías, y en la invención de sus propios dioses, aquellos que exorcizan sus miedos y calman instantáneamente sus angustias y dolores. Al mismo tiempo, “para millones de personas las drogas sirven hoy… para aplacar sus dudas y perplejidades sobre la vida, la muerte, el más allá, el sentido o sinsentido de la existencia.” (2)

Por otro lado, este escenario se ha vuelto propicio para la emergencia de aquellos predicadores modernos de la fe y la esperanza, que intentan ofrecer el mejor remedio para curar los males de este tiempo, la más atractiva terapia para salir de la depresión colectiva, la ideología mejor afirmada para superar la incertidumbre, incluso el mejor ritual religioso para salir del vacío y superar la angustia.

Sin embargo, estos “modelos de vida” no logran responder a las inquietudes más hondas de una sociedad que sigue en su búsqueda, que continúa aún atrapada por la ansiedad, abrumada por la desesperación, encarcelada en el sufrimiento y envuelta en la inseguridad.

En este contexto, el cristianismo cobra su mayor relevancia, porque su esencia se basa en otra lógica de la fe, aquella que se sostiene en el poder restaurador del Cristo resucitado, aquel que venció la muerte y que hace que el vía crucis sea trasformado en un camino de alegría, vida plena, verdadera libertad y esperanza viva. (3)

Esto es precisamente lo que experimentaron los primeros cristianos: “La fe era para ellos un camino de alegría que se contraponía espectacularmente al Vía Crucis. El Señor había llevado el dolor y el sufrimiento de los hombres [y mujeres] para que pudieran experimentar el gozo y la alegría de la resurrección.” (4)

Solo el Cristo resucitado, aquel que llevó nuestras ansiedades, angustias e incertidumbres a la cruz, nos salva de vivir subyugados por la angustia y la desesperanza. Él es el camino para disfrutar de una vida verdaderamente plena.



 

Rolando Pérez

(1) Diario La Vanguardia. Madrid, 12-01-2012
(2) Vargas Llosa, Mario. “La Civilización del Espectáculo”. Pp. 41.
(3) (I Pedro1:3)
(4) Dellutri, Salvador. “Las Estaciones de la Alegría”, pp.17

 

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Junio 2012 - El Fin del Mundo


«El escenario podría ser cualquier gran ciudad de Estados Unidos, China o Europa. La hora, por ejemplo, poco después del anochecer de cualquier día entre mayo y septiembre de 2012. El cielo, de repente, aparece adornado con un gran manto de luces brillantes que oscilan como banderas al viento. Da igual que no estemos cerca del Polo Norte, donde las auroras suelen ser comunes. Podría tratarse perfectamente de Nueva York, Madrid o Pekín. Pasados unos segundos, las bombillas empiezan a parpadear, como si estuvieran a punto de fallar. Después, por un breve instante, brillan con una intensidad inusitada... y se apagan para siempre. En menos de un minuto y medio, toda la ciudad, todo el país, todo el continente, está completamente a oscuras y sin energía eléctrica. Un año después, la situación no ha cambiado. Sigue sin haber suministro y los muertos en las grandes ciudades se cuentan por millones. En todo el planeta está sucediendo lo mismo. ¿El causante del desastre? Una única y gran tormenta espacial, generada a más de 150 millones de kilómetros de distancia, en la superficie del Sol.» (1)

Así reza una nota publicada por la ABC, el 10 de febrero del 2010, a propósito del informe especial de la NASA, dado a conocer por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (NAS). El informe en cuestión revela la altísima probabilidad de una tormenta solar y solar y sus efectos. Una noticia que, aclara la nota de prensa, no pretende sumarse a los demás pronósticos sensacionalistas que apuntan a señalar el 2012 como el año del fin del mundo, sino simplemente advertir de una probable situación que, de ocurrir, tendría un efecto devastador sobre la humanidad, dado que acabaría con los transformadores eléctricos, ocasionando una seria escasez de agua e interrumpiendo el transporte que depende de la energía para su funcionamiento, afectando considerablemente a aquellos que constituyen parte de la población más vulnerable, especialmente por temas relacionados con la salud.

Aunque las especulaciones respecto de los tiempos finales han existido siempre, provenientes en su mayoría de tribunas místico religiosas (fanáticos), la verdad de las cosas es que nunca como en nuestros días la realidad de un apocalipsis del ecosistema ha generado tanta preocupación y promoción de la conciencia de responsabilidad, pues somos nosotros los que hemos causado que las cosas estén como están. Los desastres naturales que podrían haberse evitado, los fenómenos de alteración climática, el deshielo de los glaciares, y la lista sigue, todo es consecuencia de nuestro propio accionar, o mal accionar.

Reciclar, hacer uso apropiado de los recursos naturales, proteger las especies en extinción, cuidarnos a nosotros mismos y mejorar nuestra calidad de vida, todo suma a los esfuerzos en pro de la preservación de la especie y de la naturaleza, que inexorablemente ve llegar aquello que sabemos es inminente e irreversible. Pero, ¿será que eso es todo lo que nos toca hacer?

Hacia mediados del primer siglo de la era cristiana, el apóstol Pedro instaba:

«Recuerden el mensaje que los profetas de Dios nos dieron hace mucho tiempo. No olviden el mandamiento que nos dio nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y que los apóstoles les enseñaron a ustedes. En primer lugar, tomen en cuenta que, en los últimos días, vendrán algunos que sólo pensarán en sus malos deseos. Se burlarán de ustedes y les preguntarán: “¿Qué pasó con la promesa de que Jesucristo regresaría? Ya murieron nuestros padres, ¡y todo sigue igual que cuando el mundo fue creado!” Esa gente no quiere darse cuenta de que, hace mucho tiempo, Dios creó los cielos y la tierra, y de que con sólo una orden separó la tierra y los mares. Además, Dios usó el agua del diluvio para destruir al mundo de esa época; pero, con ese mismo poder, ha dado la orden de que, en el momento indicado, los cielos y la tierra que ahora existen sean destruidos con fuego. Serán quemados el día en que Dios juzgue a todos y destruya a los que hacen el mal.» (2)

En las palabras de aquel rudo ex pescador había una claridad meridiana de las cosas que hoy en día la ciencia apunta como descubrimiento, lo que no es de extrañar a quienes saben de dónde provenía tal conocimiento profético y tienen su confianza puesta en el Autor y Creador de todo lo visible. Pero, en lo dicho también hay una clara exhortación a no olvidar el mandamiento antiguo, aquel que enseña a honrar a Dios por sobre todas las cosas, puesto que el temido fin del mundo no es sino el punto de encuentro, o debiéramos decir más bien de reencuentro, con Aquel que nos dio la vida y nos puso a cargo de todo lo creado para administrarlo sabiamente.

El día de rendición de cuentas llegará, sí, aunque nos pese admitirlo o queramos negarlo. Y ese día, como suele ocurrir cuando hay que rendir cuentas, sabremos si hicimos bien o mal administrando aquello que se nos confió y que no nos pertenece, la propia vida para empezar. Por eso, el apóstol acota: No es que Dios sea lento para cumplir su promesa [la de su Segunda Venida], como algunos piensan. Lo que pasa es que Dios tiene paciencia con ustedes, porque él no quiere que nadie muera, sino que todos vuelvan a obedecerle. (3)

Claro está que, una vez más, lo anteriormente dicho podría tildarse de fanatismo religioso o misticismo sensacionalista; pero, dadas las circunstancias, como dijera Blas Pascal, es preferible equivocarse creyendo en un dios que no existe que equivocarse no creyendo en un dios que existe. ¿No crees?



 

Rev. Julio César Lugo

(1) http://www.abc.es/20100222/ciencia-tecnologia-espacio-sistema-solar/tormenta-solar-mundo-201002221039.html
(2) Segunda de Pedro 3:3-7, La Biblia, Traducción en Lenguaje Actual
(3) Segunda de Pedro 3:9, La Biblia, Traducción en Lenguaje Actual

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Julio 2012 - El Silencio de los bondadosos


Lima se ha convertido en el nuevo eje de la trata de personas en América Latina. En los últimos meses se han registrado más de cuatro mil delitos de violación de la libertad sexual a nivel nacional, de los cuales el 55 por ciento son delitos cometidos en agravio de los menores de edad. En el ranking mundial nos ubicamos en el puesto 16 en violaciones sexuales y, en Sudamérica, encabezamos la lista. Dos mil quinientos niños procedentes de cuarenta países, entre los cuales está el Perú, han sido víctimas de abusos sexuales en los últimos dos años y medio.

Alarmantes noticias que dan cuenta de una sociedad marcada aún por las cicatrices de la violencia, la desvalorización de la vida y aquella ética que exacerba hasta límites insospechados el desprecio al otro y la complicidad con la denigración de la dignidad humana. Somos cada vez más, como diría el escritor Ernesto Sábato, una sociedad enferma y deshumanizada.

En palabras del pastor Darío López, «las formas refinadas y sutiles de asesinar a millones de inocentes y de devaluar la dignidad humana de los desvalidos de este tiempo, forman parte del círculo diabólico de muerte y violencia, contrario al propósito liberador de Dios». (1)
En este contexto ¿cuál es el lugar que nos corresponde a los cristianos, a los discípulos de Jesús, a los seguidores del Dios de la vida? ¿Podemos quedarnos en la tranquilidad de nuestras «sinagogas contemporáneas» mientras más allá de nuestras cuatro paredes la gente se sigue deshumanizando, vive atrapada en las redes de la maldad o esclavizada por aquellos que comercializan con el sexo, la violencia o la propia pobreza?

El desafío mayor para los cristianos es el de constituirnos en agentes activos para la verdadera transformación integral de nuestra sociedad, que empieza por un llamado radical al retorno, al encuentro genuino con el Dios de la creación, la vida y la historia.
«Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.» (2 Crónicas 7:14)

Pero, esto implica también, levantar en alto nuestra voz contra los perpetradores de la maldad y los violadores de los derechos.
«No participen en las obras inútiles de la maldad y la oscuridad; al contrario, sáquenlas a la luz.» (Efesios 3:11-NTV)
Muchas veces, lo preocupante –como decía Martin Luther King– no es la perversidad de los malvados, sino el silencio de los bondadosos. Por ello, la demanda de este tiempo es el ser una comunidad de cristianos que no pierda su papel contracultural y transformador dentro de una sociedad que rinde culto a la muerte, alimenta la cultura de la violencia y va perdiendo de a pocos el aprecio por la vida, por la creación de Dios. Esto implica que no podemos obviar nuestra responsabilidad de ser comunidades encarnadas, compasivas y sanadoras, porque nuestro Dios quiere sanar nuestra tierra y nos invita a ser luz en la tinieblas, testigos de su poder sanador y agentes de su gracia redentora (Hechos 1:8).

Dejemos que «Jesús nos inspire a extender la lógica de su propio ministerio de una manera imaginativa y creativa en medio de otras condiciones históricas… la sociedad será diferente si en ella existe un grupo de seres humanos que, concentrados en la realidad del Reino de Dios y orando para que venga, levantan la voz a favor de los débiles, sirven a los marginados y, sobre todo, “proclaman el año favorable del Señor”» (2).

Que nuestra oración sea aquella que clama que «Dios levante una generación de cristianos que estén determinados a construir un puente sobre el vacío, que se esfuercen por relacionar la Palabra inmutable de Dios con nuestro mundo que no deja de cambiar…., [rehusándose] a transar el contenido divino del mensaje o ignorar el contexto humano en el que debe ser pronunciado.» (3)


 

Rolando Pérez
  1. Darío López, «La Misión Liberadora de Jesús», p. 6.
  2. Lochman, Jan M. «Church and World in the Light of the Kingdom». p. 67
  3. John Stott, «La Predicación Puente Entre Dos Mundos». p. 138

 

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Agosto 2012 - Inclusión


Uno de los conceptos contemporáneos de mayor difusión y discusión es el de la inclusión social. La frase en cuestión se ha convertido en una consigna de vida -en muchos casos con justificada razón- por diversos grupos sociales que reclaman sus derechos, los cuales ven mancillados o tenidos en poca estima.

Bajo esta bandera, reclamando su legitimidad, hemos visto, por ejemplo, que quienes sembraron el terror a lo largo de dos décadas y dieron muerte a miles de compatriotas, incluyendo niños, pretendieron incluirse en la vida política de la nación, generando una inmediata y enérgica reacción en diversos estamentos de la sociedad, quienes se encargaron de hacer inviable la temeraria intención.

Por otro lado, esfuerzos loables han contribuido desde distintas trincheras a echar abajo la llamada «discriminación estructural» que aún subsiste en nuestras latitudes, logrando desarrollar una mayor conciencia de la genuina inclusión que dignifica a los seres humanos, tratándolos por igual.

Al mismo tiempo, en el terreno eclesiástico, comienza a oírse con más fuerza en nuestro contexto inmediato el reclamo de quienes se sienten marginados por estructuras o dogmas religiosos que afectan sus derechos, impidiéndoles el desarrollo de una vida plena, según ellos la entienden o desean.

A la luz de esto último, cabría preguntarse:

¿Fue Cristo inclusivo o excluyente?

¿Son los Evangelios generadores de brechas o indiferentes a la existencia de las mismas?

San Pablo escribe a los cristianos de Galacia, diciéndoles:
«Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús» (1)

Al enseñar a la cristiandad de esta manera, el respetado ex rabino y apóstol estaba haciendo trizas la consabida oración matutina de la ortodoxia hebrea de antaño, que indebidamente instruía al varón a rezar dando gracias a Dios por no haberlo hecho nacer «ni mujer, ni esclavo, ni gentil» (es decir extranjero), considerados estos últimos como «leña para el infierno». Y qué duda cabe que la indicación paulina era congruente con la proclama del Evangelio.

Jesús tuvo entre sus filas a Judas Iscariote, el traidor a quien amó hasta el final; a Simón «el zelote», cuyo trasfondo político sanguinario era ampliamente conocido y temido por Roma; a Mateo «el publicano», carroña indigna de participar en los servicios religiosos de las sinagogas o el Templo por haberse vendido al Imperio para cobrar impuestos a sus connacionales. Y por si la lista no fuera suficiente, había mujeres como María Magdalena, otrora habitación de siete demonios; o la mujer samaritana, que había tenido cinco maridos ajenos en su haber. En fin, una feligresía impropia, dirían algunos.

En tal sentido, no debemos ignorar que, al tener frente a sí a la mujer sorprendida en el acto mismo de adulterio, y a la jauría religiosa que pedía su lapidación, fue Jesús quien dijo: «el que de vosotros esté sin pecado, que tire la primera piedra» Y es que el Cristo inclusivo de los evangelios, «no necesitaba que nadie le informara nada acerca de los demás, pues él conocía el interior del ser humano» (2) y sabía bien cuál era su misión.

El propósito supremo del Plan de Dios es crear una nueva humanidad, reconciliada con Él, en primer lugar, para que ésta pueda reconciliarse luego consigo misma, como una consecuencia poderosa de su amor, que nos reviste de Cristo.

Fue este el gran descubrimiento de Pedro, cuando dejando de lado su alienada percepción de la humanidad le tuvo que dar la buena noticia del Evangelio a Cornelio, el centurión romano, quien la recibió junto con toda su familia. Así, no le quedó más que afirmar: «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia» (3)

Cristo no es excluyente, de ninguna manera. Pero tampoco es inclusivo según nuestro particular entendimiento del concepto, sino al suyo.

De María Magdalena, expulsó los demonios; de Mateo «el publicano» le arrancó el apetito de los tributos mal habidos; de Simón «el zelote» hizo un pacificador; a la Samaritana la convirtió en alguien capaz de reconocer que su condición no era digna de una verdadera adoradora; y a la anónima mujer sorprendida in fraganti en el acto mismo de adulterio le dijo:

«Yo no te condeno;
vete, y no peques más» (4)

 

La iglesia es un organismo vivo en el que todos y cada uno de sus miembros tienen una especial función, dirigida al cumplimiento del objetivo supremo del Plan de Dios, que es, como ya dijimos, crear una nueva humanidad, «revestida de Cristo». Y esto es algo que todo aquel que se defina como creyente debe tener bien en claro, pues como dijera el discípulo amado:

«El que dice que permanece en él,
debe andar como él anduvo» (5)

 

Rev. Julio César Lugo

(1) Gálatas 3:27-28
(2) Juan 2:25
(3) Hechos 10:34-35
(4) Juan 8:11
(5) 1 Juan 2:6

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Setiembre 2012 - Problemas Grandes en Mundos Pequeños

En una reciente entrevista, el jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), José Luis Pérez Guadalupe, señaló que «la violación, el abuso sexual y figuras similares que configuran como delitos sexuales, son la tercera causa de prisión efectiva en el país y comprenden al 20% de los internos con sentencia firme»(1). Considerando que la población actual de los penales en el país es de, es de sesenta mil reos, aproximadamente, la cifra no es nada insignificante.

Por otro lado, de acuerdo con datos proporcionados por la División de Investigación de Delitos de Alta Tecnología (DIVINDAT) de la Policía Nacional, «en los últimos meses, la actividad criminal de los pedófilos en nuestro país se ha incrementado en un 30% en Internet»(2). En este mismo contexto, Dimitri Senmache, presidente de la Red Peruana contra la Pornografía Infantil, señaló que su institución realiza al menos veinte denuncias diarias por dicho delito(3) Todas estas cifras deben ser consideradas, de manera particular, dentro del marco de la realidad mundial propia de la Internet, que ha crecido en un 350% desde la década de los ochenta, superando a la televisión como medio de entretenimiento preferido por los niños.

Se sabe, además, que los jóvenes de más de doce años usan 34 Giga-bites cada día navegando en internet, y que el 43% de los contenidos que se ofrecen en dicha red de internautas está referido a material pornográfico: esto representa un promedio de 420 millones de páginas web con contenido pornográfico. Qué duda cabe que la situación es extremadamente escalofriante, tanto por los peligros potenciales que encierra, como por la problemática social que pone en evidencia. Un peligro del cual no somos ajenos en Latinoamérica, pues Bolivia, Chile, Ecuador, Perú México y Colombia se ubican, en ese orden, dentro de los diez países del mundo que tienen mayor conexión con material pornográfico. Es decir, 60% del problema está en nuestro propio entorno.

¿Qué hacer frente a tal situación?

En qué medida podemos contribuir a solucionar el problema, si tenemos en cuenta que, según los entendidos en el tema, la primera exposición a la pornografía en la Internet ocurre, en promedio, a los de nueve años de edad y durante actividades tan inocuas y necesarias, como son la búsqueda de información para realizar tareas escolares(4).

El apóstol Santiago señala claramente en su epístola que
 «cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte»(5).

Pero, ¿podemos hablar de tentaciones sexuales en la niñez? Aunque la respuesta nos resulte obvia, el gran problema comienza justamente cuando no hablamos
de él en el momento oportuno, que cuánto más temprano sea, a todas luces, es mejor; cosa que pocos padres comprenden en toda la dimensión de su responsabilidad.

No olvidemos que, de la mano con esta problemática, está la triste realidad que el propio Instituto Nacional de Estadística e Informática señala: la edad de iniciación sexual es cada vez más precoz (6), situándose esta a partir de los diez años de edad, cuando muchos padres suponen que sus hijos aún están entretenidos con diversiones infantiles.

Mientras no consideremos seriamente la realidad del pecado en toda su magnitud, despojándonos de tabúes o fanatismos religiosos  y sigamos tan solo enfocando la situación descrita desde un punto de vista sociológico, pedagógico o psicológico, no estaremos siendo parte de la solución, sino del problema. Nuestras cárceles seguirán sobrepoblándose de violadores, pedófilos y demás criminales de la sexualidad mal aprendida, mientras solo perfeccionemos nuestros mecanismos legales de represión y control de la situación, pero no procuremos construir una cultura preventiva integral desde la familia.

«La justicia enaltece a una nación, pero el
pecado deshonra a todos los pueblos»
(7)

 

Rev. Julio César Lugo

(1) Fuente: Diario el Comercio, domingo 26 de agosto de 2012.
(2) Fuente: Diario Perú 21, Jueves 14 de junio de 2012.
(3) Fuente: Diario Perú 21, Jueves 14 de junio de 2012
(4) Fuente: Alexa Research, NRC, PBS, WordTracker, Google, and MSNBC
www.Familysafemedia.com/pornography_statistics.html
(5) La Biblia, Santiago 1:14-15. Nueva Versión Internacional
(6) Fuente: www.inei.gob.pe/biblioineipub/bancopub/est/lib0078/S03-1.htm
(7) La Biblia, Proverbios 14:34. Nueva Versión Internacional

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Octubre 2012 - Mujer Objeto

Es alentador notar el liderazgo de las mujeres en diversas instancias públicas y privadas de nuestra sociedad. Es grato encontrar una relevante presencia femenina en espacios de poder cultural y político, así como en esfuerzos de emprendimiento social. Pero, al mismo tiempo, es doloroso ver a un vasto sector de la población femenina de nuestro país viviendo aún situaciones de discriminación, lidiando con una cultura del maltrato y transitando en medio de prácticas de estigmatización.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), las mujeres representan el 49.9% de la población peruana, es decir que, en número, hay tantas mujeres como hombres en el país. Sin embargo, las condiciones de vida femeninas no son las mismas que las de los hombres y estas desigualdades de género se acentúan mucho más en las zonas rurales. Ellas representan el 75% de la población analfabeta del Perú, aproximadamente un millón de mujeres no saben leer o escribir. Además, casi un tercio de la población femenina no tiene el acceso al seguro de salud.

Por otro lado, cada año se registran 3250 víctimas de violencia sexual en Lima, es decir, nueve mujeres violadas diariamente. La mayoría de estas denuncias son de mujeres menores entre los 14 y 17 años de edad(1). Esto se constituye en un escalofriante dato que revela el nivel de desvalorización y la subestimación de la dignidad de la mujer en la sociedad de la que somos parte.

A este cuadro se suman las imágenes que la sociedad machista nos muestra cada día a través de los medios de comunicación. Allí la mujer aparece marcada por estereotipos que la convierten en objeto de mercancía y representación de la cultura del morbo que aún corroe nuestra cultura. La industria publicitaria hace uso frecuente de una distorsionada imagen femenina para seducir a los consumidores y, por consiguiente, alimentar la cultura del consumismo, aquella que considera al otro como un producto que puede ser desechado, descartado o bien «consumido»(2). Esta influyente y masiva industria convierte a la mujer en objeto de una cultura que exacerba la doble moral, alimenta el morbo, acentúa la insensibilidad y legitima el desprecio al ser humano.

Este cuadro sobre la imagen de la mujer en nuestra sociedad «moderna» revela que la nuestra es aún una
sociedad no solo machista, sino también patriarcal, que reproduce aquellas estructuras sociales y prácticas culturales que desvalorizan la dignidad de las mujeres e imposibilitan el ejercicio pleno de su ciudadanía.

Frente a esto, aquellos que queremos vivir en un mundo verdaderamente saludable, en el que todos y todas disfrutemos de una vida plena, tenemos que asumir una actitud menos pasiva y más proactiva frente a todo tipo de discriminación y maltrato, tanto en el seno de nuestras familias como en la sociedad. La buena noticia es que, en esta cruzada, Dios está del lado nuestro, porque ama su creación y no se complace en la esclavitud ni la opresión(3), y su amor no hace acepción de personas(4). Por el contrario, Él anhela un mundo plenamente reconciliado, sin muros ni cadenas, un mundo en el que Su amor liberador, su poder sanador, nos ayude a salir de nuestras propias esclavitudes que nos hacen prisioneros o perpetradores de la discriminación(5)


 

Mg. Rolando Pérez

1. INEI, Defensoría del Pueblo y Organización Mundial de la Salud
2. Zygmunt Bauman. Vida de Consumo. Buenos Aires, 2007
3. Salmo 103:6
4. 2 Crónicas. 19:7
5. Cunningham, Loren & David Hamilton. ¿Por Qué no la Mujer?, USA, 2003

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Noviembre 2012 - Responsabilidad


Los lamentables y recientes sucesos ocurridos en nuestra ciudad merecen más que una simple reacción de repudio o la búsqueda de responsables en los distintos estamentos involucrados para hacer que el peso de la ley caiga sobre ellos.

¿Quién puede sentirse cómodo conformándose simplemente con asumir el rol de ser un espectador más impactado por las imágenes transmitidas
«en vivo y en directo» desde el escenario de los hechos? ¿Quién puede resignarse a creer que la barbarie que tanta indignación nos causa esté fuera de nuestro ámbito de responsabilidad? La ocasión es oportuna para reconocer que todos nosotros somos protagonistas en el acto de construir una sociedad cimentada en el buen trato y en el respeto mutuo, no solo de nuestros derechos ciudadanos, sino de nuestra dignidad como seres humanos.

Un «post» en las redes sociales decía:
«Triste muy triste... pienso que a veces los seres humanos nos comportamos de forma tal que eso de "humanos" nos queda grande...». Al leerlo me sentí conmovido, y de  manera súbita cuestioné mi propio sentido de humanidad, pues es fácil juzgar y sentirse ajeno a la maldad de otros, pensando que no se es en alguna medida responsable de ella; pero, ¿será que en efecto no lo soy?

Cada día, al transitar por las agitadas calles limeñas, sazonadas por el angustiante tráfico y el acostumbrado tráfago que nos asedia, hacemos o dejamos de hacer algo en pro de la sociedad con valores en la que todos deseamos vivir, esa que queremos legar a nuestros hijos. Cada día la vida nos presenta una y mil oportunidades de expresar nuestro sentido de humanidad, para hacer que otros se sientan...
...dignificados y no atropellados, apreciados y no humillados, valorados y no ignorados.

Recuerdo entonces la voz del profeta, quien, movido por la indicación divina, se dirige a sus connacionales que se sienten extraños en una tierra que no sienten suya y con la cual no quieren comprometerse.  La carta inspirada por el Altísimo tenía una recomendación puntual:

«Y trabajen por la paz y prosperidad de la ciudad donde los envié al destierro. Pidan al Señor por la ciudad, porque del bienestar de la ciudad dependerá el bienestar de ustedes»*

Con ella, Dios procuraba hacerle entender a los suyos cuán responsables eran de construir una sociedad digna, en medio de un contexto poco grato, como lo era la bárbara y sangrienta Babilonia de antaño.

No debemos permitir la impunidad, es cierto, pero tampoco podemos evadir nuestra personal responsabilidad en la construcción de esto que no es otra cosa que el vecindario grande en el cual nacemos, crecemos y vivimos. No sea que nos pase aquello que Julio Cortázar decía:
«Estuve a punto de hacerlo, y ahora no soy más que uno de los muchos que se preguntan por qué en algún momento no hicieron lo que habían pensado hacer».

Sí, es bueno que oremos para que Dios bendiga nuestra nación, pero más aún que hagamos de ella una tierra de bendición.


¡Hagamos Patria!


 

Rv. Julio César Lugo

* Jeremías 29:7

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Diciembre 2012 - Con ocasión de la Navidad

La proximidad de la Navidad es sin duda un tiempo festivo, para muchos. Sin embargo, ¿quién podría negar que para otros es un angustioso trance cargado de nostalgia y pesar?

La algarabía multitudinaria de la festividad opaca esa silenciosa sensación de velada aflicción, pero no la quita, pues siempre hay quienes haciendo su mayor esfuerzo esperan tan solo que el tiempo pase y todo vuelva a la normalidad.

Sobradas razones no encuentran eco en la exacerbada alegría de estas fiestas. El sinsabor de un distanciamiento familiar, la frustración de una decepción amorosa, el pesar de una enfermedad inesperada, la cruda realidad de un hogar quebrantado, un ser querido que ya no está, la desazón que produce el no tener lo necesario. Motivos diversos que afligen el alma, indisponiéndola para celebrar, aunque se quiera.


Para aquellos que no encontraban esa paz interior en medio de las circunstancias, la voz del Dios Soberano les dijo por medio del profeta Isaías: «Más no habrá para siempre oscuridad para los que ahora están en angustia… Porque un niño no es nacido… y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz» (Is. 9:1-6).

El Señor que se pronunció en medio de la angustia de su pueblo, lo hizo exactamente cuando no había motivos para celebrar, porque sabía cuánto lo necesitaban. No era un anuncio pueril cargado de estimulación mediática, era una voz profética que buscaba, cual bálsamo del cielo, refrescar los pesares profundos que apagan el espíritu de los seres humanos.


Y hoy, esa misma intención busca alcanzar a quienes se esfuercen por creer en Sus palabras, aunque no les sea fácil; pues así como vino por primera vez, vendrá nuevamente. Cuando su promesa se haga visible una vez más, entonces «ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor» (Ap. 21:4) por que todo esto que vemos ya no será más. Todo será hecho nuevo.

¡Esa sí que será una verdadera fiesta!

 

Rev. Julio César Lugo



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Editoriales año 2011

Relación de editoriales del año 2011

Enero 2011 - Vivir con Sentido



En la década de los ochenta se publicó un libro titulado “The Meaning of Life According Our Century’s Greatest Writers and Thinkers” [El Significado de la Vida de Acuerdo con los Más Grandes Escritores y Pensadores de Nuestro Siglo] en el que el Dr. Hugh Moorhead, filósofo y catedrático de la Universidad de Northeastern Illinois, compiló las distintas 250 respuestas que recibió de parte de los más renombrados filósofos, escritores, pensadores, hombres de ciencia e intelectuales del mundo, a quienes les había formulado por escrito una breve pregunta: “¿Cuál es el significado o propósito de la vida?”

Las respuestas que el Dr. Moorhead recibió a la interrogante planteada fueron de lo más diversas e interesantes a la vez. El reconocido sicólogo y ensayista Carl Jung, por ejemplo, a quien treinta años atrás Moorhead había enviado su copia del libro “The Modern Man in Search of a Soul” [El Hombre Moderno en Busca de un Alma] para que se la autografiara y le respondiera a la pregunta en cuestión, le envió de vuelta el libro autografiado y con la siguiente respuesta: “No conozco el significado o propósito de la vida, pero algún sentido tiene que tener”. Isaac Asimov, escritor y bioquímico ruso, le contestó diciéndole: “en lo que a mí respecta, la vida no tiene sentido”. El astrofísico norteamericano, ganador del Premio Nobel de Física, Joseph Taylor, respondió así: “no tengo respuestas al significado de la vida, y ya me cansé de buscarlas.”

El camino de la especulativa revelación filosófica, por sí sola, no es en absoluto una vía segura para responder a la duda existencial. ¿Cómo entonces encontrar respuesta a una pregunta tan trascendente?

El físico y filósofo francés Blaise Pascal decía que dentro del corazón de cada ser humano existe un vacío en forma de Dios, un vacío que no puede ser llenado con ninguna de las cosas creadas y Las Escrituras, por su parte, nos dicen que Dios ha puesto en el corazón de los seres humanos una conciencia de eternidad, aun cuando nosotros no alcanzamos a comprender lo que esto en realidad esto implica (Ec. 3:11). Si somos lo suficientemente sensatos para reconocer y aceptar ambas verdades, entonces nos encontraremos en el punto de partida exacto que conduce a la satisfacción plena de tan profunda interrogante. Fuimos creados por Dios y para Dios, y sin Él la vida carece de sentido.

A lo largo de la historia de la humanidad, hombres y mujeres, grandes o humildes, que han sabido reconocer su personal auto insuficiencia, aceptando la suprema verdad de la revelación divina como el fundamento de sus vidas han encontrado en Dios el verdadero sentido y propósito de vivir, y al hacerlo han encontrado paz.

Quiera Dios que esa paz bendiga tu corazón en este nuevo año que comienza.

  Rev. Julio César Lugo
 
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Febrero 2011 - Contemplar la Hermosura


En 1960, dos hombres de espíritu aventurero tomaron la decisión trascendental de descender a la parte más profunda del océano, ubicada en la fosa de las Islas Marianas en el Pacífico, a 10911 metros de profundidad.
Para realizar tamaña proeza se tuvo que construir un batiscafo especial, extremando al máximo el cuidado de cada detalle, pues a esa profundidad la presión es de 7 toneladas por cada 25 milímetros cuadrados. ¡Todo un desafío!

Cuando por fin llegó el día señalado, Don Walsh y Jacques Piccard iniciaron el descenso con enorme expectativa, contemplando extasiados cosas que ningún ojo humano había visto hasta entonces. Aunque su anhelo era grande, jamás hubieran podido imaginar descubrir tanta belleza en lo profundo del mar, a pesar de que solo pudieron permanecer allí durante 20 minutos.

Definitivamente hay decisiones audaces y trascendentes que marcan hitos en nuestra vida para bien. Luego de vivir esta hermosa experiencia, Jacques Piccard se dedicó en cuerpo y alma a construir sumergibles de profundidades medias (mesoscafos), incluyendo el primer submarino turístico que logró llevar 33000 pasajeros a las profundidades del Lago Ginebra durante la Exhibición Nacional Suiza de 1964. ¡Quería que otros también disfrutaran tan extraordinaria aventura!

Pensando en esto, ¿te has puesto a pensar cuánta belleza podrías contemplar si decidieras internarte en la hermosura de la presencia del Creador? ¡Cómo cambiaría nuestra vida si decidiéramos en verdad invertir unos cuantos minutos de nuestro tiempo diario para adentrarnos en la insondable grandeza de Su presencia!

El gran rey David dijo alguna vez:

«Una sola cosa le he pedido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la presencia del Altísimo todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de mi Dios y recrearme en Su santuario.» (Sal. 27:4)

Su corazón era el de un verdadero adorador.

¡La aventura más grande y sublime de la vida cristiana comienza con la decisión de profundizar nuestra relación de comunión con Dios! ¿Aceptarías el reto?

Rev. Julio César Lugo

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Marzo 2011 - Si Jesús fuera candidato

 
Si Jesús fuera candidato,

¿Qué nos ofrecería?
¿Acaso mejorar nuestra pobre economía?
Creo con certeza que cosas mejores haría.

Si Jesús fuera candidato,
La sociedad transformaría
Sin discursos, sin agravios, ni vana palabrería.
Estoy seguro que su mensaje diferencia marcaría.

Si Jesús fuera candidato,
¡Cuántas cosas cambiaría!
La miseria, la injusticia, la violencia, todo desaparecería.
Pero, ¿has pensado de qué manera lo haría?

Si Jesús fuera candidato,

¿Cuánta esperanza nos daría?
El dolor, el llanto, el desconsuelo, al instante los mitigaría.
Su sola presencia tan sólo bastaría.

Si Jesús fuera candidato,

¿Qué símbolo imaginas que escogería?
¿Acaso llevar la cruz otra vez demandaría?
¿O tan sólo con que la besáramos se conformaría?

Si Jesús fuera candidato,
¿Qué “eslogan” usaría?
¿Alguno que pudiéramos corear con algarabía?
¿No será que al arrepentimiento de nuevo nos exhortaría?

Si Jesús fuera candidato,
¿Qué libertades nos prometería?
¿Vivir como quisiéramos nos permitiría?
¿No fue para libertarnos del pecado que Él se entregaría?

¡Si Jesús fuera candidato!
Oírlo parece una ironía
Si hace tanto que ignoramos lo que Él nos ofrecía
Relegándolo a reuniones de cualquier feligresía

Si Jesús fuera candidato,

¿Qué crees que te pediría?
¿Un voto para seguir conviviendo con la fe y la hipocresía?
¡Imposible! Él no reina en la politiquería.


 
Rev. Julio César Lugo.
  “Mi reino no es de este mundo” Jesucristo  

Abril 2011 - A su Servicio


Josué tomo la posta de Moisés, uno de los más grandes hombres de fe en la Biblia, a quien se le recuerda como un hombre muy cercano a Dios. Este fue un reto grande de una persona que Él mismo había preparado y forjado en carácter para continuar la obra del libertador del pueblo y acreedor de grandes proezas.

Josué demostró en varias ocasiones que estaba dispuesto no solo a dirigir sino a participar con su pueblo en las batallas que emprendía. Un buen ejemplo es la toma y destrucción de Hai, que se cita en el libro de Josué 8. Él estuvo conjuntamente con su ejército en los lugares más peligrosos antes que en una dirección lejana o en un frente seguro.

Blackaby y Blackaby (2008) cita este hecho diciendo que “Él rechazó ponerse por encima de las privaciones que su pueblo experimentaba. Él era el siervo de Dios, no el rey del pueblo, y aquella realidad influyó en la manera que dirigía a su gente … Josué podría haberse escondido en la emboscada con veinticinco mil hombres, en cambio se colocó entre los cinco mil soldados que organizaron una marcha atrás difícil para que el enemigo los persiguiera y de esa forma el enemigo abandonara la protección de su ciudad. Tal liderazgo valeroso no era inadvertido entre sus hombres. Los soldados se motivan más en seguir a un líder que nunca les pide hacer algo que él mismo no quiere hacer.”(1)

Sobre el mismo asunto, Silva (2008) señala: “¡Interesante! Josué con su grupo sería la ‘carnada’ militar. El conquistador se pondría en la línea de batalla, se metería a la zona roja. Él mismo se expondría al peligro de ser perseguido con sus hombres para proteger a sus subalternos y al pueblo. El verdadero conquistador cuida y protege a su gente. Con su vida como ejemplo dirige y enseña a otros.”(2)

Este era realmente un liderazgo de servicio y no un liderazgo para servirse. Quienes nos encontramos en una posición de dirección o de autoridad sobre unos pocos, o quizás muchos colaboradores, vemos que solo un liderazgo genuino y con vocación de servicio será reconocido en el largo plazo. Esta situación fue reconocida algunos siglos después explícitamente por nuestro Señor Jesucristo cuando en el Evangelio de Mateo nos indica:

“Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:25-28)

Esta enseñanza, aplicada retroactivamente a Josué, nos da la seguridad que el pueblo de Israel sabía por los hechos que Josué dirigía con la finalidad de dar gloria a Dios y bajo Su entera dirección, que finalmente llevaría a un camino de bendición para el pueblo. No se trataba de un líder egoísta sino de alguien dispuesto a poner en juego su vida en la misión divinamente encargada.

Que Dios nos ayude a imitar a este siervo extraordinario en los ministerios que Él nos ha encargado en la vida.

"Pero si a ustedes les parece mal servir al Señor, Elijan ustedes mismos a quién van a servir... Por mi parte, yo y mi familia serviremos al Señor". (Josué 24:15)

Edwin Quintanilla

 

(1) H. Blackaby y R. Blackaby, “Llamado a ser un líder de Dios: Lecciones de la vida de Josué”, p.72

(2) K Silva, "Josué el Conquistador". p. 8

Mayo 2011 - Con las manos en el barro


Nadie puede negar que la demanda del Señor a sus seguidores poco antes de partir, conocida por todos como “La Gran Comisión” (Mt. 28:19-20), es una tarea ineludible que nos atañe.

«Id, y haced discípulos a todas las naciones» fueron Sus palabras, las cuales encierran un mandato clarísimo, atesorado por las iglesias durante siglos y llevado a la práctica en una expresión de genuina obediencia por parte de aquellos que asumen con sincera entrega el compromiso.

Visto de manera espiritual, el mandato es sublime. Considerado en la práctica, la labor es seriamente exigente y pone a prueba el verdadero calibre de nuestra fe, pues la tarea de construir «el edificio de Dios» (1 Cor. 3:9 RVR) implica en los hechos estar dispuesto a meter las manos en el barro, como Jesús lo hizo.

Dios nos creó del «polvo de la tierra», sopló en nosotros el hálito de vida que nos hizo seres humanos conforme a Su imagen y semejanza (Gén. 1:26 y 2:7), y se regocijó al ver que la expresión cúspide de Su creación era «excelente desde todo punto de vista» (Gén 1:31 LBD) Pero el pecado entró en escena y desfiguró por completo aquella imagen perfecta, fruto de la obra del Creador.

Las más grandes distorsiones de la personalidad humana, y por ende de la sociedad, tienen su origen en aquel triste episodio de Génesis 3, y son éstas con las que tenemos que lidiar en nuestra sublime tarea de hacer discípulos. Si esto pudiera hacerse sin estar dispuestos a meter las manos en el barro, sería sencillo. Pero no, no es así. Tenemos que aprender a lidiar con aquello mismo que el Maestro lidió, a fin de reconstruir en cada hombre y en cada mujer la imagen gloriosa de Cristo.

¿Piensas acaso que fue fácil para Él moldear al impulsivo Pedro? ¿Crees que le habrá sido más sencillo trabajar con el incrédulo Tomás, la afanada Marta o el afectuoso Juan? Las respuestas particulares en cada caso son obvias, están escritas, y debemos reconocerlas, pues esto es lo que implica en esencia estar dispuestos a meter las manos en el barro, como colaboradores eficaces del Alfarero.

El propio Pablo, refiriéndose a los amados hermanos de la iglesia en Galacia, fruto de su diligente ministerio, dijo en su momento: «Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros», y en su declaración pone de manifiesto no sólo el compromiso de quien asume la tarea con gozo, sino la conciencia personal del esfuerzo y del dolor que ello implica. Un esfuerzo y un dolor que constituyen el precio del discipulado eficaz que Dios demanda de nosotros, pero que no todos están dispuestos a pagar.


  Rev. Julio César Lugo
 
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Junio 2011 - Con Cristo Crucificado


“He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.” (Gál. 2:20)

 

No cabe duda que el sacrificio del Señor Jesucristo marcó indeleblemente el corazón del apóstol Pablo y todo lo que él hizo durante su existencia, luego de su conversión. Y es que cuando alcanzamos a comprender el significado de la Cruz en su verdadera dimensión, aceptando sin ambages sus demandas inherentes a la voluntad de Dios para nuestras vidas, nos convertimos en fieles seguidores y discípulos auténticos del Maestro. Pablo así lo hizo, pues se sabía crucificado con Cristo, muerto a sí mismo, pero vivo para Dios y Sus planes en un contexto difícil, como fue el Imperio Romano.

Muchos como él han entendido también que la Cruz, emblema de nuestra fe, tiene más que una dimensión simbólica y que ella representa un compromiso de entrega total a la voluntad divina, para constituirnos en instrumentos de bendición en nuestro contexto.


Telémaco fue un monje cristiano del siglo IV que vivía en el desierto de Oriente dedicado a la vida de contemplación espiritual. Un buen día reacciona y deja el desierto, doblemente estéril para él, y emprende un largo viaje hacia Roma. Llegó a la imponente ciudad en tiempos del emperador Honorio, cuando el general Estílico celebraba su victoria sobre los godos. Aunque Roma era ya cristiana oficialmente, todavía subsistía el circo romano como el lugar donde los prisioneros de guerra luchaban por sus vidas.

Al ver la sangrienta escena Telémaco, impulsivamente, se lanza al ruedo tratando de impedir la masacre. La multitud vocifera a una pidiendo que lo saquen. Finalmente, ante su testaruda actitud, una espada se levanta y le asesta un mortal golpe. El monje cae a la arena y muere instantáneamente. A partir de ese momento nunca más volvió a darse un espectáculo sangriento en aquella arena. El historiador británico Gibon refiere que “su muerte fue más útil a la humanidad que su vida misma”.

Las páginas de la historia están adornadas por las vidas de hombres y mujeres que asumieron el costo de identificarse plenamente con el ejemplo de Cristo, y por ende con la humanidad; pero hemos de reiterar que ésto sólo es posible a partir del compromiso conciente con el reto que ello representa en nuestra vida cotidiana. Lastimosamente, vivimos tiempos en los cuales preferimos mantener el statu quo en lugar de comprometernos, como Jesús lo hizo por nosotros.

Este divorcio de la fe con las demandas del sufrimiento y la necesidad integral de nuestra sociedad hace que el mensaje del evangelio se torne ineficaz y se constituya únicamente en una suerte de escapismo religioso idealista, digno de un ermitaño pero nunca de un verdadero discípulo.

Hoy más que nunca necesitamos reivindicar el compromiso que como iglesia nos corresponde. Por eso, examinando nuestro corazón, debemos preguntarnos con honestidad:

¿Vive Cristo en mí?

 

 

Rev. Julio César Lugo
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Julio 2011 - Fortaleza y Poder

El capítulo cuatro del libro de los Hechos de los Apóstoles ubica a la iglesia en una coyuntura crítica. La proclamación del mensaje del evangelio estaba siendo confrontada frontalmente, pretendiendo acallarla por la vía del amedrentamiento.

El escenario que se observa en el relato merece ser observado con detenimiento, pues si bien la naciente iglesia no cedió a la presión de quienes entonces detentaban el poder, ésta no se enfrentó a sus opositores amparándose en su propia fortaleza, ni mucho menos en la fuerza de la legislación humana. El pronunciamiento de su liderazgo fue desafiante: «¿Acaso piensan que Dios quiere que los obedezcamos a ustedes en lugar de a Él?» (Hch. 4:19).

Aun cuando los tiempos hayan cambiado, este pronunciamiento deja en claro que la convicción de fe de la iglesia será siempre la más potente defensa que legítimamente esta pueda usar en contra de quienes pretendan deslegitimar la sana doctrina que la iglesia debe preservar al interior de sí misma, como un fundamento que contribuya a la construcción de la nueva sociedad que Dios desea establecer.

Con mucho acierto uno de los intelectuales de nuestros días señala:


"La semilla de las ideas falsas germina y crece hasta convertirse en relaciones sociales injustas y perniciosas que producen sufrimiento. El Señor Jesús y su Espíritu fundaron la iglesia para nutrir a las personas con verdades que liberan y promueven relaciones afectuosas. El apóstol Pablo dijo que la iglesia estaba destinada a ser columna y fundamento de la verdad (1 Tim. 3:15). Esto hace que la iglesia represente una amenaza para los que tienen intereses creados puestos en ideas falsas y opresivas" *


Pero hay algo que en medio de un escenario semejante no debe soslayarse nunca, pues si bien aquel pronunciamiento del liderazgo de la iglesia fue desafiante, a la vez era consciente de su necesaria dependencia del poder que solo el Santo Espíritu de Dios podía darles para enfrentar airosos una situación así.

Sin duda, vivimos momentos en los cuales la iglesia requiere expresar con firmeza sus argumentos, pero son también tiempos en los que nuestra dependencia del poder de Dios debe acrecentarse notablemente, pues, como dijera Pablo: «Somos humanos, pero no luchamos como lo hacen los humanos. Usamos las armas poderosas de Dios, no las del mundo, para derribar las fortalezas del razonamiento humano y para destruir argumentos falsos.» (2 Cor. 10:3-4)

 

Rev. Julio César Lugo

* Vishal Mangalwadi, Verdad y Transformación, p. 193

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Agosto 2011 - El Rostro del Desafío Social

El Rostro del Desafío Social

El Perú tiene un nuevo gobierno. El cambio en la administración gubernamental siempre genera expectativas respecto al rumbo que debe tomar el país, pero también nos recuerda la situación en la que nos encontramos. En ese sentido, el nuevo gobierno asume sus funciones en un contexto no sólo de grandes demandas políticas, sino también de enormes contrastes sociales, que se traduce –por ejemplo –en la inaceptable convivencia entre el notable crecimiento de nuestra economía a nivel macro y los aún altos índices de la pobreza extrema en el ámbito rural.

De igual modo, la prédica de la pacificación del país se ve contrastada por el incremento de la violencia cotidiana y los conflictos sociales no resueltos, que según el informe de la Defensoría del Pueblo, suman 227 casos. La corrupción en todos sus niveles es otro de los flagelos que aún nos interpela como sociedad y que da cuenta que a la pobreza material se suma a nuestra pobreza espiritual, al resquebrajamiento de nuestros valores morales, que no nos permite ser una sociedad verdaderamente civilizada, en el que el bien común sea verdaderamente valorado y afirmado.

A esto se suma la creciente crisis que observamos a nivel de la familia, una de las instituciones sociales desde donde debería empezar a construirse los cimientos morales de nuestro desarrollo integral como sociedad. La última encuesta del Instituto Nacional de Estadística señala que sólo el 25% de las mujeres que tienen pareja están casadas. Con respecto al año 2000, el número de parejas convivientes ha aumentado en 7%. Casi un 25% de los hogares están jefaturados por la mujer, es decir, son hogares donde la figura paterna no es que esté distorsionada, simplemente no existe. Los divorcios se han multiplicado. Cuatro de cada 10 mujeres que tuvieron pareja, han sufrido violencia física o sexual por parte del esposo o compañero. El 13% de mujeres entre 15 a 19 años de edad ya son madres.

Estas interpelantes imágenes del rostro social de nuestro país dan cuenta que aún somos una sociedad con fuertes fracturas morales, sedienta de una verdadera reconciliación y con marcadas exclusiones sociales. Cuál son los desafíos éticos en este momento crucial para el país?.

El gran reto para nuestras autoridades es asumir el liderazgo de la nación tomando en cuenta que nuestro desarrollo no debería circunscribirse sólo a grandes obras o acciones infraestructurales, sino también a la construcción de otros cimientos y pilares éticos del edificio, que deben sostenerse en aquellos valores que nos ayuden a construir una sociedad menos excluyente y más solidaria, que se sostenga en la verdad, que respete el derecho a la vida, en suma, que tenga como centro de su desarrollo la defensa de la dignidad humana, tan preciada por Dios porque creó al ser humano a imagen suya. (Gn. 1,27).

Los cristianos tenemos un desafío no menos importante: constituirnos en agentes activos para contribuir a la transformación integral de nuestra sociedad, mostrando en la vida cotidiana expresiones concretas del amor, la justicia, y la compasión cristiana, de modo tal que nos impulse no sólo a la caridad con nuestro prójimo, sino también a confrontar –como bien sostiene el filósofo Vishal Mangalwadi –las estructuras sociales y las prácticas culturales que hacen sufrir a la gente*.

En este contexto, además de constituirse en una comunidad inclusiva, compasiva y sanadora, la iglesia tiene el reto profético de anunciar la Verdad y develar “las obras infructuosas de las tinieblas” (Efe. 5:11). La buena noticia es que Dios quiere sanar nuestra tierra (II Crónicas 7:14) y nos invita a ser comunicadores de las primicias de su Reino en aquellos ámbitos de la sociedad en los que hemos sido llamados para ser testigos de su poder liberador y agentes de su gracia redentora (Hech. 1:8).

* Vishal Mangalwadi, Verdad y Transformación. p. 80.

 

Rolando Pérez
   
 
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Setiembre 2011 - Cristianos en el Mundo Hoy

Cristianos en el Mundo Hoy

El mundo de nuestros días nos propone un escenario de vida desafiante, especialmente para aquellos que deseamos mantener incólume la fe que profesamos. Pero, tenemos que reconocer que hay un serio problema al respecto.
Ser cristiano en la vida diaria es mucho más que un asunto de prácticas religiosas, es una realidad de conflicto espiritual que nos obliga, en principio, a ser conscientes de ella.
No puede haber creyente genuino que no enfrente batallas espirituales, afirmar tal cosa no sólo es una contradicción, sino en cierto modo una herejía.  Como cristianos, deberíamos posicionarnos frontalmente contra el sistema de injusticia que impera en la sociedad, a la par que luchamos contra ‘la carne’ -esa nuestra tendencia que nos empuja de continuo al mal- y contra Satanás. Sin embargo, como señala J.C. Ryle:

 “El síntoma más triste de muchos que se llaman cristianos es la total ausencia de conflictos y luchas en su cristianismo. Comen, beben, visten, trabajan, se divierten, ganan dinero, gastan dinero, van a servicios religiosos una o dos veces a la semana. Pero de la gran batalla espiritual –sus vigilias y sus luchas, sus agonías y ansiedades, sus batallas y contiendas– de todo esto ellos parecen no saber nada.” (1)

Pablo vivió intensamente, no sólo sus aventuras de fe misionera, sino también las profundas luchas espirituales que ello involucra, las mismas luchas que nosotros estamos llamados a encarar en nuestro diario vivir. Y para que esta sea una batalla correctamente asumida, desde una perspectiva bíblica sana, debemos vestirnos toda la armadura de Dios. Eso es ser consciente de la clase de conflagración que nos toca encarar como cristianos.

“Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales” (2)

No se trata de un simple conflicto de religiosidad, es mucho más serio que eso. Los conflictos de esta naturaleza son meramente temporales, mientras que las consecuencias de la lucha espiritual son de carácter eterno y por ende inalterable.

(1) J.C. Ryle, “La Lucha Espiritual”, capítulo 4 de libro “Un Llamado a la Santidad”, citado por Jeff Reed en “El Carácter de un Líder”, Lecturas Teológicas, p. 6
(2)Efesios 6:12, Nueva Versión Internacional

  Rev. Julio César Lugo
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Octubre 2011 - Prioridad a Dios


"Dime, Señor, ¿qué puedo decir ahora que Israel ha huido de sus enemigos? Los cananeos se enterarán y llamarán a los pueblos de la región; entonces nos rodearán y nos exterminarán. ¡Qué será de tu gran prestigio!" (Josué 7:8-9)

Josué se encontraba en lo que solemos llamar una situación límite, de un modo completamente inesperado. Estaba a la cabeza de su pueblo, que empezaba a experimentar como realidad su anhelo de varios siglos acerca de la posesión de un territorio. Acababan de concretar una resonante victoria en Jericó, pero la siguiente batalla, que no debía de haber pasado de ser una pequeña escaramuza, fue una trágica y vergonzosa derrota que echó una sombra de duda acerca de lo que Dios les había manifestado: que ya era el momento de cumplir su antigua promesa de darles un territorio.

Hoy sabemos que ello sucedió porque una persona desobedeció, desatendió las directivas dadas por Dios, pero Josué en primera instancia –al no conocer ello- reacciona con perplejidad. No era para menos. No solo se esfumaba su sueño, sino la misma supervivencia de su pueblo. Sin embargo en sus palabras hay algo que puede parecernos extraño: le preocupa que este fracaso afecte el prestigio del Señor, el concepto que otros tienen de Él. ¿Acaso la gravedad de la situación no la hace más importante que lo que la gente pudiera pensar sobre Dios?

Josué estaba cumpliendo una misión que le había sido encomendada por el Señor, para la cual se le había dicho claramente que se requería de su esfuerzo y valor. Los beneficiarios de esta misión eran su pueblo, y él mismo. El objetivo era la posesión de un territorio. Todo esto ¿sólo apuntaba al bienestar de Josué y su pueblo, a un legítimo derecho de prosperidad y desarrollo?

En nuestro siglo siguen pasando situaciones similares, cuando en nuestras cotidianas actividades nos enfrentamos a la inesperada crisis que muchas veces sirve para detenernos y replantear las motivaciones de nuestras vidas. En esos momentos, ¿cuánto nos interesa y cuánto tenemos la perspectiva de Dios de las cosas?, ¿en cuánto de lo que hacemos, y en la manera cómo lo hacemos, está involucrado el Señor? y por lo tanto la afectación de ello concierne también a Su nombre ante quienes nos rodean. ¿Cuánto podemos reaccionar, de manera espontánea, como Josué lo hizo?

Muchos creyentes están acostumbrados a “dedicar” “sus” actividades o “sus” cosas al Señor, a sólo pedirle su bendición sobre ellas, como si fuese el seguro contra accidentes. El ser cristiano no es añadir a Cristo a nuestras experiencias, sino reformular nuestras vidas en función de él. Poner nuestros legítimos anhelos en oración, buscar la guía y la intervención de Dios en ellos, encontrar la manera como Él quiere que los desarrollemos, vivir de acuerdo a ello, y además estar siempre dispuestos al cambio de planes y a la renuncia. No es fácil, implica cotidiano, paciente y valeroso esfuerzo, como el que muchas veces hacemos para sobrevivir, como el que se le requirió a Josué para llevar adelante su misión.

Solo cuando tengamos este orden de prioridades podremos entender por qué a Josué le preocupaban las consecuencias de sus fracasos en el testimonio de Dios que otros reciben de Él, y no la sola pérdida de sus posesiones materiales. Solo cuando vivamos así nos importará hacer visible a Dios para los demás, ya sea en una explícita declaración verbal, o a través del simple desarrollo de nuestra vida cotidiana, y se hará también evidente que somos “pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pe 2:9).

Fernando Gazco

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Noviembre 2011 - Un Cristianismo Verdadero


Un Cristianismo Verdadero

Vivimos en un contexto en el que los “mercaderes contemporáneos de la fe” ofrecen por doquier ofertas de espiritualidad empaquetados en aquellos productos  religiosos que construyen la imagen de aquellos dioses que complacen todo y no incomodan ni exigen ningún tipo de sacrificio.

A esto se suman aquellos monumentos modernos de las cruces y  las masivas procesiones,  inspiradas en aquella religiosidad construida a modo de calmante y aliviador de los dolores, que exorciza los miedos, espanta las ansiedades y evita el sufrimiento.
Esta suerte de “religiosidad light” contrasta tremendamente con el mensaje que encontramos en el discurso y el propio testimonio del Apóstol Pablo, cuya prédica  invitaba a apropiarse de una espiritualidad integral y tener un encuentro con aquel Dios vivo y verdadero, que sí exige un cambio radical y demanda muchas renuncias y sacrificios.  

Pablo fue, en ese sentido, un genuino embajador del mensaje de la Cruz, símbolo del sacrificio y el amor salvífico de Dios. Con mucha convicción pudo decir: “…Llevo, en mi cuerpo, cicatrices que muestran que pertenezco a Jesús” (Gal. 6:17).

El apóstol entendió muy bien aquello que el propio Jesus advirtió a sus seguidores o a aquellos que intentaron seguirle: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme” (Mateo 16: 24).

Inspirado en estas demandas de Cristo, el teólogo  John Stott sostenía:
"El secreto más grande de la efectividad misionera es la disposición a sufrir y morir. Puede ser una muerte a la popularidad (al predicar fielmente el impopular evangelio bíblico), al orgullo, a los prejuicios raciales o a las comodidades materiales. El [seguidor de Cristo] tiene que sufrir si ha de llevar luz a las naciones" (1).

De modo que el llamado de Jesús no implica una entrega a medias, tibia y desganada, sino un compromiso absoluto con la causa del Reino. En ese sentido, el seguimiento al Cristo de la cruz no es la del seguidor “que busca su felicidad individual y una religiosidad light que fomenta simplemente la satisfacción emocional y momentánea, sino de aquel que se compromete fielmente con su evangelio, proclamando al mundo la justicia, el amor y la paz” (2). Esto es, un compromiso con un  cristianismo verdadero, encarnado  y comprometido.

(1) John Stott, La Cruz de Cristo, 1996, p. 356
(2) In-Sik Hong, ¿Iglesia Postmoderna?, 2001, p. 130

  Rolando Pérez

 

Editoriales Año 2010

Relación de Editoriales del Año 2010

Diciembre 2010 - ¡Haz de mi corazón Tu pesebre, Señor!


¡Haz de mi corazón tu pesebre, Señor!
Que abrigue tus sueños, que cumpla tus anhelos
Que comprenda la grandeza de tu sublime amor


¡Haz de mi corazón tu pesebre, Señor!
Que entienda tu llanto, tu llanto de hoy
Que busca solícito aliviar al pecador


¡Haz de mi corazón tu pesebre, Señor!
Que se amolde a lo santo y refleje tu encanto
Que irradie Tu esperanza en medio del dolor


¡Haz de mi corazón tu pesebre, Señor!
Quebranta mi dureza, ablanda la aspereza
Que sea a la medida de Tu corazón


¡Haz de mi corazón tu pesebre, Señor!
Conviértelo en Tu trono, oh Rey Admirable
Mi Jesús, mi Salvador.


  J.C.L.C
 
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Noviembre 2010 - ¿Imposible?

Documento sin título

El corazón humano es una máquina formidable. Late 100000 veces al día, es decir, unas dos mil quinientas millones de veces en 70 años; y con una red densamente ramificada de arterias y venas, de 2500 kilómetros de extensión, abastece de sangre a todas las partes del organismo.  No en vano decimos que nuestra vida depende de los latidos de nuestro corazón.

La cantidad de sangre que bombea durante ese tiempo sería suficiente para llenar un rascacielos. Lo que esta “bomba” de fabricación divina puede hacer es por demás impresionante, sobre todo cuando su fortaleza es bien empleada.

Cuando la fuerza de nuestro corazón es impulsada por propósitos nobles, somos capaces de ser verdaderos instrumentos de bien. Pero, cuando somos presa de las pasiones, nuestra vida resulta complicada y frustrantemente estéril. En este sentido, las emociones juegan un papel preponderante, por cuanto tienen la capacidad de obnubilar el raciocinio y distorsionar nuestra conducta.

Respecto del conflicto entre la razón y la emoción, Leslie Greenberg señala:

Desde el principio de la historia intelectual se ha considerado a la pasión y a la razón como opuestas. Platón declaró que las emociones eran caballos salvajes que tenían que ser refrenados por el cochero del intelecto. Descartes nos dijo “Pienso, luego existo”, poniendo claramente al pensamiento en el asiento del piloto. […]
La lección, en la vida actual, es que la inteligencia emocional implica que nuestras emociones nos movilicen y que nuestra razón nos guíe. Integrar la cabeza y el corazón, supone que la acción incitada por la emoción sea razonada (1).

Sin embargo, hay también en nuestras vidas un componente adicional que nadie puede negar y que nos dice que somos mucho más que seres humanos con intelecto y emociones en conflicto. Conciente de ello, Pablo ora pidiendo que «el mismo Dios de paz nos santifique –perfeccione– por completo; y todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible» (2). Una sencilla oración que encierra un importante objetivo que va más allá del mero esfuerzo humano: someter el cuerpo y ordenar el alma –asiento de las emociones, intelecto y voluntad–, mediante el nexo del espíritu con el Creador, que hace posible lo que sin Él es inviable, pues como el otrora impulsivo fariseo declara: Dios «es fiel,  y así lo hará» (3).

La adecuada subordinación de los elementos que constituyen nuestra personalidad integral, en base a la instrucción divina, determinará en nosotros una experiencia de bienestar gratificante y una vida fructífera. Por eso, vale la pena preguntarnos: ¿por quién late nuestro corazón y quién dirige nuestras emociones?

  Rev. Julio César Lugo

(1) Leslie Greenberg, “Emociones: una guía interna”, pp. 31 y 32
(2) 1 Tesalonicenses 5:23, La Biblia - RVR
(3) 1 Tesalonicenses 5:24, La Biblia - NVI

Octubre 2010 - Yo Elijo

En el pensamiento helénico de la antigüedad dos prominentes escuelas filosóficas acuñaron lemas que marcaban estilos de vida alternativos. Para una de ellas, la finalidad de la vida era la búsqueda del placer, no sólo para satisfacer pasiones, sino para procurarse una existencia de tranquilidad egoísta e ilusoria libertad. La otra, aun cuando rescataba la razón como la mayor virtud del hombre, era panteísta y fatalista; bajo el supuesto de que la única divinidad era el alma misma del universo y que el destino del ser humano estaba predeterminado de modo inalterable, enseñaban que debíamos someternos a la vida sin queja alguna. La consigna de la primera era: “disfruta la vida”, mientras que la segunda proclamaba: “soporta la vida”.

En el siglo pasado, el reconocido sicólogo y filósofo humanista alemán, Erich Fromm, señalaba en una de sus más destacadas obras que «sólo existe un significado de la vida: el acto mismo de vivir»(1) y que en la medida que logremos vivir de manera espontánea nuestras dudas existenciales serán disipadas y se afirmará nuestra identidad.

En nuestros días, vivimos en medio de una realidad que contradictoriamente se desarrolla en dos direcciones. Por un lado, éste es el tiempo del redescubrimiento y la revitalización de lo espiritual, pero a la vez se enarbolan también dos banderas distintivas de la posmodernidad: el nihilismo y el agnosticismo. Y así, sin creer en nada, privados del auxilio de la razón, predomina lo emotivo, lo efímero, lo que me gusta y me identifica con aquellos que sienten como yo. Es la época del “siento, luego existo”, aunque no sepa para qué, ni me interese. Vivir por vivir, vivir para sufrir, vivir para el placer, vivir sin que nada importe. ¿Es ésta la vida? «Para la mayoría de nosotros –decía Oscar Wilde– la verdadera vida es la vida que no llevamos», y en el fragmento inicial de los versos de Santa Teresa de Ávila se percibe la esencia de Aquel de quien se dijo que «en Él estaba la vida»(2):


Vivir por vivir es desperdiciar la oportunidad de haber vivido; soportar la vida es resignarnos tan sólo a existir; vivir sin que nada importe es renunciar a trascender, y Aquel que entre nosotros verdaderamente vivió sigue diciéndonos:

 
Rev. Julio César Lugo

(1) Erich Fromm, “El Miedo a la Libertad”, p. 251
(2) Juan 1:4 – La Biblia
(3) Santa Teresa de Ávila (1515-182): "Vivo sin vivir en mí"
(4) Juan 14:6 – La Biblia

 
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Setiembre 2010 - Discriminación y Tolerancia


Vivimos en una sociedad que legitima constantemente la cultura de la discriminación y construye un sistema que genera brechas sociales y anula el respeto a la dignidad humana. Uno de los casos que grafica muy bien lo que los estudiosos llaman “discriminación estructural” es el de la situación que viven niños y niñas indígenas que en muchas comunidades rurales estudian en condiciones verdaderamente precarias. Los datos del Instituto Nacional de Estadística dan cuenta, por ejemplo, que los indígenas, definidos como las personas cuyo idioma materno no es el castellano, tienen más problemas de analfabetismo. Del mismo modo, en el ámbito urbano observamos marcadas situaciones de discriminación racial y religiosa que limita la posibilidad de construir una sociedad verdaderamente inclusiva. En ese mismo sentido, la violencia familiar acrecentada en los últimos meses constituye una de las experiencias más duras de discriminación hacia la mujer en nuestra sociedad.

Sin embargo, el discurso ético que legítimamente busca eliminar las discriminaciones estructurales contrasta hoy con un discurso moral posmoderno que en el fondo confunde la construcción de una sociedad verdaderamente inclusiva con la búsqueda de un sociedad moralmente permisiva. Desde esta perspectiva, la tolerancia no nace necesariamente de un genuino respeto a las diferencias, sino que alimenta un individualismo feroz, con una ética indolora y una moral sin obligaciones, aquel del “todo vale”. Como dijera Edmund Burke: “Hay un límite en que la tolerancia deja de ser virtud”.

En ese contexto, necesitamos construir un nuevo orden moral en el que la cultura de la no discriminación no se afirme en los falsos moralismos ni en el grito por la inclusión a cualquier costo, sino en aquello que se constituyó en uno de los mandamientos más revolucionarios de Jesús de Nazaret: El amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, como una lógica consecuencia del amar a Dios por sobre todas las cosas.

Sólo el genuino respeto por este puro amor, que proviene del Dios de la vida y la historia, puede afirmar una sociedad genuinamente inclusiva y solidaria.

Agosto 2010 - Con ocasión del "Día Internacional del Niño"

Una pequeña se acercó al terminar la clase para contarme: “a mi primo su mamá lo botó esta semana de la casa y va a ir a vivir con su papá”. Más que un comentario, en su mente estaba la pregunta ¿y qué pasó con él? ¿por qué le pasa esto? El marco de esta interrogante había sido la clase donde le habíamos enseñado que al ser hijos de Dios nos convertíamos en príncipes y princesas de Él. Ignoro cuál fue el motivo de la madre de ese niño para tomar una decisión así, pero la interpretación de esa pequeña era: “la mamá de mi primo cree que él es desechable”. Esto nos revela la dolorosa verdad que hay muchos niños invisibles e ignorados en su propia casa. Puede ser que no reciban golpizas físicas, pero el desamor, la ausencia y el hacerlos sentir como si fuesen una carga económica o emocional son flagelos que dejan huellas invisibles, cicatrices que no se borrarán fácilmente y que los llevarán a cometer, la mayoría de veces, los mismos atropellos cuando sean ellos los que tengan sus propios hijos.

Si por algún mecanismo de la inventiva cada cicatriz emocional inferida a nuestros niños pudiera darse a notar en su piel ¿se imagina usted qué aspecto obtendría cada niño que
conocemos? Cuántas marcas en la piel brotarían por hacerles creer que son invisibles, por engreírlos al grado de malcriarlos, por insultarlos, por maldecirlos, por lamentarnos delante de ellos de cuán sacrificados somos por mantenerlos; cuántas cicatrices más por ser injustos, por ponerles de niñera a la televisión o al Play Station. Cada carita, espalda piernas y brazos marcados, serían un resumen de nuestra incapacidad o ignorancia, y a veces de la crueldad inflingida sobre ellos.

La noticia reconfortante es que Dios es Bueno, Él puede venir con su bálsamo celestial y ungir en forma sobrenatural las heridas de nuestros niños. No dejemos que esas cicatrices envejezcan, vayamos nosotros mismos cada día ante Su presencia y presentemos a nuestros niños delante de ÉL, sólo de esta forma podremos celebrar honestamente el Día del Niño este año. Lo que hacemos o dejamos de hacer con los más pequeños, a Jesús mismo se lo hacemos u omitimos hacer*.

Que el Día del Niño no se convierta en un día de recompensas o de rutina vertiginosa que
mitigue nuestra culpa, que sea más bien un evento amoroso, natural y consecuente con el andar cotidiano de nuestros pequeños. ¡Cuidemos de ellos! No están por casualidad en nuestros hogares, y cuando hayamos asumido esa responsabilidad con alegría, alcemos la mirada y percatémonos que hay además una nube de niños y niñas desprovistos de familia a los cuales también nos toca atender.

Si somos consecuentes con el estilo de vida que indica la Biblia, transmitiremos un mensaje sin contradicciones a la siguiente generación y ellos decidirán en su momento acudir a Dios y vivir para Él.


Ingrid Gonzales

(*)cf. Mateo 25:40

Actividades

Julio 2010 - Conocerán la verdad




S
in duda, uno de los flagelos de nuestra sociedad es la falta de confianza, y ello basado en una práctica individual y social del engaño y la mentira. La campaña electoral de estos días nos recuerda que los líderes políticos nunca dicen toda la verdad, y más bien construyen imágenes ficticias para ganar votos y llegar al poder. Pero, esto no es una debilidad solo de los políticos, nuestra sociedad se afirma cada vez más en una cultura del engaño, las medias verdades, la corrupción a todos los niveles. En nuestro contexto, la popularmente conocida cultura de “la criollada” se ha enquistado entre nosotros, aquella que busca sorprender al otro para beneficio propio. Sucede en los negocios, los centros de estudios, la familia, los medios de comunicación, ¡incluso en los deportes y la literatura!

Esto revela que nos hemos refugiado en un mundo marcado por lo pasajero y lo relativo, siendo complacientes con la mentira. Nos excusamos diciendo que la verdad es imposible de conocerla, o que es muy dura a veces, o que toda verdad es relativa. Jesús exigió no solo que valoremos la verdad, sino que lleguemos al conocimiento pleno de ella. Él observó algo que aún sigue siendo visible en nuestro tiempo, y que se constituye en uno de los muros más grandes que nos impide conocer la verdad: somos una sociedad esclavizada y atada a valores y estructuras que no permiten que nos encontremos con ella, y seamos verdaderamente libres. La verdad no es solo el conocimiento de una realidad o principios éticos determinados.

Jesús afirma que Él es la verdad, y que sólo conociendo la verdad seremos libres, es decir, que el encuentro con Él nos libera de todas las opresiones y nos permite vivir como personas completamente libres de una cultura esclavizante que se sostiene en el abuso del poder, la codicia, el consumismo, la injusticia y el éxito a toda costa.

Vivir la Verdad es una tarea titánica, pero tenemos la promesa de que el Espíritu de Dios actúa en nosotros, y nos conduce a toda verdad y justicia. ¡Hagámoslo! De este modo, como diría Martin Luther King, “nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos”.

 

Rolando Pérez

"Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él:
Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad
y la verdad os hará libres"

Juan 8:31-32

Junio 2010 - Mundo de Ideas Corrosivas

En el principio ya existía el Verbo

...y el Verbo era Dios

 

...en Él estaba la vida,

 

y la vida era la luz de la humanidad.


Hacia el final del primer siglo la iglesia cristiana había dejado de ser una pequeña comunidad mayoritariamente judía para convertirse en una multitudinaria y efervescente iglesia, predominantemente cosmopolita. Gran parte de sus miembros provenían de un ambiente helenista, profundamente pagano y hedonista, producto de los resabios de la influencia del pensamiento griego y de la inmoralidad que caracterizó la Roma de los Césares.

Un respetable anciano miraba con particular inquietud la realidad de su tiempo: una iglesia en apogeo en medio de un concierto plagado de ‘novedosas’ ideas potencialmente destructivas. Ideas que conceptuaban la existencia de una mentalidad superior rectora del universo, pero que se la atribuían al ‘Logos’ (del griego “palabra” / “verbo”); y que concebían también ‘la existencia de dos mundos’, el ‘mundo ficticio’, en el cual vivimos, donde todo es imperfección visible; y el ‘mundo real’, donde se encuentra el modelo perfecto de todas las cosas, en el que todo es auténtico y al que aspiraban poder alcanzar algún día, pero sin saber cómo.

Esta realidad hacía necesario replantear y reforzar la comunicación del evangelio en categorías de lenguaje que fueran los más apropiados y accesibles para la mentalidad de entonces, sin cambiar la esencia de su mensaje. Fue así que Juan, aquel respetado anciano, “impelido por sus amigos y movido divinamente por el Espíritu Santo, escribió un evangelio espiritual"(1), para una sociedad caóticamente espiritualista, ignorante de la auténtica Verdad.

Hoy, como entonces, el evangelio está expandiéndose explosiva y espontáneamente especialmente en el hemisferio sur, y la nociva influencia de las formas de pensamiento contemporáneo atenta no solamente contra la integridad del evangelio, sino contra los fundamentos propios de la sociedad misma, que las alberga e instituye como quien ignora que se está suicidando. Estamos viviendo en una sociedad globalizada vertiginosamente mutante, en la que los avances científico-tecnológicos son abruptos y las ideas distorsionantes de la moral bíblica cada vez más aberrantes.

Ésta es nuestra desafiante realidad, una que nos exige sobremanera presentar de forma coherente el relevante mensaje del Verbo de Dios en un mundo de ideas corrosivas y altisonantes. El historiador irlandés William Lecky dijo una vez que “el progreso y la difusión de cualquier idea dependen, no sólo de su fuerza y vitalidad, sino de la predisposición que haya a recibirla en la edad en la que se presenta”(2). La tarea de la Iglesia Cristiana del primer siglo fue la de crear en el mundo grecorromano la predisposición a recibir el Evangelio de Cristo, la nuestra es semejante. Ellos, como Juan, asumieron el reto con notable esfuerzo. En nuestro caso cada quien aporta su cuota, para bien o para mal, en la redacción de la historia de la que Dios y el mundo toman nota.

 

 

Rev. Julio C. Lugo

1 Eusebio, "Historia Eclesiástica", 5:24

2 Citado por William Barclay, "Evangelio de Juan", p. 39


 

 

Mayo 2010 - Conozcamos al Espíritu Santo

“Ustedes son testigos de que las Escrituras se cumplieron. Pronto enviaré sobre ustedes al Espíritu Santo, tal como lo prometió mi Padre. No salgan ahora mismo a proclamar el mensaje. Quédense en Jerusalén hasta que descienda el Espíritu Santo y los llene con poder del alto.”

  Lucas 24:48-49, La Biblia al Día

La primera manifestación simbólica visible del Espíritu Santo en el Nuevo Testamento es la de una paloma descendiendo sobre la persona del Señor Jesús en el momento de su bautismo en el río Jordán, antes de comenzar su ministerio. De manera singular, la primera referencia del Antiguo Testamento a la tercera persona de La Trinidad sugiere también la misma figura.

El libro de Génesis (1:2) narra la historia de la creación diciendo que el Espíritu de Dios "incubaba"(1) sobre la faz de la inmensidad, que “estaba desordenada y vacía”(2) producto de la conmoción espiritual que había tenido lugar en las esferas celestes con la caída de las huestes angelicales. Al respecto, A. B. Simpson señala: “Esta es una figura de una paloma madre cobijando su nido y cuidando de sus pichones. ¡Cuán extraño es el fondo sobre el cual se destaca ese cuadro: caos, desolación, agitadas aguas, el silbido de las llamas, el espantoso abismo, el firmamento sin estrellas, el reinado de la ruina, de la muerte y de la desolación! Este fue el escenario en que la paloma del amor eterno y de la paz comenzó a construir su nido, y no reposó hasta que de en medio de ese escenario de ruinas surgió un mundo luminoso y feliz y un risueño paraíso, con su familia humana llena de pura celestial esperanza.”(3)

Cuando vamos a las Escrituras encontramos al Espíritu Santo de Dios interviniendo siempre en la regeneración de lo creado y propiciando el terreno para el cumplimiento de los objetivos divinos. Con razón, el Señor Jesucristo, antes de partir, les dijo a sus discípulos: “En realidad, a ustedes les conviene que me vaya. Porque si no me voy, el Espíritu que los ayudará y consolará no vendrá; en cambio, si me voy, yo lo enviaré…Tengo mucho que decirles, pero ahora no podrían entenderlo. Cuando venga el Espíritu Santo, él les dirá lo que es la verdad y los guiará para que siempre vivan en la verdad.”(4)

Jesucristo sabía por experiencia propia que la exigente tarea que Él inició y que habría de delegar a sus discípulos demandaría mucho más que un sacrificial despliegue de energía y entusiasmo. Había y hay un mundo en tinieblas que reconstruir, una humanidad en crisis que regenerar, una sociedad paganizada que conquistar con el mensaje del evangelio.

El Espíritu Santo que llegó en Pentecostés vino para conducirnos, individual y comunitariamente, por el camino que Cristo abrió para nosotros al morir en la Cruz, y darnos el poder y las herramientas espirituales necesarias para cumplir con eficacia la labor encomendada. Por tanto, para todo buen discípulo es vitalmente imperativo no solamente saber de Su existencia, sino establecer una relación de intimidad y sometimiento a Su voluntad, porque Él es Dios.

 

  Rev. Julio César Lugo

(1) Traducción de la Biblia Peshitta
(2) Traducción de la Reina Valera Revisada
(3) A. B. Simson, "El poder de lo Alto", p.9
(4) Juan 16:7-12, Biblia en Lenguaje Sencillo

 

Abril 2010 - La Cruz de Cristo

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“La muerte siempre es un espectáculo impresionante, pero ésta no era una muerte ordinaria. Aquí había un hombre que no necesitaba morir, pero que escogió morir. Uno que vino a morir, uno cuya misión suprema era morir, uno sobre cuya cruz cada uno de nosotros puede escribir: ‘Murió por mí’.

Ésta es más que una escena mortuoria corriente… Los romanos adoptaron la crucifixión como la forma más severa del castigo capital por dos razones. Era la muerte de mayor agonía y la más vergonzosa ¡Qué agonía cuando cada músculo era extendido a su mayor capacidad, y el cuerpo indefenso pendía con todo su peso de esa carne y de los huesos lacerados, muriendo lentamente de angustia, sin ningún órgano vital herido, consumiéndose gradualmente los últimos vestigios de resistencia vital por el martirio del dolor! Cuán emotivo es el clamor del crucificado expuesto en aquel Salmo profético:

 

“He sido derramado como agua, y todos mis huesos se descoyuntaron, mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte”

Salmo 22:14

 

¡Y qué vergüenza! Pendía allí como un malhechor. Crucificado entre dos ladrones, fue tratado como uno de ellos, y aún peor. Aún su nombre fue borrado de los registros de familia de Belén; fue tratado por los hombres, y por su mismo Padre, como el más vil y peor criminal que jamás haya vivido o muerto sobre esta tierra. ¡Fue crucificado!”(*)

Rev. A.B. Simpson

(*) Tomado de "La Cruz de Cristo", Alberto Benjamín Simpson, pp. 6 -7

Marzo 2010 - El Amor y el Sentido de Propósito


El Amor y el Sentido de Propósito


En cierta ocasión el filósofo y Premio Nóbel de Literatura, Bertrand Russell, dijo: “A menos que se dé por hecho la existencia de Dios, la búsqueda del propósito de vivir no tiene sentido”. Palabras interesantes, teniendo en cuenta que brotaron de los labios de quien es reconocido como un insigne ateo.

“Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida”, menciona Russell -ya en el ocaso de su vida- en el Prólogo de su Autobiografía; y encabezando la lista nos habla de su “ansia de amor”:

“He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas...”(1)

Los seres humanos viven en gran medida agobiados por el sentimiento de frustración que les produce su propia autosuficiencia, por ello es notable que incluso las mentes más brillantes confiesen su carencia afectiva, y al mismo tiempo la necesidad de reconocer, aun con ciertos reparos, la existencia de un Dios Creador para encontrar un sentido de propósito en la vida.

“Dios es amor”(2), declara enfáticamente el apóstol Juan, y en tal sentido quienquiera que reconozca su necesidad de amor, reconoce implícitamente su necesidad de Dios, y en la medida que lo encuentre descubrirá que Él suple con creces el vacío existencial que genera la búsqueda del sentido de propósito por el cual vivir, porque nos ama.

1 Bertrand Russell, ¨Autobiografía¨, 1967.
2 Primera de Juan 4:16, La Biblia.


..........................................................................................Rev. Julio César Lugo.

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Febrero 2010 - Amigos

"Así como el Padre me ama a mí,
también yo los amo a ustedes.
No se alejen de mi amor
"

Una vieja canción, que seguramente aún perdura en la memoria de algunos, decía:

“El amor se vende, el amor se finge, al amor lo ahogan en su fuego las pasiones.
Muchos hay que juegan, sin pensar que quema, y se frustran de emociones fetichistas que se visten con un rótulo de amor; pero Dios, Dios creó el amor.”
(1)

La grotesca realidad que los propios seres humanos hemos hecho del amor que Dios creó para que fuéramos bendecidos por él no merma en absoluto la belleza de su divina esencia, por cuanto no hace más que hacer patente el tremendo contraste entre la farsa de la autocomplaciente sensualidad y la hermosura de su genuina autenticidad.

A propósito del amor y la amistad, en el diálogo final que el Maestro tuviera con sus más cercanos amigos se nos revela una gran verdad: la muestra más grande del genuino amor es sacrificar “lo mío” para dar paso a la perfecta voluntad de Dios en la expresión más pura de Su amor. “No hay amor más grande que el que se demuestra cuando una persona da la vida por sus amigos”(2) les dijo.

Jesucristo nos dio el ejemplo más sublime del enorme costo que ello implica, haciendo claro que el camino de tal vivencia es posible si seguimos sus pasos, y en sus palabras se nos da también la clave que hace viable esta realidad, pues, aunque no las entendieran del todo, ellas eran un claro anticipo de la Cruz. No en vano les había dicho tiempo antes: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”(3)

El amor y la amistad en su expresión sincera y auténtica tienen un modelo por excelencia, marcado no por el pensamiento hedonista contemporáneo sino por Aquel que siendo la esencia misma del amor, nos amó primero, para que fuésemos capaces de amar como Él lo hace. Procuremos entonces, con integridad, no alejarnos de él.


(1) ¨Dios creó el Amor¨, Trío Mar del Plata
(2) Juan 15:13, La Biblia al Día
(3) Lucas 9:23, Reina Valera Revisada


Rev. Julio César Lugo.

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Enero 2010 - Vivir con Sabiduría

 

VIVIR CON SABIDURÍA


El conteo regresivo dentro del recinto familiar se sumaba al estruendo de las bombardas y  los fuegos artificiales que intensificaban las emociones de la ansiosa expectativa por el advenimiento del nuevo año.

En medio de aquel júbilo una consabida tradición nos llevó a todos los presentes a salir a la calle: ¡había que quemar el año viejo! Un muñeco de trapo sentado en una vieja silla rota ardía en las llamas de la algarabía, junto con otros más que vecinos y amigos habían preparado para la ocasión.

De pronto, en medio de la ruidosa celebración multitudinaria, un singular y dicharachero personaje capturó la atención de todos los presentes haciendo gala de una inusual prosa.  Los versos fluían imparables encandilando a su improvisada audiencia, sobre todo a los más jóvenes. Nada ni nadie se escapaba de ser aludido en su verbo, mezcla de refranes, coplas y copas que había bebido de más. Sapiencia popular destilada con el alcohol que no se iba con el viejo calendario, sino que se incrementaba conforme comenzaba el nuevo.

A los ojos de propios y extraños aquel hombrecillo promedio graficaba sin proponérselo la historia de muchos, la historia de siempre. Buenos deseos que se desvanecen a medida que amanece. Anhelos frustrados que se quedan en la almohada del desvelo, o en el aturdimiento trasnochado que no encuentra sosiego en la bebida espirituosa. Y así, se despiden los años viejos y se reciben los nuevos, neciamente y sin sentido.

 “Enséñanos a vivir bien nuestros días, para que nuestra mente alcance sabiduría” (1) dijo el hombre de Dios que murió en buena vejez y a quien Dios mismo se encargó de sepultar (2). Sus palabras aunque por demás conocidas, no son recordadas por ser populares, sino porque Dios habló a través de sus labios. En su rostro se reflejaba no la embriaguez ni el aturdimiento, sino la presencia del Dios Omnipotente que lo guiaba en su paso por el árido desierto que transitó por décadas cumpliendo el propósito divino para su vida.

Moisés murió a los ciento veinte años conociendo el alto costo de vivir con sabiduría, porque para vivir sabiamente no bastan las buenas intenciones expresadas furtivamente en los momentos emotivos. Vivir con sabiduría exige de nosotros una seria disciplina. “Si tu presencia no va conmigo, no me moveré”, le dijo a Dios al inicio de la jornada; y Él, en su gracia le contestó: ”Te acompañaré y te daré descanso”(3). Y es que, como dice el Proverbista: “…el que le obedece, vivirá tranquilo, sosegado y sin temor del mal.”(4)

¡Que Su presencia te acompañe todos los días de este nuevo año y te dé descanso!

 

(1) Salmo 90:12
(2) Deuteronomio 34:5
(3) Éxodo 33:14
(4) Proverbios 1:33

 

Rev. Julio César Lugo

Editoriales Año 2009

Relación de Editoriales del Año 2009

Marzo 09 - Confianza

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Si hay algo que se ha visto devaluado considerablemente en nuestros días es el sentido de confianza en el mañana. Cierto es que hay los que ven la vida con optimismo, pero el pensamiento positivo no es garantía plena de nada más que nuestro profundo anhelo de que las cosas vayan bien, una velada autoconfianza que no hace sino reafirmar la premisa inicial.

Emprender grandes retos en la vida, empero, demanda de nosotros una altísima cuota de confianza. Una confianza revestida de expectativa y esperanza que nos motive a seguir adelante a pesar de lo difícil o incierto de las circunstancias, y que no descanse en nosotros mismos.

¿Cuál es el camino cierto a seguir entonces? Y si lo hay, ¿en qué podemos apoyarnos al transitar por él?

El autor de la Epístola a los Hebreos nos exhorta a ser “imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (He. 6:11), como Abraham, a quien Dios le dio una hermosa promesa avalada únicamente por Su fidelidad: “De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente” (He. 6:14). Confiando en esta promesa Abraham dejó su aparente estabilidad y emprendió el camino que Dios le señaló.

Hablando de emprender grandes retos confiando en las promesas Cristopher Shaw* dice: “Una promesa posee extraordinarios poderes para motivar, porque pone delante de nosotros una esperanza que nos anima el corazón y alimenta nuestra imaginación acerca de cosas futuras. Cuando la recibimos tendemos a atesorarla en nuestro interior creyendo, contra viento y marea, en el cumplimiento de aquello que se ha anunciado por adelantado. Una promesa, sin embargo, no tiene poder alguno al menos que escojamos creerla.”

Abraham creyó, “y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa” (He. 6:15) y estoy seguro que si pudiéramos preguntarle él nos diría: ¡No confíes en ti mismo! ¡Créele a Dios! ¡Vale la pena!

.

(*) C. Shaw, “Alza Tus Ojos”, pág. 138
Rev. Julio César Lugo

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Abril 09 - La Verdad y los Mitos Milenarios

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“Y conoceréis la verdad, y la verdad los hará libres”

  Jesucristo


En la novela de Paulo Coelho, que a decir de él mismo en la Nota del Autor escribió durante su propia peregrinación por este mundo, leemos:
“A medida que escribo, me voy dando cuenta de que estoy pasando por una serie de cambios importantes en mi manera de ver el mundo. Durante muchos años había estudiado y practicado magia, alquimia, ciencias ocultas; estaba fascinado por la idea de que un grupo de personas disponía de un poder inmenso que no podía de ninguna manera ser compartido con el resto de la humanidad, pues sería arriesgadísimo dejar caer ese enorme potencial en manos inexpertas. Participé de sociedades secretas, me envolví en sectas exóticas, compré libros carísimos y fuera de mercado, desperdicié un tiempo inmenso en rituales e invocaciones. Vivía entrando y saliendo de grupos y hermandades, siempre entusiasmado por encontrar a alguien que finalmente me revelase los misterios del mundo invisible y siempre decepcionado al descubrir, al final, que la mayoría de esas personas –aunque fuesen bien intencionadas– simplemente seguían este o aquel dogma, y que muchas de las veces se convertían en fanáticos, justamente porque el fanatismo es la única salida a las dudas que no cesa de generar el alma del ser humano.”*

Frente al desasosiego del espíritu que busca errante llenar el vacío existencial -que mal haríamos en desconocer- hay una experiencia de vida auténtica, distante de la irracionalidad del fanatismo esclavizante de los dogmas y de los mitos milenarios. Una vida genuinamente fundamentada en la Verdad, que nos fue revelada para que podamos ser libres de la frustración y del engaño de los caminos fascinantes. Caminos que no hacen sino sacar provecho de la fragilidad del alma en su desesperada búsqueda del genuino poder que le dé sentido a su existencia. Un engaño trágico en el que muchos han caído basados en su propia racionalidad, como Pilatos, quien teniendo la Verdad ante  sí mismo, en su desvarío autosuficiente sólo atinó a cuestionarla, dejándonos el mismo legado de todos aquellos que como él han intentando en vano lavarse las manos de tan seria responsabilidad.

Hay una Verdad que vale la pena conocer con certidumbre, pues como dijera San Agustín, “existirá aunque el mundo perezca”.

Rev. Julio César Lugo


*Paulo Coelho, "El Zahir", Barcelona: Editorial Planeta, 2005, pp. 36-37

 

 

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Mayo 09 "El Viejo Argumento del Gran Falsificador"

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En una película-documental, muy difundida en nuestro medio en estos
En una película - documental, muy difundida en nuestro medio en estos días, escuchaba una declaración aparentemente novedosa y reveladora: “Usted es vida eterna, es energía espiritual. Es un dios manifestado en forma humana, hecho a la perfección.” Seguía oyendo las palabras de los ilustres entendidos en la materia afirmando: “Todas las grandes tradiciones dicen que Usted fue creado a imagen de su fuente creadora; significa que Usted tiene el potencial de poder crear su mundo…”; “su misión es la misión que se da a sí mismo y nadie va juzgarlo, ni ahora ni nunca”; “nos adentramos en una nueva era donde la última frontera no es el espacio… sino la mente.” (*)

Estas afirmaciones, promovidas como “el gran secreto de la vida”, no son sino el eco del viejo argumento del Gran Falsificador (Gén. 3:1-5) que acarreó el desastre en el que se encuentra sumida la humanidad entera. Al oír estas declaraciones resuenan con fuerza en mi memoria las palabras del profeta Isaías: “¡Cómo has caído del cielo lucero de la mañana! …Tú que decías en tu corazón: subiré al cielo…y seré semejante al Altísimo” (Is. 14:12-14); y mis convicciones se reafirman en lo que Pablo señala: “el dios de este mundo ha cegado la mente de los incrédulos para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo” (2 Cor. 4:4).

La tan mentada 'ley de la atracción', revelada en El Secreto y descrita como “la ley universal por la que atraemos a nuestras vidas exactamente aquello en lo que nos enfocamos”, suena atractiva, pero necesariamente tiene que confrontarse con otra ley, la 'ley de la siembra y la cosecha' (Gál. 6:7-8): “Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.”

Sí, es cierto, fuimos creados a imagen y semejanza del Dios Altísimo, pero no para crear nuestra propia misión, guiados por nuestras emociones y pasiones afectadas por el pecado, sino para ser testigos de Su gracia en un mundo por el que Jesucristo mismo dio su vida, a fin de rescatarlo del engaño y las consecuencias del mismo. Las palabras finales del Cristo resucitado, antes de ascender, fueron: “cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y me serán testigos…hasta lo último de la tierra”. Y así sucedió con la naciente comunidad de fe en Jerusalén, que fue capaz de transformar su entorno investida por el poder del Espíritu Santo. ¡La historia da cuenta de ello!

Ese mismo poder sigue estando a nuestra disposición para asumir el reto de encarar con la verdad el error de nuestros días.



 

Rev. Julio César Lugo

 

(*) "El Secreto", 2006: TS Production LLC.

 
 

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Junio 09 - ¿Quién controla el tiempo?

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Los recientes sucesos ocurridos en este mundo globalizado han logrado sembrar en varias regiones del orbe un pánico colectivo, filtrando una vez más en el pensamiento la idea temible de un probable colapso de la humanidad; realidad inminente para algunos y digna de una película de ciencia ficción para otros.

Hablar de ciencia ficción, sin embargo, resulta irónico cuando lo que vivimos no se encuentra en el futuro sino que forma parte de nuestro quehacer cotidiano. “Estamos en un momento de gran incertidumbre”, declaró hace pocas semanas la Directora General de la OMS, Margaret Chan, al inaugurar en Ginebra la Asamblea Mundial de la Salud, que este año coincide con el brote de gripe causada por el virus AH1N1.

En medio de este sombrío panorama ocasionado por los densos nubarrones de la alicaída economía mundial, el calentamiento global y la seria amenaza de una pandemia, que nos mantienen en alerta cada día, se estrenó en Nueva York “Trascendent Man” (‘Hombre Trascendente’), la película documental de Ray Kurzweil, el respetado gurú tecnológico que desde hace varios años viene pronosticando que en solo unas décadas la inteligencia artificial alcanzará el nivel de la inteligencia humana.

Kurzweil, considerado loco para unos y genio para otros, sostiene firmemente que “la computación molecular tridimensional proporcionará el hardware para una ‘fuerte inteligencia artificial de nivel humano’ hacia la década del 2020. La profundización del software será resultado en parte de la ingeniería inversa del cerebro humano, proceso ya muy avanzado. Ya se han modelado y simulado dos docenas de regiones del cerebro”. De acuerdo a esto, más temprano de lo que imaginamos, mediante implantes similares a los que actualmente se usan para devolver la vista a los ciegos, conectaremos nuestros cerebros a nuestras computadoras y, en unos 10 ó 20 años más, seremos capaces de volcar todo el contenido de nuestras mentes a un ordenador, alcanzando así la tan ansiada inmortalidad antes del fin del presente siglo. En adelante, una nueva raza compuesta por mentes humanas en envases robóticos y cyborgs poblará la tierra.

Sobre la base de estas afirmaciones y otras avanzadas investigaciones algunos científicos optimistas señalan que, en muy poco tiempo, la muerte será considerada simplemente como una “enfermedad crónica”, por lo que también opinan que es una lástima tener que vivir en estos tiempos, tan "primitivos", donde la muerte es aún definitiva.

¿Para qué preocuparnos entonces por el futuro de la humanidad si tan solo debemos esperar unas cuantas décadas más? Sólo es cuestión de tiempo y el problema estará resuelto para siempre.

Por cierto, olvidamos considerar un detalle importante: el tiempo… ¡El tiempo!

¿Quién controla el tiempo que avanza inexorable?

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”


 

Rev. Julio César Lugo

 

 

 
 

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Julio 09 - Humanidad Reconciliada

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Una situación trágica como la recientemente vivida no debiera pasar inadvertida en el ámbito de la conciencia de responsabilidad personal que nos compete. En este contexto no hay censura política que valga, ni explicación antropológica que satisfaga el anhelo ferviente del ser humano que desea verse reivindicado en la plenitud de sus derechos, perdidos no por el olvido injusto de la marginación social y política, sino por la carencia del verdadero significado y sentido de la paz.

       En una coyuntura así no basta tan solo procurar por todos los medios una coexistencia pacífica, pues como decía Dominique Pire, sacerdote y sociólogo belga, ésta puede simplemente significar ausencia de guerra, pero no verdadera paz.

      Los primeros cristianos, en su mayoría inicialmente judíos,  tuvieron que entender de modo especial que aquellos a los que despectivamente llamaban “gentiles” [no judíos] no eran ciudadanos de segundo orden. “En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”, dijo el apóstol Pedro (Hch. 10:34-35) cuando vio con asombro lo que se resistía a aceptar por causa de su prejuiciada percepción de la humanidad, totalmente ajena a la mentalidad divina.

      Pablo, escribiendo a la multiforme cristiandad de su tiempo, decía: “Porque Cristo es nuestra paz, que de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba”, y esto “lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz, para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz, por la que dio muerte a la enemistad” (Ef. 2:14-15- NVI).

         Una nueva humanidad reconciliada con Dios es la que hace posible que los muros de enemistad existentes entre los seres humanos, aparentemente inexpugnables, se vengan abajo radicalmente. Los que así lo entienden se consagran en cuerpo y alma a asumir las causas más nobles y postergadas haciendo de sus vidas un testimonio al mundo del verdadero sentido y significado de la paz.

         El Dr. Martin Luther King, en su memorable discurso del 28 de agosto de 1863, le dijo a los suyos: “…hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma.”

         La verdadera justicia de las causas -que creemos Dios defiende- nos compromete  a preservar tanto la vida y la dignidad del ser humano, así como la integridad de los ideales que queremos legar a nuestras generaciones futuras.

 

Agosto 09 - Sociedad en Crisis

Frente al horror de los recientes sucesos de violencia extrema, expresados en enfrentamientos sociales, asesinatos, crímenes pasionales, y demás hechos conocidos a través de los medios masivos de comunicación, la reflexión personal para una toma de decisiones adecuadas se impone como una necesidad urgente e impostergable.

Uno de los más prestigiosos sicoanalistas peruanos señala:
“La psicopatología de la moralidad y la ética se origina en el desamparo, la dependencia de otros y el temor a la pérdida de amor. La pérdida de valores experimentada durante el régimen corrupto generó desconfianza entre los peruanos; el desconcierto condujo a la sociedad a resquebrajamientos, al desaliento y al caos.
Si intentamos vincular todo esto con la familia peruana, mayoritariamente en estado de miseria, déficit y carencia, ella ha estado expuesta – al no habérsele dado lo que merece decentemente – al soborno, a la seducción y a la corrupción, a veces hasta por mínimas cantidades de dinero que han sido utilizadas para poder subsistir u obtener cierto tipo de beneficios. En estudios realizados en la sociedad peruana se perciben dos elementos que sobresalen como rasgos preocupantes: la irresponsabilidad, el abuso, la ausencia o carencia, en una sociedad sin padre o con un padre que genera una identificación desnaturalizada, desvirtuada, desafectiva, deshumanizada y, ni qué decir, desvinculada del amor, de la otredad, del cariño y el respeto por la mujer y los hijos. Y por otro lado, la presencia de elementos de clases pudientes cuyo interés es mantener sus propios beneficios con una triste y pobre sensibilidad social y con un egoísmo exacerbado y voraz.”
(1)

En este contexto tenemos un serio problema que enfrentar, pues la idea que antaño teníamos de lo que considerábamos como el núcleo familiar ha cambiado sustancialmente.
La sociología contemporánea señala que el concepto de familia ha mutado y son varios los grupos sociales que abogan en la práctica por que se abandone definitivamente aquella forma obsoleta de pensar, incluido el matrimonio, considerado por muchos como un simple compromiso legal que ha demostrado su ineficacia, sosteniendo además que los hijos pueden ser educados saludablemente con o sin padres y con o sin una familia, tal como se concebía desde siempre.

A esto también se suma la moderna y particular redefinición del amor de pareja, que pretende establecer por todos los medios posibles un espacio de reconocimiento y aceptación, enarbolando la bandera de la exaltada y mal llamada tolerancia, que avasalla los valores morales establecidos en Las Escrituras, pretendiendo replantearlos sin el consentimiento expreso de Quien los formuló.

Toda esta fenomenología distorsionante de los fundamentos de una sociedad en crisis destruye la esencia de la identidad del ser humano y plantea un escenario dentro del cual debemos reconocernos no solo como actores, sino co-autores de una filosofía de vida que determinará sin duda alguna el curso de la existencia de las generaciones venideras. Por tanto, como dijera San Pablo, “cuiden mucho su comportamiento. No vivan neciamente, sino con sabiduría. Aprovechen bien este momento decisivo, porque los días son malos. No actúen tontamente; procuren entender cuál es la voluntad del Señor.”(2)

(1) Saúl Peña, “Psicoanálisis de la Corrupción”, Pág. 82.
(2) Efesios 5:15-17, “Dios Habla Hoy” - La Biblia de Estudio.


Rev. Julio César Lugo

Setiembre 09 - ¿Paz?

En 1981, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que el día de la apertura de su período ordinario de sesiones en setiembre sería «proclamado y observado oficialmente como Día Internacional de la Paz, y dedicado a conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo y entre ellos» (resolución 36/67). Veinte años después, la misma Asamblea General decidió establecer a partir del 2002, el 21 de setiembre de cada año, como el Día Internacional de la Paz (resolución 55/282).
Sin embargo, al año siguiente, en setiembre del 2003, el entonces Secretario General, Kofi Annan, en el discurso que pronunció ante la Asamblea General, reconoció y advirtió a los Estados Miembros de las Naciones Unidas que habían llegado a una encrucijada en la que “podían ponerse a la altura de las circunstancias y conjurar las nuevas amenazas o correr el riesgo de ir desapareciendo”. En tal sentido estableció un Grupo de Alto Nivel a fin de que formularan nuevas ideas acerca del tipo de normas e instituciones que necesitaban las Naciones Unidas para ser eficaces en el siglo XXI.

Hablando de ‘La eficiencia de los elementos de un sistema de seguridad colectiva digno de crédito’, el informe del grupo decía: “El principal motivo de la ineficiencia de nuestras instituciones de seguridad colectiva ha sido simplemente la renuencia a ocuparse seriamente de la prevención de la violencia capaz de cobrarse vidas humanas. Cuando no se invierten el tiempo y los recursos necesarios para impedir el estallido o el agravamiento de un conflicto en una etapa temprana, se termina luego en una conflagración mucho más amplia y sangrienta que es mucho más costoso resolver”(1). En otras palabras, dicho de manera sencilla, la ineficiencia de las instituciones responsables de velar por la paz mundial es simplemente producto de una actitud irresponsable.

Respecto a esto, tenemos que reconocer que la irresponsabilidad de los seres humanos en cuanto a preservar y promover la paz no es solamente un problema de carácter institucional, sino mas bien un problema que nosotros mismos nos hemos encargado de institucionalizar por medio de actitudes egoístas y negligentes que se manifiestan a diario, inclusive en el contexto social más reducido; pues, sin duda alguna, el maltrato físico y sicológico en el seno de la familia -violencia doméstica- es el escenario en el que se evidencia comunmente la ausencia de paz.

El 13 de junio de este año, el actual Secretario General de la Naciones Unidas, Ban Ki-moon lanzó una intensa campaña con el lema “Debemos desarmarnos” para conmemorar, por medio del conteo regresivo de 100 días que culminarán el 21 de septiembre, el Día Internacional de la Paz. Un esfuerzo encomiable por cierto, pero que una vez más evidenciará la ineficacia de las instituciones para lograr desterrar de manera definitiva la ausencia de paz y la proliferación de la violencia.

Conviene entonces recordar, y sobretodo entender, aquello que el Señor Jesucristo dijera a los suyos:

“La paz os dejo, mi paz os doy,
yo no os la doy como el mundo la da” (2)

pues Sus palabras revelan que la paz que nos ofrece no es una propuesta de carácter institucional -ni siquiera eclesiástica- sino una paz que, como dijera San Pablo, “sobrepasa todo entendimiento”(3), y que debe ser la que gobierne “en nuestros corazones” (4).

San Francisco de Asís, comprendiendo bien lo que el Maestro dijo a sus discípulos, vivió disfrutando la paz de Dios y sometido a Su gobierno escribió (5):

“Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, que yo ponga amor.
Donde haya ofensas, que yo ponga perdón.
Donde haya discordia, que yo ponga unión.
Donde haya error, que yo ponga verdad.
Donde haya duda, que yo ponga fe.
Donde haya desesperanza, que yo ponga esperanza
Donde haya tinieblas, que yo ponga luz.
Donde haya tristeza, que yo ponga alegría.”

La idea de un mundo en el que gobierne la paz se hace auténticamente viable cuando, gobernados por la paz de Dios en nuestros corazones, vivimos entregados de manera total a Su voluntad como una cuestión de principio de fe.

Rev. Julio César Lugo

(1) “Un mundo más seguro: La responsabilidad que compartimos”.
Organización de Naciones Unidas, 2004
(2) Evangelio de Juan, 14:27, versión Reina-Valera Revisada
(3) Epístola a los Filipenses, 4:7, versión Reina-Valera Revisada.
(4) Epístola a los Colosenses, 3:15, versión Reina-Valera Revisada.
(5) Oración de San Francisco de Asís



Octubre 09 - Espiritualidad Contemporánea

Un destacado periodista y conferencista internacional, refiriéndose a la espiritualidad imperante en nuestros días, señala: “Cualquier observador que recorra los estantes de una librería comprobará que nació una nueva espiritualidad. Durante el siglo XX en las décadas del ’60 y ’70 el foco de atención estaba puesto en el dilema político e ideológico. Obras de Jean Paul Sartre, Franz Fanon, Karl Marx o Herbert Marcusse llenaban los estantes y cautivaban la atención de los lectores que discutían y confrontaban ideas buscando el camino más rápido de transformación del mundo. Los íconos eran el Che Guevara o Mao Tse-tung, y se estudiaban las revoluciones rusa, china y cubana a la luz de las diversas corrientes marxistas.
En el presente, ese lugar lo ocupan las obras de autoayuda, control mental, angelología, reiki, budismo, aromaterapia, astrología o feng shui y los libros más vendidos son los de Paulo Coelho, Deepak Chopra, Jorge Bucay o los relacionados con el Dalai Lama. Es evidente que el centro de interés se ha movido y lo que antes eran inquietudes sociales y políticas, son ahora búsqueda de nuevas formas de espiritualidad.”
(1)

Esta espiritualidad posmoderna no es la expresión del renacimiento de la fe trascendente, propia del cristianismo genuino, “sino un retorno al pensamiento mágico, a la búsqueda de poderes superiores que sirvan para manipular la realidad y solucionar los problemas contingentes,” (2) capaz incluso de coexistir con las expresiones más puras del cristianismo. Y es que el espíritu de la posmodernidad puede entenderse como la prevalente y creciente perspectiva cultural, filosófica e ideológica totalmente carente de absolutos, que se complace en la convivencia del pluralismo y la divergencia, aunque se vista de incongruente.

La efervescente espiritualidad contemporánea es difusa y ambivalente, capaz de convivir 'armoniosamente' con toda forma de irracionalidad, justificada únicamente por la personal sensación de sosiego de las preocupaciones del alma, de los dolores del cuerpo, o la satisfacción de cualquier forma de necesidad temporal, la cual nos lleva a transitar sin conflictos por los caminos de la chamanería, el oscurantismo y la astrología.

En este contexto de misticismo plural y sincretista “se vive hoy en un ‘vagabundeo incierto’ de tendencias y costumbres. No se tienen las ideas claras acerca del rumbo a seguir. El viaje parece demasiado largo y hace tiempo ya que la brújula se perdió por el camino. La sociedad se ha quedado huérfana viviendo... en una especie de mesianismo sin Mesías.” (3) El individuo religioso posmoderno es, como señalara Lipovetsky, “un tiempo cristiano, algunos meses budista, unos años discípulo de Cristo o Maharaj Ji”, pues, al final de cuentas, “la renovación espiritual…sería el resultado de un coctel individualista posmoderno”(4)

Aquel postulado 63 del teólogo y reformador alemán del siglo XVI, que decía que “el verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios” (5) parecería ser hoy más inaceptable que nunca, pues, por muy cierto que sea y haya sido en su tiempo, vivimos una época en la que alcanzar la ‘satisfacción espiritual’ es algo que para muchos sigue siendo una cuestión que no tiene precio (ni de compra ni de venta), aun cuando se tenga que sacrificar convicciones y amordazar la voz de la razón, como en aquel entonces.

La historia es irónicamente cíclica, y aunque los mercaderes de la espiritualidad sean otros y el panorama religioso completamente distinto, en el gran supermercado de la fe el fin sigue justificando los medios para la creciente ‘demanda espiritual’. En tal sentido, San Pablo nos advierte:

“El Espíritu Santo ha dicho claramente que en los últimos tiempos algunas personas dejarán de confiar en Dios. Serán engañadas por espíritus mentirosos y obedecerán enseñanzas de demonios. Le harán caso a gente hipócrita y mentirosa, incapaz de sentir vergüenza de nada.” (1 Timoteo 4:1-2)

Sin embargo, no ha habido ni habrá momento alguno en la historia de la humanidad en el que el espíritu de la época pueda superponerse a la voz del Eterno:

“Dios es Espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.”

Juan 4:24 NVI


Rev. Julio César Lugo

(1) Salvador Dellutri: “El Desafío Post Moderno”, p. 51
(2) Ibid, p. 53
(3) Antonio Cruz: “PostModernidad”, pp. 48-49
(4) Gilles Lipovetsky: “La Era del Vacío”, p.118
(5) Martín Lutero, Tesis 63, Wittenberg, 31 de octubre de 1517

Noviembre 09 - Justificar lo Indefendible

 

“Tú creaste mis entrañas;
me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas,
y esto lo sé muy bien!”

  Salmo 139:13-14

A propósito de la polémica desatada en estos días respecto al tema del aborto, un reciente editorial se preguntaba: “¿Dios ha muerto o goza de buena salud? Y si está vivo, ¿qué quiere?” (1). Lejos de la ironía, el autor refiere con base estadística que aunque la población limeña sigue siendo igual de religiosa como hace unos cinco años atrás, “un 62% se considera poco religioso, y a la hora de decidir asuntos de importancia 61% ubica la opinión de su familia por encima de sus propias creencias religiosas". Asimismo, “un 51% considera que la religión tiene poca influencia en la sociedad, y que ésta incluso está disminuyendo”. Lima, pues, concluye, no es “ni remotamente una ciudad de fanáticos.”

No es nada nuevo, y no por las cifras sino por los hechos, que vivimos en una realidad socio-religiosa que en términos colectivo-individuales se ha divorciado de la enseñanza bíblica. Una colectiva individualidad en la que Dios solo tiene espacio en los rituales religiosos tradicionales, en la celebración de festividades sacras y ocasiones votivas especiales.

Esta ruptura popular con los principios éticos fundamentados en las Escrituras puede apreciarse también en el terreno mismo de la moral médica. Sino, ¿dónde quedó entonces el juramento hipocrático que antiguamente decía: “Adoptaré aquel método que según mi capacidad y juicio, considere sea para el beneficio de mis pacientes, y me abstendré de todo lo que fuese nocivo y malicioso. No administraré una droga mortal a quien me la pidiere, ni aconsejaré su empleo; asimismo, no colocaré el pesario* a una mujer para provocar el aborto”? Y ¿qué de la versión moderna de la fórmula de Ginebra que comprometía a “mantener sumo respeto por la vida humana, desde el momento mismo de la concepción; y no utilizar -ni incluso por amenaza- los conocimientos médicos para contravenir las leyes de la humanidad”?

Volviendo al titular referido, tenemos que responder que lo que Dios quiere es lo que ha querido siempre, el respeto por la vida y la dignidad humana, entendida ésta desde Su perspectiva eterna y no desde la nuestra, voluble, acomodaticia y temporal, además de moralmente incongruente. Frente a ello, claro está que no todos optarán por vivir de acuerdo a Su voluntad, y que siempre habrá resquicios que encontrar para quienes quieran justificar lo indefendible. Mientras tanto, las palabras de Jesús recorriendo las polvorientas calles de este mundo siguen resonando:

“El que tenga oídos para oír, oiga.” (Mt. 13:43)

 

 

Rev. Julio César Lugo

(1) Diario "La República", domingo 26/10/2009
(*)"Aparato que se coloca en la vagina para corregir el descenso de la matriz" (DRAE)

 

 

Diciembre 09 - ¡Nació!

 

“Aunque tu gente viva en la oscuridad, verá una gran luz.
Una luz alumbrará a los que vivan en las tinieblas.
¡Dios nuestro, Tú nos has llenado de alegría!
Todos nos alegramos en tu presencia,
como cuando llega la cosecha…
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado
que vendrá con mucho poder.
Y de él dirán: ‘Este es el Consejero admirable, el Héroe divino,
El Padre que nunca muere, el Príncipe de la Paz’
Esto lo hará el Dios Todopoderoso,
por el gran amor que nos tiene.”

Isaías 9:2-7
BLA/LBL

 

La voz del profeta se pronunció una vez más desafiando la historia. Siete siglos mediaron antes que sus palabras tuvieran cabal cumplimiento.

La divina promesa que surcó las edades sembrando esperanza para la humanidad germinó espléndida a pesar de lo agreste del tiempo.

Llegó como un niño, envuelto en pañales, recostado en un pesebre, cautivando los corazones sencillos de quienes lo contemplan, extasiados, adorándole.

Vivió y creció entre nosotros, con el único fin de brindarnos salvación. Y hoy, su nombre sigue siendo... Admirable.

Rev. Julio César Lugo

Editoriales Año 2008

Relación de Editoriales del Año 2008

Enero 08 - Comenzar un nuevo año

 

Comenzar un nuevo año, piensan algunos, es tener la oportunidad de intentar hacer de nuevo y mejor lo que no se hizo o no se pudo lograr con éxito en el año que se fue. Otros, más realistas quizá, creen que es simplemente seguir la rutina, el destino que ya está trazado.

Lo cierto es que, independientemente de lo viejo o lo nuevo de los calendarios, cada día es un reto distinto, un desafío que nos toca enfrentar con el mejor de nuestros esfuerzos y la mayor esperanza.

Winston Churchill decía: “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad y un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. Claro está que seguramente habrá razones de sobra para sentirmos algo desalentados para volver a comenzar, o volver a arriesgarnos. Pero, ni el fatalismo contemporáneo, ni el triunfalismo humanista descansan en las promesas divinas.

Antes de partir definitivamente, después de haber vencido al sepulcro, Jesús dijo algo que haremos bien en no olvidar: “...les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin…” (Mt.28:20b). A lo largo de los años, una multitud de hombres y mujeres han creído en Sus palabras.

Con esta confianza, el gran apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, escribió: “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Fil. 1:6). ¿Tú qué crees?

Rev. Julio César Lugo.

Editorial actual

Febrero 08 – Ser para hacer

Cuando Jesús comenzó su ministerio público lanzó su primer discurso desde lo alto de una montaña. Un mensaje que sin duda requería ser sopesado y bien digerido por aquellos que quisieran seguir el camino que proponía. Un mensaje que confrontaba seriamente, sin demagogía alguna, a asumir un estilo de vida distinto, digno de un discípulo suyo.

‘Ser para hacer’ podría haber sido el slogan de aquel incipiente movimiento que terminó sacudiendo los cimientos de la corrupción e inmoralidad de la sociedad de entonces; los mismos que hoy en día socavan la nuestra.

En aquel Sermón de la Montaña, Jesús comenzó llamando “bienventurados” a quienes aceptaran el desafío que Él planteaba, al menos así se traduce en sendas versiones bíblicas. Este sencillo adjetivo tiene sus raíces en una forma verbal antigua, inusual en nuestro cotidiano lenguaje, que lleva en su esencia la suma de dos conceptos: bien y aventura.

Ser para hacer es una aventura en pos del bien que conlleva dicha, la dicha que experimenta el verdadero discípulo que asume el reto de constituirse en un agente de cambio en una sociedad que clama por ser bendecida, como Jesús quería.


Rev. Julio César Lugo.

Editorial actual


Marzo 08 - Carácter ...Él lo hará

Un viejo proverbio oriental dice que "es más fácil variar el curso de un río que cambiar el carácter de un hombre".

El curso de un río lo determinan las condiciones geográficas y medioambientales, la fuerza de su caudal, la resistencia del suelo y la intervención del hombre. El carácter de una persona curiosamente enfrenta elementos similares: la presión favorable o desfavorable que ejerce su entorno, la resistencia al cambio, y la fuerza interior de su voluntad que lo identifica como un ser racional . El punto clave está en establecer cuál es el factor determinante para que lo difícil pero no imposible suceda.

Cuando Jesús predicaba desafiando al pueblo a recibir su mensaje decía: "él que tiene oidos para oír, oiga". Las multitudes, presionadas quizás por las circunstancias sociales y religiosas o su propia capacidad de resistencia al cambio, mantuvieron su férrea voluntad de desatender la invitación de Aquel que había venido a traer luz en medio de las tinieblas. Y así, marcaron su destino.

Algunos, en cambio, como Pablo, sacudidos por el impacto de la voz de Dios, cayeron rostro a tierra, diciendo: "Señor, qué quieres que yo haga". Y Dios, especialista en imposibles, no sólo le dijo lo que esperaba que hiciera, sino que lo facultó extraordinariamente para lograrlo, por medio de su Santo Espíritu.

Cada vez que escuches el desafío de Su palabra, recuerda cuál es el factor determinante que te permitirá comprobar que es factible moldear tu carácter conforme a Su voluntad. Y Él lo hará.


Rev. Julio César Lugo.


Abril 08 - Objetivos divinos

 

 

En la Cumbre del Milenio, llevada a cabo del 6 al 8 de setiembre 2000 en la sede de la ONU en Nueva York, se establecieron 8 Objetivos de Desarrollo Mundial (ODM). Los ODM constituyen una prueba de la voluntad política de establecer asociaciones más sólidas, y comprometen a los países miembros a tomar nuevas medidas y aunar esfuerzos en la lucha contra la pobreza, el analfabetismo, el hambre, la falta de educación, la desigualdad entre los géneros, la mortalidad infantil y materna, la enfermedad y la degradación del medio ambiente.

Dentro de las metas del primer ODM estaba el “lograr la eliminación sostenible de los trastornos por carencia de yodo para el 2005”, debido a que dicha carencia es la causa principal del retraso mental prevenible. Mientras que las carencias graves pueden producir cretinismo, mortinatalidad y aborto espontáneo; carencias incluso leves pueden afectar seriamente la capacidad de aprendizaje de poblaciones enteras.

Para desechar estos nefastos efectos la solución planteada era simple: lograr que en todos los hogares del mundo se consuma sal yodada. Sin embargo, “38 millones de recién nacidos de todo el mundo continúan desprotegidos, y todavía hay 36 países donde menos de la mitad de las familias consumen sal yodada.” Sin duda, una tragedia mundial que exige seguir luchando.

Cuando Jesús dijo, “vosotros sois la sal del mundo”
(Mt. 5:13ª RVR) tenía en mente un proyecto mayor con el objetivo de librar a la humanidad de una desgracia mucho más grave: erradicar las terribles consecuencias del pecado por medio del compromiso auténtico de todos aquellos que se reconocen a sí mismos como sus discípulos.

Han pasado dos milenios desde que Cristo desafiara a los suyos en aquel Sermón del Monte, pero la urgencia de asumir el reto de fe en el presente siglo sigue vigente. La enorme necesidad de un mundo que no lucha realmente con el problema de fondo exige de los hombres y mujeres de Dios un compromiso genuino de identificación plena con los Objetivos Divinos del Maestro, porque como Él dijera, si la sal pierde la cualidad que la distingue, “no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee” (Mt. 5:13b NVI).

 

Actividades

Mayo 08 - Vivir en el Espíritu

 

 

La última instrucción que el Maestro dio a sus discípulos (Lc. 24:49) decía: “He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” Los discípulos obedecieron y fueron bendecidos con el cumplimiento de la promesa.

A partir de ese momento la historia de la naciente iglesia cristiana cambió radicalmente. La predicación ferviente del evangelio de la cruz, al haber sido investidos con el poder del Espíritu Santo, devino naturalmente en el crecimiento integral de la iglesia y en la consecuente influencia benéfica del testimonio de la fe en la decadente sociedad de entonces.

La promesa que otrora fuera anunciada por el profeta Joel (Jl. 2:28 ss.) empezaba a dar visos de hermosa realidad, aunque mediaron un par de siglos hasta aquel día de Pentecostés.

El Dr. A.B. Simpson, fundador de la Alianza Cristiana y Misionera escribe al respecto: “Antes que pudiera cumplirse la promesa del Espíritu Santo, tendría que venir la dispensación del arrepentimiento, la humillación y de la oración fervorosa.” Luego, añade: “De igual modo sigue siendo el caso ahora, antes que una iglesia, o un conjunto de personas, puedan recibir las lluvias de bendiciones celestiales, deben humillarse delante de Dios; deben apartarse del pecado de las cosas mundanas y de la desobediencia; deben reconocer públicamente que es Dios quien les envía las bendiciones; deben inclinarse ante él, reconociendo que dependen de él. Entonces recibirán la misma generosa respuesta que Dios ordenó al profeta Joel que llevara a su pueblo: “Alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas…” (*)

Arrepentimiento, humillación y oración fervorosa, para disfrutar bendición. Así lo entendieron los primeros discípulos que vieron las maravillas de Dios en sus vidas y en su entorno. Así lo han entendido todos aquellos que han experimentado y experimentan el sublime regocijo de “andar en el Espíritu” (Gál.5:16). Así debe entenderlo todo aquel que anhele sinceramente cumplir la voluntad divina.

 

                                                                Rev. Julio C. Lugo 

 

 

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Junio 08 - Quiero Ser Adulto

 

"Señor, Tú eres nuestro Padre; nosotros somos el barro, y Tú el alfarero. Todos somos obra de tus manos." Isaías 64:8b


Los niños suelen darnos respuestas ingeniosas cuando menos lo esperamos. Una de ellas era la que recibía de uno mis hijos cada vez que le preguntaba ¿qué quieres ser cuando seas grande? "¡Quiero ser adulto!", me decía sonriendo. Yo por dentro me preguntaba: ¿entenderá lo que significa?, ¿seré yo un modelo de lo que él quiere?, ¿es ésa la clase de adulto que quiere ser?, ¿soy yo la clase de adulto que quiero que sea?

Una pregunta sencilla, una respuesta ingenua y una vida en formación. Un hijo que observa y un padre que quizá ni se da cuenta de cuánto puede ser admirado o descartado como modelo. Lo cierto es que ser padre es ser responsable por ambas cosas. Una responsabilidad desafiante que exige de nosotros recordar las palabras del profeta Isaías, reconociendo que somos barro que el Alfarero necesita moldear, conformándonos a Su imagen.

Un viejo proverbio dice que "todos los hombres estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde", y esta verdad incuestionable resulta determinante cuando observamos el producto acabado que cada vida representa.

El Padre Celestial es quien conoce cómo tratar y moldear el barro que se reconoce como tal, y todo hombre sensato que desee ser un buen padre tendrá que comenzar por reconocer esta gran verdad.

Esta es una buena forma de ser adulto.

   

Actividades

Julio 08 - Iniciativas de Amor

“Las últimas cifras, que revelan que la pobreza en el Perú pasó de 44,5% a 39,3% en el 2007, evidencian que no solo estamos por un buen rumbo económico sino por el más efectivo camino para la urgente respuesta social, más efectiva e inclusiva”1, comentaba el editorial de un importante diario local que semanas atrás celebraba también que, “según un estudio de Unicef y del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la mortalidad infantil se redujo a la mitad en una década (1996-2006), al disminuir de 43 a 21 muertes por mil nacidos.”2

Por ello debemos dar gracias a Dios y seguir orando y obrando, pues aunque sólo se refleje estadísticamente no cabe duda que se trata de un avance notable en medio de la cruenta lucha contra la pobreza y la mortinatalidad que nuestra nación viene librando desde que tenemos uso de razón.

La iglesia cristiana no debe abstraerse jamás de la realidad social en la cual se arraiga. Hacerlo sería incurrir en una triste contradicción, pues el mismo Cristo –que se levantó victorioso sobre la Cruz para salvarnos de la condenación espiritual– demanda de nosotros iniciativas de amor que bendigan a nuestros semejantes.

Esta particular coyuntura dentro de la cual se desenvuelve nuestra fe, colectiva y personalmente, nos exige sobremanera desarrollar una visión integral de la necesidad del ser humano; una que no pierda de vista la prioridad espiritual ni soslaye indolentemente sus carencias materiales. Una visión integral realmente sensible, que traduzca nuestro mensaje en un estilo de vida relevante en medio de tanta demagogia política y eclesiástica.

“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron.” (Mateo 25:35-36)

Rev. Julio César Lugo
cárcel, y me visitaron.” (Mateo 25:35-36)

(1)Diario “El Comercio”, Editorial, 28 de Mayo de 2008, p. a-4
(2)Diario “El Comercio”, Editorial, 01 de Mayo de 2008, p. a-4

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Agosto 08 - Compasión

Luego de haber instruido y desafiado a sus discípulos, el momento de bajar del Monte había llegado. Sí, hubiera sido hermoso que continuara disertando, pero Jesús sabía que debía bajar. Tenía una misión que cumplir.

Al pie del monte hay mucho por hacer. El Maestro comienza a descender. Leprosos, enfermos, endemoniados y moribundos se agolpan a su paso. Mientras su corazón
se agita, el día se agota y la necesidad se acrecienta.

La compasión es, sin duda, el sentimiento particular que describe el móvil del quehacer divino. Es la expresión visible de Su amor infinito para con el ser humano caído en desgracia, miserable, desvalido, sumido en la angustiosa desesperanza que produce el pecado.

Este sentimiento entrañable, que brota del mismo corazón de Dios, es el brazo que Él sigue extendiendo a través de los suyos para bendecir al quebrantado y hacer visible lo que muchos no ven, pero necesitan. Aunque hoy, al igual que entonces, faltan manos.

¿Podrá usar las tuyas?



Rev. Julio César Lugo

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Setiembre 08 - Indiferencia

Aquellos que saben lo que tienen que hacer y no lo hacen son la vívida expresión de la apatía indolente que castiga a la humanidad con su indiferencia y egoísmo. El poeta uruguayo Mario Benedetti decía por eso: “Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.”(*)

Mientras Jesús recorría las aldeas y los pueblos, predicando y sanando las dolencias de su gente, exhortó a los suyos esperando que sus discípulos se sintieran conmovidos y comprometidos con la tarea, como Él lo estaba. “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros”, les dijo. “Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo.” (Mt. 9:37-38 NVI)

“La indiferencia ante la muerte, se nutre de la propia indiferencia ante la vida”, decía Octavio Paz. Y la gente muere, viviendo sin Cristo. Mientras Él espera que los suyos dejen de ser indiferentes y hagan lo que tienen que hacer.

(*) “La Gente que me Gusta”, poema de Mario Benedetti.


Rev. Julio César Lugo

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Octubre 08 - Moral Mediática

Los recientes sucesos que concitaron la atención de la gran “teleaudiencia” limeña evocaron en mi mente la afirmación de Santiago: “Las palabras que decimos con nuestra lengua son como el fuego. Nuestra lengua tiene mucho poder para hacer el mal. Puede echar a perder toda nuestra vida, y hacer que nos quememos en el infierno.” (Santiago 3:5-6 BLS)

Indepedientemente de las razones, justificadas o no, quien puede negar que las motivaciones de una y otra parte están definitivamente influenciadas por esta suerte de “moral mediática” que pareciera prevalecer en nuestro entorno.

Los abanderados de la moralidad de la irrestricta libertad de expresión jamás se pondrán de acuerdo con los defensores del derecho a la privacidad inmoral. Reflexionar respecto al porqué no es un ejercicio vano, puesto que pone de manifiesto la carencia real de un punto de referencia absoluto, incluso dentro del marco legal humano.

Es entonces cuando se tornan aun más vigentes las afirmaciones del Apóstol. Detrás del verbo destructor y la actitud contenciosa hay una sabiduría “terrenal y diabólica” que contrasta sobremanera con la “sabiduría de lo alto”; que es “primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos” (Santiago 3:16-18 RVR).

Es cierto, “la lengua es un fuego, un mundo de maldad” (Santiago 1:6 RVR); y como dijera, irónica y contradictoriamente, George Sand: “No podemos arrancar una página del libro de nuestra vida, pero podemos tirar todo el libro al fuego.” Así es que, cuidemos nuestras palabras y nuestro estilo de vida, adecuándolas a la sabiduría de lo alto


Rev. Julio César Lugo

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Noviembre 08 - La Fe sin obras es muerta

"Tuve hambre, y formaron una comisión para considerar mi problema.
Estuve en la cárcel, y se retiraron en silencio a orar por mi libertad.
Estuve desnuda y reflexionaron sobre la inmoralidad de mi aspecto.
Estuve enferma y agradecieron de rodillas por su propia salud.
Necesitaba un techo, y me predicaron sobre el refugio del amor de Dios.
Estuve en soledad, y me abandonaron para ir a orar por mí.
Parecen tan santos, tan cerca de Dios…
Pero yo todavía sufro hambre, frío y soledad.” (*)


En una reciente encuesta realizada por Reuters en Europa y Estados Unidos entre el 30 de setiembre y el 2 de octubre, a propósito de la presente crisis financiera global, la mayoría de los 60 economistas expertos consultados señalaron que ésta se prolongará como mínimo entre seis meses y 1 año, mientras que casi la mitad de los encuestados opinó que continuará entre 1 y 2 años o posiblemente más.

No hace falta ser un experto en materia de economía global para darnos cuenta de la seriedad del asunto, especialmente en contextos como los nuestros donde los índices de extrema pobreza y desnutrición infantil son considerablemente elevados, y terminan incrementando incluso los casos de delincuencia, producto de la desesperación.

Estos son momentos en los que debemos recordar que, como dijera Santiago, “la fe sin obras, es muerta” (2:17). Al fin y al acabo, creo yo, él no hace sino rememorar las palabras del Maestro a sus discípulos: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:35-40

(*) Citado por John Stott, “La Fe Cristiana Frente a los
Desafíos Contemporáneos”, pag. 22



Rev. Julio César Lugo

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Diciembre 08 - No hay Sofisticación

Las formas que Dios tiene para mostrarse y darse a conocer a la humanidad son extraordinariamente sencillas y hermosas. No hay sofisticación ninguna. La voluntad divina sometida a la frágil ternura propia de un niño recién nacido es la clara expresión del Eterno Dios Omnipotente que busca ser amado por aquellos que le buscan con sinceridad.

Los pastores lo hallaron, sin complicaciones. Los magos que vinieron de Oriente también. Herodes en cambio no, aunque lo persiguió con ahínco. Y es que sólo el corazón conciente de Su gracia y misericordia sabe cómo encontrarlo, porque sigue la ruta de la humilde obediencia que conduce a Su encuentro y se deleita adorándole reconociendo Su divinidad. Dijo Dios, por medio del profeta: “Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón” (Jeremías 29:13).

Los tiempos cambian, pero la forma de llegar a Él sigue siendo la misma. Los años pasan, pero Jesús sigue anhelando ese encuentro amoroso en el que hallaremos la dicha de conocer al Salvador y disfrutar la verdadera paz que Él nos vino a traer. Y todo esto, de un modo extraordinariamente simple: acercándonos a Él con sincera humildad, en genuina obediencia.

Rev. Julio César Lugo

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Editoriales Año 2007

Relación de Editoriales Año 2007

Setiembre 07- Diria David...

 


Si te hablara de mi infancia, no podría evitar confundir mis pensamientos con el balido de las ovejas de mi padre, aquellas que cuidaba con diligente esmero. Sería imposible obviarlas.
Casi podría decirse que vivía entre ellas.

La supuesta monotonía de la quietud del campo no hizo que mis años mozos fuesen aburridos. Luchar contra las bestias salvajes que amenazaban el rebaño era suficiente diversión para un adolescente intrépido como yo.

Aunque disfrutaba los días componiendo canciones y letras sin fin, tampoco me hicieron desperdiciar el tiempo. Pude vencer a un gigante que me doblaba en tamaño y darles el triunfo a los ejércitos de mi pueblo, que vacilante ansiaba la victoria sobre una nación enemiga. Y llegué a ser rey.

Es algo irónico, pero era como seguir conduciendo un rebaño; más grande y complicado, por supuesto. Pero, tenía la experiencia básica. Al fin y al cabo, el ser humano es bastante parecido
a una oveja. Aunque para ser honesto, tuve que reconocer que yo era como ellos. Gobernante o no, un ser humano también. Una oveja, como las que antaño cuidaba, necesitado de un pastor que me guiara. .

Esto que aprendí mientras crecía y gobernaba, lo escribí sencillamente en estas líneas que todos conocen como el Salmo 23. Hoy lo pongo en tus manos, confiando que descubras el sentir de mis palabras y conozcas al Pastor en quien aprendí a confiar.

 

 

Editorial actual

Octubre 07 - Nada me faltará

 
 
 
 
 

El Salmo 23 es definitivamente un Canto de Esperanza, una declaración de confianza de alguien que ha encontrado el bienestar espiritual que toda alma anhela. ¿Por qué se le hace tan difícil al ser humano encontrar esta esperanza de la que habla David y disfrutar todo el bienestar que trae consigo? Sin duda alguna el sentido de autosuficiencia, tan fuertemente arraigado en el ser humano, es un gran obstáculo.

Decía el filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900): “La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre”. Expresión trágica que brotó del corazón de un hombre que proclamaba: “Dios ha muerto”, y fomentaba la idea de la creación del ‘superhombre’, uno que fuera capaz de crear nuevos valores morales que no lo esclavicen.

Lo dramático de esta concepción de la esperanza es ver cuán cerca se estuvo de ella, sin llegar a conocerla. Friedrich Nietzsche fue hijo de un pastor protestante, y aun cuando quedó huérfano de padre a la edad de 5 años, su madre continuó criándolo hasta que salió del hogar.

Nietzsche padeció toda su vida el flagelo de jaquecas constantes y a la edad de 45 años quedó sumido en una crisis nerviosa de la cual nunca se recuperó, hasta el día de su muerte.

Editorial actual

Diciembre 07 - AMAR

 

 

 

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